Por Tatiana Guerrero Diaz*

Hablar de feminismo al interior de nuestras congregaciones, no es un tema fácil ya que al igual que en la sociedad secular, las visiones se han radicalizado con evidentes posturas políticas y no tenemos desde el púlpito todas las respuestas para saber si el feminismo es algo bueno o algo malo.  Por lo tanto, en cuanto el pastorado y los líderes cristianos no adquieran las herramientas para dialogar sobre este fenómeno social, y no eduquemos a los feligreses, le seguiremos temiendo a lo desconocido e incomprensible, pensando que es alguna especie de manifestación escatológica, cuando no necesariamente lo es.

El 8 de Marzo es una conmemoración y no una celebración, se recuerda a las mujeres trabajadoras que en 1857 fueron asesinadas; 120 mujeres que marcharon por la mejora en sus derechos como trabajadoras. En memoria de ellas, la ONU decretó ese día como el día internacional de la mujer. Entonces bien, como es un día para conmemorar (recordar lo malo que sucedió para que nunca más nos suceda) y no para celebrar, probablemente hemos errado en las formas en que cada año trabajamos mucho por regalarles flores o cualquier detallito de amor, a nuestras hermanas y felicitarles por su día, en vez de generar espacios de reflexión y valoración por todo el trabajo que realizan las mujeres de nuestras familias e iglesias (reflexionar no excluye el poder regalonearlas también).

Cabe destacar que en esto hay que entender el sentido epocal de cada momento. Por ejemplo, este sentido de luto y no de celebración a las mujeres que crecimos siendo homenajeadas por ser mujer en nuestras iglesias, no nos queda muy claro por qué hoy sería algo malo que nos celebren y nos extrañamos cuando las congéneres más jóvenes y con otra forma de adoctrinamiento social, se enojan mucho cuando les dicen “feliz día de la mujer” o les regalan una flor. Por esto, el presente escrito esta dirigido a explicar qué son estos movimientos sociales y cómo podemos comprender mejor estos conceptos feministas, que nos parecen tan ajenos y que por desconocimiento nos provocan el más absoluto repudio, olvidando que entre las 190.000 personas que marcharon sólo en Santiago el #8M,  también había hermanas nuestras que requieren orientación en sus congregaciones y comprensión en sus legítimas demandas sociales, demandas que la Biblia no sólo respalda, sino que también en su correcta comprensión las defiende. Múltiples son los ejemplos bíblicos en que las mujeres sustentaron la obra del Señor económicamente, sustentaron sus hogares, fueron buenas negociantes, etc.

¿Que es el feminismo y cuál es la gran diferencia con el hembrismo?

En lo definido por la Universidad Libre de Berlín, “el feminismo es un conjunto de teorías sociales y de prácticas políticas en abierta oposición a concepciones del mundo que excluyen la experiencia femenina de su horizonte epistemológico y político. El feminismo revela y critica la desigualdad entre los sexos y entre los géneros a la vez que reclama y promueve los derechos e intereses de las mujeres”. Ya explicado esto, la primera idea y la más importante de todas,  es comprender que no existe el feminismo como pensamiento doctrinario único, sino que son muchos los feminismos con sus diversas concepciones ideológicas y políticas como sustento.

Existen cuatro períodos u olas de teorización del feminismo:

Primera Ola finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX donde la lucha principal era por acceder al poder del conocimiento y lograr igualdad en el acceso a la educación, al trabajo y en el derecho a la igualdad política. Este feminismo, definido en los principios de la ilustración, valora las diferencias entre lo femenino y masculino y el valor de la familia como base de la sociedad. Por ejemplo Mary Wollstonecraft decía: “No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”, otras autoras de esta época son: Poullain de Barre, Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft.

La segunda Ola, también denominada feminismo sufragista, que se desarrolla en la segunda etapa del siglo XIX y gran parte del Siglo XX, plantea la diferencia entre el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia; el primero influenciado por el marxismo y su expresión materialista de las necesidades de las personas, y el segundo que busca el término de la opresión social resaltando las diferencias como elemento positivo. En esta etapa, la aparición de métodos de control natal, otorgó la libertad de decidir sobre sus derechos reproductivos. Emmeline Pankhurst logró el voto femenino planteando que “Si la civilización estriba en progresar hacia el futuro, ha de ser a través de la ayuda de las mujeres liberadas de sus grilletes políticos, mujeres con plenos poderes para ejercer su voluntad en el seno de la sociedad”. Autoras como Simone de Beauvoir, entre otras, son primordiales para entender el sentido de la lucha feminista en la reivindación de derechos sociales.

