Jonatan Henríquez Soto*

A nivel nacional, Chile está recibiendo en las aulas de las universidades a la cuarta o quinta generación de estudiantes de la educación superior. Para el pueblo pentecostal es, en muchos casos, la primera generación de creyentes que enfrentan la universidad, y en mi familia la situación no fue diferente. El pueblo “pente” nunca se ha caracterizado por ser de la élite, sino más bien por ser de los que pasan el día trabajando bajo el sol, orando en la mente y laburando con el cuerpo. Siendo nieto de un campesino por un lado y, por el otro, nieto de un estibador del puerto de Valparaíso, entendía bien el contraste que con mis primos y mi hermana empezábamos a producir en nuestra familia. Las presiones iniciales eran las de cualquier estudiante de clase media: sacar un buen puntaje, ingresar a lo que uno podía con el puntaje (y si Dios lo permitía, que fuera justo lo que uno quería), procurar no “echarse ramos” por el alto costo que significa estudiar en Chile, e ingresar a la vida profesional. Durante el paso por la universidad, uno se da cuenta que la providencia y la mano de Dios se encargan de todos estos desafíos, pero que hay otros que son mucho más interesantes. Esto es: ser fiel a Cristo, y responder con obediencia al amor que nos dio.

Ingresé a una universidad conocida por ser una escuela de ingenieros, donde me aguardaría un primer desafío: muy pronto mi fe se vio confrontada a un racionalismo y un escepticismo fundados en reduccionismos, generalizaciones, y también argumentaciones basadas en textos sacados de contexto (gracias a Dios, aún en ese momento recibí su Palabra). Se confrontaba la existencia de un Dios inmaterial, por medio del materialismo; mi círculo de cercanos en la U era gente que apelaba a lo empírico, pero rechazaban mis vivencias empíricas. Ante esto, ¿cómo podía reaccionar yo como pentecostal? Podía negar mi experiencia de fe, y creer ciegamente en lo que mis compañeros me decían, o cerrarme rotundamente a compartir con mis compañeros y someterme a vivir una fe que no está dispuesta a dialogar ni argumentar. Ambas partes carecían de lo que todo cristiano necesita para vivir en la universidad: amor a Dios, amor por los demás, y pensamiento crítico. Tomé un tercer camino: ser sal y luz en la universidad. Esto significó que no me alejé de mis compañeros, no cerré mis oídos a sus razonamientos; tampoco me desesperé cuando no supe qué responderles, ni me desesperé por “tener la razón”; cuando respondía, lo hacía con un clamor interno: “en tu nombre, Señor”. Significó que tuve que oír sus aflicciones, conocer sus carencias, darles a conocer lo que haría Cristo en sus situaciones, compartir almuerzos juntos, manifestar mi desacuerdo en ciertas situaciones pero, sobre todo, mostrarles a Jesús a través de lo que hacía (puede que tú, lector universitario, seas lo más cercano a Cristo que ellos vean en sus vidas). A través de esto, también le preguntaba a Dios los planteamientos que me hacían… ¡y Dios me respondía! A través de una conversación de pasillo, a través de su Palabra, o en la iluminación que te llega cuando te vas mirando por el vidrio de la micro el paisaje matutino. A veces la respuesta demoraba semanas en llegar, pero Dios sabe que llegaba en el momento necesario.

Mi caminar en la U, definitivamente no hubiese sido posible por mis medios. Creo y confío en que Dios ha estado ahí; dentro y fuera de mi corazón. Por mucho tiempo pensaba que sólo estaba en mi corazón, y me costaba creer que un espacio de tanto escepticismo, la fe pudiera germinar, hasta que en el segundo semestre del segundo año de mi carrera (2011), tuve la oportunidad de conocer el Grupo Bíblico Universitario de Chile (GBUCh). Mi segundo desafío, provendría desde la misma fe: mi primera reacción ante el GBU fue de desconfianza. “Si ya tengo una iglesia, ¿para qué quiero otra?”. La respuesta a esa pregunta vino cuando comprendí que GBU no es una iglesia, sino que sus integrantes, el pueblo cristiano en general, somos la iglesia; GBU fue donde pude entender que el Cristo al que los pentecostales damos tres (y no más de tres) glorias a Dios, es el mismo Cristo al que bautistas, anglicanos, los “sin-nombre”, etc, buscaban y servían de todo corazón. Tuve que dejar el orgullo congregacional de lado, y entender un mandamiento antiguo: “ámense, como yo los he amado” (Juan 13:34). Muchas de las dudas que le expuse a Dios fueron contestadas en la persona de un hermano. Esto significó para mí expandir mi concepto de “Reino de Dios”, “Pueblo de Dios”, y también re-descubrir otros conceptos como “amistad”, “compañerismo”, y “familia”. En GBU cuestioné también lo que yo pensaba sobre el Evangelio, y me di cuenta de que había cosas que por años no había entendido bien. En este sentido, la Universidad fue el campo en el que mi fe creció, y en la que fue desafiada a asumir compromisos prácticos con mi iglesia local, porque todo aquello que veía que era bueno, yo me proponía aplicarlo en mi vida eclesiástica.Sea GBU, o un grupo de amigos cristianos, necesitamos una comunidad en la universidad. Es en el convivir con compañeros de fe que uno es instruido, reprendido, exhortado, e incluso es reconvenido del error a través de la Escritura. Si aún Jesús se hizo acompañar por gente cuando hizo su ministerio, ¿qué nos hace pensar que nosotros sí podemos andar solos?

Termino con las siguientes palabras: ya en el término de mi carrera universitaria, puedo decir que soy enemigo acérrimo del concepto “la universidad mata la fe”, porque he comprendido que una fe genuina es edificada con poder por el Maestro y por eso, la universidad no puede matar aquello a lo que Dios da vida; y por otro lado, la universidad tampoco puede matar una fe que ya viene muerta. Entonces, se hace necesario reflexionar en el estado de nuestra fe, y cómo queremos edificarla; una fe verdadera y viva, estará abierta a ser examinada y escudriñada. Una fe muerta, buscará la oscuridad, y un lugar en el cual permanecer inerte. ¿Cuál será la fe que proviene de Cristo? ¿Cuál es la que estamos viviendo hoy?

*Miembro de la Iglesia Misión Evangélica Nacional, presidente de la Directiva Nacional Estudiantil del Grupo Bíblico Universitario de Chile (GBU) y estudiante de Ingeniería Civil Industrial en la Universidad Técnica Federico Santa María, Valparaíso.

2 COMENTARIOS

  1. Excelente, es mi experiencia de vida también. “Para el creyente, el saber no te aleja de Dios te hace mas cercano al creador”, Yo también tuve que dejar ese orgullo congregacional y al juntarme con los hermanos GBU, entendí en parte que significa el cuerpo de Cristo, la Iglesia.
    Ahora al pasar los años entiendo el proposito de Dios al enviarme a estudiar esa carrera, en esa universidad y en ese tiempo
    Gracias, por este articulo

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