John Knox predicando, vitral en la Catedral St. Giles, Escocia.

Por Israel Guerrero*

¿Es verdad que las doctrinas reformadas apuntan solamente a un gran conocimiento intelectual de la verdad bíblica? No mi estimado lector, el Señor no sólo viene a iluminar nuestra mente, sino a transformar toda nuestra vida, lo que incluye nuestras experiencias y emociones. Experiencias y emociones que deben fluir al tener como única norma en asuntos de fe y conducta, la Palabra de Dios, es decir, la Biblia.

El corazón de la teología es la “doctrina o enseñanza de vivir para Dios”, como bien lo dijo William Ames (1576-1633) en su libro The Marrow of Theology: “¡Sí… la fe Reformada y Evangélica debe ser real en nuestras vidas! Las grandes doctrinas de la gracia no deben ser solo conceptos que iluminen nuestra mente, sino que deben ser realidades que enciendan los afectos de nuestro corazón”. No debo tener solamente un concepto  terrible del pecado al leer La Pecaminosidad del pecado (The sinfulness of sin) del puritano Ralph Venning, sino que debo experimentar el asco de mi pecado cuando siento envidia de mi hermano y luego murmuro de él, en vez de edificarlo en la fe. Al leer y estudiar la Palabra de Dios y otros libros teológicos sobre la gloriosa expiación y propiciación del Dios hecho hombre por mis pecados, debo experimentar la libertad de esta verdad: ¡Todos mis pecados fueron perdonados por Jesús! Porque hemos conocido La Verdad, esta Verdad nos debe hacer libres.

Las preciosas doctrinas reformadas deben sí o sí comenzar iluminando nuestras mentes o intelecto, para que de esta manera podamos glorificar a Dios correctamente. Toda la teología de los hombres del Seminario Princeton (Hodge, Wardfield, entre otros), los puritanos ingleses o de Nueva Inglaterra y la vieja escuela holandesa del siglo XVII, nos hablaban claramente de ser instruidos en la sana doctrina de manera intelectual, pero ellos también enfatizaban que esta doctrina debía ser vivida, o si no, no era una buena doctrina. De manera precisa el Dr. Martyn Lloyd Jones se refiere a esto como el experiential calvinism (calvinismo experimental). Amigos, si hay una supuesta “teología calvinista” que grita a voces que las doctrinas son un asunto meramente del intelecto, aquello no es calvinismo… ¡es un anticalvinismo!

Sigamos mirando la historia de todos aquellos reformados que leemos y citamos. Todos tenían un teología viva, o de manera más precisa, un evangelio vivo; una teología que les demandaba vivir en santidad: por algo eran despectivamente llamados, en un principio, puritanos, pues su teología reformada no sólo los liberó del legalismo, sino también del libertinaje. Era una teología que venía de las Escrituras y del fuego purificador del Espíritu Santo, por lo tanto iluminaba sus mentes y calentaba sus corazones con la unción del Pentecostés.

Por algo también los cristianos reformados escoceses eran llamados pactantes o covenanters, porque mantenían un pacto vivo no sólo con Dios para salvaguardar la religión pura, sino también como un  compromiso con sus compañeros, hermanos, amigos y otras iglesias reformadas, y no para “apuñalarlos por la espalda”. La mejor forma de matar la teología reformada se manifiesta cuando ésta se queda solamente en nuestras mentes y bibliotecas y no llega a nuestros corazones, afectos y voluntad; cuando se queda en meras excitaciones mentales y no va a las calles a ser predicada. Deformo mi teología cuando gasto más tiempo leyendo la Teología Sistemática de Berkhof (¡Muy buen libro!) que en oración y clamor de rodillas en la presencia de un Dios soberano. Matamos una preciosa doctrina cuando se queda en meros disparos teológicos virtuales y no contribuimos en nada en nuestras iglesias locales.

No mis amigos, no matemos una preciosa teología. No, no hay tiempo para eso. Es tiempo de vivirla. De seguir profundizando en ella y de experimentarla para glorificar de manera correcta y real al Trino Dios. ¡Gloria a Dios porque Él instruye nuestras mentes con ricas doctrinas bíblicas y teológicas! Pero recordemos que Dios no lo hace para que crezca nuestro orgullo, sino para transformar nuestras vidas y así vivir en humildad.

Finalmente, terminaré esta reflexión con lo que decía Anthony Burgess, un miembro de la Asamblea de Westminster. Al hablar sobre el conocimiento, él decía que un hombre puede adquirir un conocimiento sobre un país que no conoce al mirar un mapa. Pero el conocimiento de un mapa no se puede comparar con ir realmente a ese país, en escalar sus montañas, en nadar en sus ríos y caminar en las calles de sus pueblos. ¿Puedes reflexionar en eso? O mejor reflexionemos en el siguiente pasaje bíblico: Jesús no dijo ama al Señor tu Dios con toda tu mente solamente. Nuestro Señor Jesucristo dijo “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.” (Mateo 22:37)

Por último, ¿sabes por qué nuestra doctrina no debe ser una mera información intelectual? (insisto, no estoy menospreciando el conocimiento intelectual, al contrario, cada cristiano debe estudiar diligentemente la Biblia y también libros teológicos). Por el simple hecho de que si nos quedamos solamente con información intelectual, nuestra predicación será con demostración de sabiduría humana y palabras persuasivas. El fruto de esto será que expondremos la cruz de Cristo como algo vano (1º Corintios 1:17). ¿Eso es lo que queremos? Espero que no, porque el mismo capítulo uno  de Primera de Corintios nos enseña que Cristo es Poder y Sabiduría de Dios y no una mera sabiduría más. Pablo sabía que su predicación no era con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración de Espíritu y de poder “para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1º Corintios 2:5).

Estimado lector, ¿tu corazón arde por la Gloria de Dios?: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían (…) Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (Lucas 24:27-34)

Estamos vivos, pasamos de muerte a vida en la regeneración por el Poder del Espíritu Santo. Vive como alguien que realmente está vivo, que piensa, que reflexiona, que sigue una lógica, como alguien que se goza, que tiene afectos y que se deleita en la Gloria de Dios.

¡Gloria a Dios, Gloria a Dios, Gloria a Dios para siempre!

*Biólogo. Estudiante de Teología Reformada en la Academia Teológica Reformada de la Iglesia Presbiteriana en América, Chile, y preparándose para continuar ministerio pastoral en esa institución.

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Publicado originalmente en Desde la Palabra, blog personal del autor, 2014. Reproducido  y editado con  autorización.

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