Fotografía de la celebración de los 50 años de la Revolución de Octubre, Moscú, Unión Soviética, 1967. Tomada del sitio: https://www.vintag.es/2013/11/wonderful-colour-photos-of-50th.html

Nota introductoria

Es sabido que en la Rusia soviética, los grupos religiosos sufrieron persecución estatal. Entre ellos también había pentecostales. Si bien es poco lo que se conoce sobre el pentecostalismo eslavo en Occidente, en 1979 ya habían realizado un congreso a las afueras de Moscú en el cual pretendían coordinar una solicitud de libertad de culto y derecho a la emigración al estado soviético. En este mismo año y bajo el influjo de este ambiente de búsqueda de libertad, los pentecostales Alexei e Irina Zalesskiye escribieron una carta pública a las autoridades soviéticas como modo de protesta ante la represión sufrida por grupos religiosos y civiles.

La carta no tenía por fin ir contra el Estado soviético ni contra el sistema socialista. Sin embargo, es clara en su propósito de puntualizar la posición por la libertad de culto y los derechos humanos. Además, cabe destacar que dadas las condiciones de persecución, había un espíritu de solidaridad entre los distintos cristianos: pentecostales, ortodoxos, católicos. Desafortunadamente, en español contamos solamente con un extracto del documento, el cual es reproducido íntegramente.

La información de esta nota y el documento mismo han sido tomados del libro URSS: ¿Reencuentro con Dios? Reportaje a una realidad desconocida, escrito por la periodista Gisela Silva Encina y publicado en Santiago de Chile el año 1985 por la editorial Andrés Bello, pags. 76-77.

LAK

 

Carta Pública – Fragmento

“Debemos declarar, con franqueza y decisión, que nos negamos en forma categórica a someternos a ninguna ley, norma o exigencia que contradiga nuestra conciencia de cristianos, cualesquiera que sean las medidas represivas, jurídicas o administrativas con las que se nos amenace.

Nuestra respuesta a las autoridades, después del arresto de numerosas personalidades religiosas y laicas que luchan por los derechos del hombre, debe ser firme y sin ambigüedades: no esperéis, mediante arrestos y persecuciones, obtener de nosotros el resultado previsto. Vuestro fin es destruir el movimiento religioso y el movimiento en pro de los derechos humanos: no lograréis sino reforzarlo. Por cada militante, religioso o laico, detenido o despedido de su trabajo, se levantarán docenas de reemplazantes. Detened a esas decenas y se levantarán centenares. Detened a esos centenares y llegarán a ser millares (…). La causa de la libertad continuará, cualquiera sea el precio que haya que pagar. Habéis querido en el pasado –derribando nuestros templos y apresando a nuestros sacerdotes- destruir la religión, pero ella ha resucitado como Cristo en la cruz. La historia se repite. No nos quebrantaréis, como no lo lograron las autoridades de Roma, hace dos mil años, porque en la sangre de los mártires está la semilla de la Iglesia”.

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