El tercer periodo del feminismo, vivido en la transición del siglo XX al Siglo XXI, postula la igualdad en todos los estamentos sociales e identifica al “Patriarcado” como el responsable de la opresión histórica sobre las mujeres y sobre cuanto han debido luchar por derechos que  debieran ser connaturales, “Las mujeres tenemos aún mucho que pensar y dar que pensar para salir del lugar del no-reconocimiento, de la no-reciprocidad, por tanto, de la violencia” (Celia Amorós).  Betty Friedan expresaba que “A lo mejor el siguiente paso es que si la mujer tiene las mismas carreras y ganancias, y la diferencia está en los años fértiles, tendremos que ir a una reestructuración del pensamiento en lo que tiene que ver con los cuidados familiares, compartir las responsabilidades familiares”. Me parecen muy interesantes planteamientos como el de Iris Young, quien no estigmatiza a las féminas sólo como un grupo oprimido, sino que amplía la mirada contextualizando las problemáticas sociales según la temporalidad de sus procesos históricos. Explica que la opresión tiene muchas caras tales como la explotación, la carencia de poder, el imperialismo cultural, violencia, “A pesar de que algunos grupos se han formado a partir de la opresión, y de que las relaciones de privilegio y opresión estructuran las interacciones entre numerosos grupos, la diferenciación de grupos no es en sí misma opresiva. No todos los grupos son oprimidos”.

El cuarto periodo del feminismo es un proceso en construcción que en palabras de Zygmunt Bauman se podría definir como la perfecta expresión de la modernidad líquida: “La cultura de la modernidad líquida ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir”. Estas expresiones del feminismo son con las que más tenemos dificultades en su comprensión, producto del machismo existente en las formas culturales de nosotros los evangélicos. Este es el feminismo que nos atemoriza en  la forma en que expresa sus ideas de forma violenta y con performances que en nuestra comprensión cultural atentan contra “la moral y las buenas costumbres”. Pero no debemos mirarlo con miedo y a partir de estas expresiones satanizar al feminismo; más bien separemos al feminismo del hembrismo radical en este proceso.

El feminismo de la cuarta ola busca la deconstrucción de los procesos sociales que han dañado a las mujeres a través de la historia dejando de ser “una buena chica”, por lo tanto, plantea conceptos como la sororidad, que es un llamado a la solidaridad y la hermandad de lo femenino. Aquí también nacen los conceptos de transfeminismos, que incluyen a las que socialmente se sienten mujeres pero que no lo son en condición biológica. Son conscientes de la lucha de las tres olas anteriores del feminismo y de los derechos conquistados a través de la historia, por lo tanto no buscan conquistar, sino consolidar y visibilizar las luchas de sus predecesoras a través de las luchas individuales desde las redes sociales y colectivas desde las distintas agrupaciones.

Esta ola feminista se reconoce en un estado de guerra en contra el patriarcado opresor, pero explica que las formas de luchar van a depender de lo que cada mujer sienta que le represente. Existen autoras más radicales como Rita Segato que sostienen que “los crímenes del patriarcado expresan las formas contemporáneas del poder, el arbitrio sobre la vida de los dueños, así como una conquistualidad violadora y expropiadora permanente” y también se encuentran autoras con un discurso más conciliador tales como Patricia Hill quienes hablan de la importancia de las interseccionalidades, es decir, de los espacios de encuentro comunes en donde el foco no es preocuparse por lo que nos separa sino cómo mejoramos lo que nos une. El llamado para ver el feminismo de la cuarta ola es simplemente atender a lo que dice el apóstol Pablo a los Tesalonicenses “escudriñadlo todo, retener lo bueno”.

Son alarmantes las cifras de mujeres muertas en manos de sus parejas, y estudios han demostrado que la enseñanza religiosa equivocada, justifica la violencia contra las mujeres si se repite por ejemplo, sin entender los contextos hermenéuticos, de las palabras del apóstol Pablo “esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor”.  la matanza de mujeres que son consideradas como propiedad y no como personas, tendría entonces para quien no ha recibido “sana doctrina” una justificación y aval bíblico, lo que se convierte no sólo en un argumento peligroso sino también en cómplice de homicidios y violaciones (véase como ejemplo lo que narra Rita Segato de los homicidios en  las comunidades evangélicas en Brasil). Por lo tanto, la lucha por defender la seguridad de las mujeres maltratadas, violadas y asesinadas no es una tarea sólo del feminismo, sino una labor del buen cristiano de quien se espera que cumpla con  que “la verdadera instrucción estaba en su boca, y no se hallaba iniquidad en sus labios; en paz y rectitud caminaba conmigo, y apartaba a muchos de la iniquidad” (Malaquías 2:6).

 La tarea de cuidar a las mujeres debiera ser parte de la responsabilidad social de nuestras congregaciones que deben generar un esfuerzo por explicar de mejor modo a las generaciones antiguas y a las que vienen “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). Y no sólo educar a los maridos, sino a todos en respeto y equidad, para que nunca más un evangélico justifique en la Biblia el  golpear o matar a su pareja.

