Por César Moisés Carvalho*

¿Quieres saber cómo un pentecostal, sin darse cuenta, se puede transformar en un neocalvinista y luego en cesacionista, dejando de creer en: 1) el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en lenguas, 2) la vigencia de los dones y 3) los milagros?

1) El pentecostal, generalmente el joven, con razón, se decepciona con la manipulación inescrupulosa de algunos predicadores. Desde su período en la enseñanza media e inclusive en su período universitario, hambriento de conocimiento, no se satisface oyendo a quien dirige su congregación y, por lo tanto, busca conocimiento teológico;

2) Cansados de predicaciones desprovistas no solamente de fundamento bíblico, sino que inclusive de sentido, siendo muchos de ellos aspirantes al ministerio, esos jóvenes pasan a escuchar a exponentes reformados y se encantan con el sermón expositivo y también se convierten en lectores de obras neocalvinistas;

3) Dado que la producción textual pentecostal, en lengua portuguesa, es de naturaleza más devocional y, cuando es teológica, se centra mayoritariamente en la escatología, la Pneumatología de estos jóvenes pasa a ser moldeada por la perspectiva reformada que, como todos saben, es cesacionista;

4) Una vez que se hacen admiradores de los exponentes reformados, estos jóvenes propensos a la manipulación que algunos hacen en nombre del pentecostalismo, son convencidos de que no hay experiencias genuinas y que ellas no pueden ser verdaderas ni actuales, pues no tienen respaldo bíblico. Aunque la Palabra de Dios afirme claramente la vivencia y actualidad de los dones, ellos ya están decepcionados y “seguros” de que no hay fundamento bíblico para la fe pentecostal.

A pesar de que los expositores reformados reconocen que existen pastores sinceros en el Movimiento Pentecostal, reconocen también que estos últimos no utilizan “métodos científicos” de interpretación de la Biblia. Como el pentecostalismo es una expresión de fe cristiana que utiliza más la oralidad, los teólogos pentecostales, inclusive los sinceros, son vistos como incapacitados por los jóvenes que ya fueron convencidos de que un “teólogo pentecostal no sabe interpretar la Biblia”.

5) Considerando la frecuencia cada vez mayor de la migración de los jóvenes hacia iglesias y/o movimientos reformados, y también decepcionados con algunos manipuladores en nuestro medio, muchos líderes adoptan una postura peligrosa: invitan a expositores reformados para hablarle a los jóvenes en sus iglesias, sin saber que de esa forma “legitiman” el preconcepto adoptado por los teólogos neocalvinistas acerca del pentecostalismo;

6) Atado a este hecho, tenemos a predicadores pentecostales que, en el afán de no ser confundidos con los manipuladores, pasan a combatir la decadencia y los errores cometidos en nombre del pentecostalismo, con críticas provenientes de la lectura de autores cesacionistas, reforzando el discurso de que los exponentes reformados tienen razón con sus argumentos acerca del hecho de que el pentecostalismo no es una expresión legítima de fe;

7) Ellos no perciben que, actuando de esta forma, inconscientemente están aceptando el hecho de que la teología reformada está siendo instaurada como la norma –o padrón– para averiguar lo que es o no correcto, ortodoxo y bíblico. Siendo que dicha teología se basa en un período específico de la historia –siglo XVII– en el que todo tenía que ser probado matemática y racionalmente (inclusive en la época en el que el deísmo era la posición de muchos científicos cristianos, como Isaac Newton, por ejemplo), esta no contempla la posibilidad de intervención divina ni de la continuidad de los dones y de los milagros. Es importante notar que no se trata de las doctrinas maestras del cristianismo, puesto que estas no son propiedad de ninguna expresión particular de fe o de denominación alguna, sino que pertenecen a la religión cristiana y, por esto mismo, definen quién de hecho puede ser o no clasificado como cristiano.

8) Las editoriales de línea tradicional que ya contaban con un amplio catálogo, terminan también “ayudadas” por otras, no reformadas, que al avalar una obra y darse cuenta de que esta no trata de soteriología, publican libros de autores cesacionistas, volviéndose más “populares” entre los pentecostales. Esto se da por el hecho de que los propios editores, sin darse cuenta, fueron convencidos de que solamente los exponentes reformados escriben y producen teología.
“El pentecostal no escribe, sino que solo predica”, fue la idea que se propagó. Sin embargo, aunque infinitamente menor, la producción textual de los teólogos pentecostales en el mundo es abundante y sigue una tendencia diferente de la teología reformada (algo que lamentablemente tomó tiempo para ser percibido en Brasil);

9) Grandes eventos, que se iniciaron con un propósito –defender la fe cristiana– y eran dirigidos por pentecostales, se volvieron mayoritariamente dirigidos por expositores reformados. Estos, que siempre estuvieron acostumbrados a hablar para unas pocas decenas de personas en sus iglesias, ahora, con mucha retórica y habilidad, reciben todos los años un público laico con millones de personas, formado abundantemente por pentecostales, que salieron convencidos de que realmente todo –en el “mundo evangélico”, léase, Pentecostal– no pasa de la banalización, y que el cristianismo genuino es el neocalvinista/cesacionista, es decir, la denominación cristiana de donde estos exponentes son originarios.

¿Cómo pueden ellos hacer eso? Tomando el todo por la parte, es decir, dando los peores ejemplos de cosas que suceden en cualquier lugar en nombre del pentecostalismo. Dado que nadie en sana conciencia concuerda con tal decadencia, se pone todo en el mismo saco, y entonces, se mezcla lo que es genuino con lo que nunca fue, no es, y nunca será pentecostalismo.

10) Finalmente, un dato que merece mucha atención: pentecostales que sucumbieron al cesacionismo, no apenas a través de la literatura reformada, sino que también fueron a estudiar en instituciones reformadas, volviéndose declarada o disfrazadamente (estos son un número infinitamente mayor en nuestras iglesias) neocalvinistas, siendo ahora racionales, se unen a los exponentes que se burlan de nuestra fe pentecostal y están dentro de nuestras iglesias haciendo discursos proselitistas bajo la excusa de que necesitamos corregir los excesos, las manipulaciones, la banalización de lo sagrado y un llamado a la madurez, vaciando así al pentecostalismo de sus propias características, es decir, apuntando hacia la despentecostalización del movimiento. Así, no solamente se tiene la amenaza exterior, sino que también la militancia de dentro, presionando a la iglesia para que ella sucumba ante el cesacionismo.

*Pastor y teólogo pentecostal brasileño. Autor del libro Pentecostalismo y posmodernidad.

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Originalmente publicado en la página de facebook del pastor Carvalho, 2019. Traducido con autorización. Traducción de Hugo Zuñiga Quijada.

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