Por Rubén Leiva Cordero*

El pentecostalismo ha sido el movimiento que sacudió al cristianismo mundial durante el siglo XX, y aunque ya han pasado 100 años desde que el movimiento naciese como un gran avivamiento en distintos países en todo el mundo, la necesidad de contemplar y vincularse con los vertiginosos cambios del siglo XXI convoca a: “aquella fuerza renovadora del movimiento” (Álvarez, 2009, pág. 9) que ha podido ser reconocida en la sociedad. El nuevo siglo llama al pentecostalismo a elaborar nuevas propuestas y una revisión sobre su esencia misma, y parte de ello es lo que deseo abordar en este artículo, pues los grandes desafíos involucran cambios que deben ser significativos a la comunidad y la sociedad en la cual se encuentra inserto el pentecostal.

En primer lugar, entre los desafíos que supone uno de los talones de Aquiles en el movimiento pentecostal, se encuentra el dilema con la formación teológica. Este primer desafío considera inmediatamente abordar la brecha de preparación ministerial que mantienen pastores y líderes pentecostales en América Latina (En Chile se manifestó una diferencia del pentecostalismo endógeno con las distintas instituciones educativas teológicas a comienzos del movimiento en 1909 y los movimientos exógenos que llegaron en la época de los 50). Bajo esta misma idea, es necesario destacar al fallecido pastor y maestro Pablo Hoff, quien fuera uno de los pioneros en abordar en Chile la problemática de la educación pentecostal. Entre las motivaciones que llevaron al Pastor (Hoff, 2005, pág. 11) es posible destacar parte de sus declaraciones en su libro de teología evangélica y la idea que muchos hermanos manifestaban hacia la educación teológica: “ [El pastor cita un ejemplo]’Lo que me interesa es la vida práctica del cristiano. Basta con leer mi Biblia’. Esta es la actitud de muchos creyentes y aun de líderes cristianos. El problema con este modo de pensar es su propensión a aceptar distorsiones de doctrina e inconscientemente sustituir las enseñanzas bíblicas con tradiciones eclesiásticas.” Con esto quiero destacar que el aporte de sus textos a distintas instituciones de formación pentecostal, fueron los primeros aportes que entregaron herramientas a pastores y ministros en aquellos años, buscando reducir la brecha de formación pentecostal y la resistencia al concepto de “la letra mata”, tan popular en el pentecostalismo criollo en Chile.

Continuando lo anterior, y retomando la idea de los grandes desafíos que enfrenta el pentecostalismo en la educación del siglo XXI, es necesario tener presente que hoy necesitamos más hombres y mujeres con la visión de pastores como Pablo Hoff, que urjan a las comunidades pentecostales a la entrega de una formación sólida y actualizada permitiendo a las nuevas generaciones de creyentes, mantener una identidad pentecostal clara y actualizada respecto a lo que acontece en la sociedad.

En segundo lugar, la educación pentecostal no debe estar ajena del rol del Espíritu Santo en los procesos de enseñanza y aprendizaje (Fundamento del pentecostalismo) pues, efectivamente, uno de los prejuicios que existen hacia la educación teológica por parte de grupos pentecostales, es el cese de la experiencia pentecostal frente a una preparación teológica. Para responder a aquello, la experiencia pentecostal para el siglo XXI por medio de la manifestación del Espíritu Santo en cada creyente  debe considerar en parte los principios que B. Zuck (B. Zuck, 2001, págs. 91-92) presenta respecto a una enseñanza pentecostal vinculante en la vida cotidiana de cada creyente, y que se presentan a continuación:

  1. El Espíritu procura que los educandos se den cuenta de sus necesidades
  2. El Espíritu procura conducir a los alumnos a Cristo y a su Palabra
  3. El Espíritu Santo procura utilizar a maestros para guiar a los alumnos
  4. El Espíritu Santo busca dar orientación espiritual a las tendencias e impulsos motores de la naturaleza humana
  5. El Espíritu Santo también otorga a los maestros cristianos, durante la preparación de sus lecciones, la intuición necesaria para percibir las necesidades de sus alumnos

Continuando lo anterior, considero que estos principios pueden contribuir a la enseñanza y aprendizaje del creyente pentecostal, y pueden establecer bases que permitan una apertura del pentecostalismo hacia el ámbito educativo de tal manera que se ofrezcan nuevos horizontes por explorar por parte de creyentes pentecostales.

En tercer lugar, quiero continuar la idea de la apertura del pentecostalismo y llevarlo a hacer teología, desafío que hoy tienen pendientes pastores y líderes en toda América Latina. Es una gran tarea entrar a las salas de clases con una motivación clara de entender y comprender en profundidad que, desde la mirada pentecostal, si es posible hacer teología.

Hacer una teología pentecostal que abarque la validez de la Escritura en tiempos de una sociedad posmoderna (que inevitablemente cuestiona el concepto de identidad en todos los niveles de la sociedad) debe ser una oportunidad para trabajar la identidad pentecostal como lo señala Gustavo Robles[1], ante lo cual, quisiera citar parte de uno de sus libros (Robles Cid, 2014, pág. 13)  que habla sobre el valor de la Escritura, y por consiguiente como aquello puede ayudar al pentecostalismo a valorar su misma identidad. El señala lo siguiente: “No veamos la posmodernidad como un enemigo al que hay que resistir a toda costa, más bien, observemos la oportunidad que tenemos de anunciar la única verdad, no solo con palabras sino con realidad de vida”. Al estudiar las Escrituras seriamente y valorarlas en la actual sociedad, es posible señalar que el pentecostalismo puede ofrecer un ejercicio teológico, abierto y dispuesto a vincularse en una sociedad que le necesita, madurando y creciendo con una identidad clara, buscando ser el reflejo de Cristo.

*Licenciado en educación, Universidad Playa Ancha. Magister en Pedagogía para la Educación Superior, Universidad Santo Tomás. Bachiller en teología del Centro de estudios teológicos de las Asambleas de Dios. Ejerciendo actualmente un pastorado juvenil en las asambleas de Dios del Mirador de Reñaca.

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Referencias

Álvarez, C. (2009). Voces latinoamericanas del pentecostalismo II. Hualpén: RELEP.

B. Zuck, R. (2001). Poder espiritual en la enseñanza. México: SP Publications Inc.

Hoff, P. (2005). Teología evangélica. Miami, Florida: Vida.

Robles Cid, G. (2014). Conversatorios y ensayos. Santiago, Chile: Centro de Estudios Teológicos, Las Asambleas de Dios de Chile.


[1] El Pastor y Director del Centro de Estudios Teológicos de Las Asambleas de Dios de Chile en Santiago, expone en uno de sus conversatorios la necesidad de considerar la Escritura en estos tiempos con el mismo valor que incluso el mismo pentecostalismo ha dado desde los inicios del movimiento en Chile desde 1909.

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