Feminismo es luchar contra la opresión de un patriarcado que viola, mata y destruye la dignidad de las mujeres en la equidad educacional o salarial, posibilidad de acceder a cargos eclesiales, etc.  Esto no es destruir a los hombres sólo por existir o a otras mujeres por pensar distinto y escoger una vida más conservadora;  eso es hembrismo y si bien he concientizado que  el apelativo de “feminazis” no es prudente utilizarlo ya que en estricto rigor aunque se desnuden en la calle, se tiñan la cara con menstruación o defiendan a ultranza el aborto libre, su nivel de violencia todavía  no es comparable con el holocausto de Hitler, usar este apelativo lleva a “apagar incendios con bencina” y no contribuye a dialogar o enseñar lo que es en realidad el feminismo, más bien nos hace caer en odiosas estigmatizaciones. Propongo diferenciar entre las mujeres feministas cuya lucha histórica se enmarca dentro de nuestros cánones morales y las hembristas radicalizadas, quienes ven el mundo desde una posición valórica opuesta y con formas que no compartimos, pero que a su mensaje de fondo de “no más mujeres muertas o violadas” no hay que desatender. Respecto a la foto de este artículo, podemos disentir de la forma de expresión. De hecho, yo no comparto el manifestarse de este modo, pero el mensaje de: “no importa si tiene ropa o no, nada justifica acceder al cuerpo de otra persona sin permiso” es muy poderoso y es la lucha real, por eso me pareció importante resaltarlo.

No comparto las expresiones que no dignifiquen al ser humano, por lo tanto me adhiero al feminismo de la diferencia  que respeta a todos los tipos de mujeres y lucha por todas. Está bien querer ser profesional y dedicarse sólo a eso, está bien decidir no tener hijos o decidir tener muchos hijos y no usar métodos de anticoncepción por razones religiosas. Está bien querer ser una mujer que trabaje domésticamente en su casa y está igual de bien que salga a buscar el sustento fuera de su hogar. No hay una sola regla para cumplir el rol de mujer de forma correcta, la regla debiese ser que respetemos las opciones de vida de cada mujer, pero que por sobre todo puedan tener la libertad de decidir qué es lo que quieren de sus vidas.

Feminismo no es declarar que se debe “dar muerte al macho” o destruir lo masculino aunque sea una declaración simbólica (en mi mirada declarar muerte a lo que sea, es una frase que incita al odio) eso es hembrismo. Feminismo no es manifestarse con violencia y acribillar las voluntades y las expresiones de fe de otras personas, feminismo no es teñirse la cara con menstruación o hacer gala de los genitales. Eso desde mi perspectiva, no es feminismo sino una manipulación del patriarcado que tanto dicen querer destruir; ya que lo potencian con la reproducción de estigmas; es decir, el machismo violento que quieren destruir, lo aniquilan con hembrismo igual o más violento. Es entonces que en el saber colectivo con sus actos violentos justifican la  existencia del patriarcado y nos hacen más difícil la lucha a las que creemos en un feminismo práctico que construya una mejor sociedad, una sociedad de respeto y valoración a las diferencias, no una sociedad que para validar a las mujereas deba destruir a los hombres. Como dice Bell Hooks: “es evidente que al no crear un discurso feminista positivo sobre el amor, especialmente en relación con la heterosexualidad, permitimos que los medios de comunicación de masas patriarcales representaran a la totalidad del movimiento feminista como un movimiento político basado en el odio en vez de en el amor”.

El presente artículo no da respuesta a las múltiples interrogantes que surgen de estos movimientos sociales. Su propósito es que genere más dudas y que permita al lector a buscar las respuestas al interior de sus comunidades eclesiales, dentro de sus familias y en todos los espacios que puedan habilitar para discutir este tema, del cual debemos hacernos cargo los evangélicos en Chile.

Finalmente, le invito a reflexionar sobre el gran daño emocional y espiritual que lleva a una mujer a expresarse con tanta violencia y radicalidad. Por esto, mi llamado es a poner en práctica lo escrito en I de Pedro 4:8 “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados”. Oremos por las hembristas radicalizadas, para que el Dios de amor restaure sus vidas y eduquemos a nuestras niñas en respeto y equidad para que cuando crezcan sean reflejo del amor y la justicia de Dios y no se vuelvan radicalizadas como respuesta a la violencia simbólica que recibieron de su crianza familiar y eclesial. Pero, principalmente eduquemos a los varones para que nunca, y por ninguna circunstancia, violenten a las mujeres ni en lo emocional, ni en lo físico, ni en lo eclesial.

*Investigadora asociada al Centro de Estudios Latinoamericanos de Educación Inclusiva CELEI; Jefe de Carrera Pedagogía en Educación Religiosa con mención Teología Protestante Universidad SEK, coordinadora de Innovación Curricular Universidad Bernardo O’Higgins.

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Referencias:

 

1 COMENTARIO

  1. Me alegra que se este promoviendo discusiones de esta y otra indole. Es un gran avance para nuestra iglesia y creo que llevara a un buen puerto. Espero que sigan con este enfoque y poder siempre hacer y pensar conforme a la palabra de Dios. Dios les bendiga mucho.

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