Tomada de: https://www.flickr.com/photos/bentavener/9210226084/in/photolist-f2SQ2J-f2STHJ-f2CM8g-f2SVZh-f2CEc2-nhS1N8-nz7Z93-nzmEgC-nhRQun-nhR5Eg-nz4bYT-f2SSbb-f2T8jY-f2T49A-f2SPks-f2CRgv-f2CVCD-f2CA7g-f2SNgY-f2T9Y7-f2CWwa-f2T57S-f2T1WJ-f2CHZp-nhRnLm

Por Elvis Castro Lagos*

¿Es marchar una labor de la iglesia? Para responder esto, desde luego se debe tener una noción de cuál es la labor propia, inherente, de la iglesia. En un principio, pareciera que el salir a la calle a marchar podría ser un acto totalmente apropiado para la iglesia cristiana, considerando que su quehacer principal sería proclamar el evangelio públicamente. Una concentración masiva de cristianos recorriendo calles principales con un mensaje bíblico bien puede parecernos que representa lo esencial de la iglesia. No obstante, podemos preguntarnos más detenidamente, por una parte, si una marcha típica por la ciudad es realmente un mero acto de anunciación de un mensaje específico, o es algo más; por otra parte, cabe preguntarse si proclamar el evangelio es meramente pronunciar (o escribir en carteles) ciertas frases o ideas cristianas en público, y si esa es la tarea central —o la única— de la iglesia.

Quiero plantear que ninguna de estas dos ideas es correcta.

En primer lugar, una marcha cualquiera es más que el simple planteamiento público de una idea o postura. Es esto, pero con el añadido de que el mensaje se presenta con cierta fuerza física, cierta presión o imposición (por pacífica que sea); es una protesta generalmente contra algún oponente más o menos determinado: un grupo o institución poderosa, un movimiento, el Estado, etc. La efectividad de las marchas siempre estará en los números, en la cantidad de personas convocadas (es el dato que siempre es punto crucial de la noticia, y la causa de debate entre las partes en pugna). Cuantas más personas se unan al movimiento, tanta más fuerza cobra y mayor es la posibilidad de conseguir la acción o el cambio esperado. Dado que este tipo de manifestación suele implicar la intervención de la autoridad y la fuerza pública, y afecta a toda una comunidad o una ciudad en tanto que se ocupa un espacio público, siempre es un acto político.  

¿Están estos elementos en las marchas organizadas por las iglesias evangélicas? Sí. El discurso habitual de los líderes convocantes es que los evangélicos se reúnan de manera masiva para demostrar la considerable cantidad que somos —y, por supuesto, en algún momento esa cifra tiene peso en términos de votos. Uno de los puntos que describen a la organización Marcha por Jesús es: «Marcar presencia de la Iglesia Evangélica Chilena», y entre sus objetivos está el «convocar a más de 500 mil cristianos en todo el país»[1]. No es una cifra despreciable. Pero ¿qué significa realmente «marcar presencia»? ¿Sencillamente hacer ver que uno existe, y que somos muchos? ¿No es esta una confianza en los números, en la fuerza humana? ¿No nos recuerda uno de los pecados de David, cuando censó al pueblo? Si la «marcha por Jesús» se propone mostrar números, queda deslegitimada como un acto propio de la iglesia.

En segundo lugar, está el tema de la proclamación del mensaje por parte de la iglesia. La cuestión es si lo que se alcanza a anunciar en la calle en una marcha es realmente el evangelio (suponiendo que comprendemos de un modo aceptable todo lo que encierra «evangelio»). Ahora corresponde que reflexionemos sobre cuál es la labor propia de la iglesia. Lo primero que pensemos quizá sea la predicación de un mensaje. Es lo que conocemos bien a partir de Marcos 16:15 o Mateo 28:19-20. Pero tales pasajes no agotan lo que hay que decir de la misión de la iglesia; esta no consiste solo en una proclamación verbal, menos aún gritar frases sueltas.

Vayamos a un libro bien conocido por la tradición pentecostal: Hechos de los Apóstoles. ¿Te has preguntado por qué se lo llama «Hechos» (gr. praxeis) y no «discursos» o «predicaciones» de los apóstoles? El teólogo pentecostal Amos Yong hace una valiosa observación sobre las palabras de Jesús al inicio de dicho libro, acerca de la recepción del poder del Espíritu para ser testigos (Hch 1:8). ¿Qué implica ser testigos de Cristo? Las palabras de Jesús son una respuesta a la pregunta de los discípulos por el reino, tema que aparece en los primeros versos de Hechos. Es decir, el poder es para «proclamar las enseñanzas y realizar los actos del Mesías mismo» en el contexto pagano del Imperio Romano. De ahí en adelante, todos los hechos que realizan los primeros cristianos son una manifestación de la vida del reino de Dios que es contraria a la de los poderes del mundo: una comunidad de servicio mutuo, de socorro a los necesitados, de aprender a aceptar a gentiles y samaritanos (enemigos) como hermanos[2]. Mientras los reinos humanos usan la fuerza para dominar, el poder del reino de Dios es poder para vencer el mal, a través del servicio y la humildad, aun en debilidad; nunca para doblegar la voluntad de otros. Esta es la clase de reino que se proclama y se vive en Hechos; de tal reino se da testimonio. Y esa es la labor que lleva a cabo la iglesia en su inicio.

Visto así, entonces, una marcha habitual es en cierta manera contraria a la vida del reino, porque se basa en la fuerza humana, no en el poder del Espíritu ni del servicio. No es que los cristianos nunca deban participar en actos de ese tipo. Puede haber causas específicas que lo justifiquen, en tanto sean acciones pacíficas, y los cristianos, en cuanto ciudadanos, pueden exponer de ese modo las injusticias patentes. Puede también participar en el ámbito público mediante planteamientos razonables y la persuasión. Caso distinto es el de exhibir nuestra mera existencia y cantidad; no es un acto propio de la iglesia, y realizar lo mismo año a año, no tiene sentido y es poco o nada provechoso. El mensaje solo llega a los actores políticos; y la demás gente, cuando no es indiferente, más bien se opone y genera mayor resistencia a lo evangélico.

Quiero proponer que se acaben las marchas y se dé un mejor uso al «feriado evangélico» —o cualquier otra ocasión. Seamos creativos y busquemos formas de prestar un real servicio a nuestras comunidades. Desde ayudar al vecino necesitado, visitar hospitales, hogares, cárceles, realizar operativos, talleres de toda clase, a mejorar y limpiar espacios públicos, etc. Cualquier impacto que eso pueda causar, será legítimo, y dejará un beneficio real y duradero. Estará más cerca de manifestar lo esencial de la iglesia, «marcará presencia» del reino; y será menos pretencioso. Quizá esto logre iniciar algo que en adelante sea más sostenido. Es probable que sean muchos menos los convocados, pero un beneficio colateral de eso es que sabremos cuántos son realmente los evangélicos comprometidos, por modestas que sean las cifras.

*Traductor. Miembro de la Iglesia de Dios. Colaborador de PP.


[1] https://www.facebook.com/pg/MarchaPorJesusChile/about/?ref=page_internal

[2] Amos Yong, Who Is the Holy Spirit?: A Walk With the Apostles [¿Quién es el Espíritu Santo?: Caminata con los apóstoles]. Massachusetts: Paracletos Press, 2011, pp. 4-6.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí