Por J. P. Zamora*

Es poco común hablar sobre el cuidado del medio ambiente en nuestras congregaciones. Si bien creemos que del Señor es la tierra y su plenitud, muchas veces olvidamos que este planeta fue creado por Dios y que debemos cuidar su creación. Desde Génesis observamos que Adán fue puesto en el huerto de Edén, para cultivarlo y cuidarlo, pero poco hablamos sobre la administración del planeta. A todo esto se suma el creciente debate público sobre problemas medioambientales, lo que ha empujado al mundo evangélico a involucrarse en la discusión.

Es en este contexto que se realizó el conversatorio “Medioambiente. Cuidando el mundo diseñado por Dios”.  La actividad tuvo lugar el día miércoles 9 de octubre de 2019, en las dependencias de Sociedad Bíblica Chilena y que fue convocado por Pensamiento Pentecostal, Oikonomos y ApoLogos, como una instancia para dialogar sobre estas materias. El evento se planteó como un espacio para profundizar en las ideas vertidas por las tres organizaciones en su documento Recomendaciones sobre el cuidado medioambiental para evangélicos. A este conversatorio asistieron más de 30 personas y contó con la participación de Sherie Chanampe, Daisy Seguel y Moisés Cuevas.

La conversación giró en torno a tres preguntas centrales, iniciando por conversar sobre aquello que había llevado a los expositores a involucrarse en el tema medioambiental, pasando por la situación actual de iglesia evangélica en el cuidado de la creación y finalizando con algunos ejemplos prácticos para que las congregaciones los puedan aplicar, tanto individual como colectivamente.

Sherie comentó que fue el contemplar la inmensidad del universo y la grandeza del Creador, lo que cambió la perspectiva sobre su entorno. Mientras que Daisy fue desafiada cuando se enteró que una de sus aficiones, la moda, era la segunda industria más contaminante del planeta. Moisés se involucró naturalmente, gracias a que creció en un hogar evangélico que veía el cuidado del medio ambiente como parte de la vida cristiana.

Daisy Seguel, colaboradora de PP, comentando sus ideas en el conversatorio

Cuando se habló de la situación actual de la iglesia y el cuidado del mundo, se tuvieron observaciones similares. Las iglesias evangélicas han desarrollado su actividad en lugares desfavorecidos socialmente, por eso la preocupación más urgente tenía relación con las necesidades inmediatas de las personas y se entendía el cuidado del medio ambiente como algo ajeno a la labor evangélica. Esto está cambiando. Temas como la sequía, la muerte de animales, los problemas de las comunidades sin acceso al agua, ha conmovido a hermanos, los ha llevado a interesarse por las problemáticas medioambientales y ver en ello una responsabilidad ante Dios.

Tal como lo expresó una de las participantes, esto es una oportunidad de profundizar en la Biblia, de releerla y notar que el evangelio también nos habla que la obra de cruz es en beneficio de la creación, la cual será libertada de la esclavitud de corrupción. Es momento para que las Iglesias hagan algo, marquen la diferencia en esta área, puedan involucrarse en el cuidado del medio ambiente y así como en Cristo, Dios reconcilió consigo todas las cosas, nosotros nos reconciliemos con la creación.

Para lograr esto se dieron algunos ejemplos y consejos para ayudar —individual y colectivamente— al hogar común. Dentro de las soluciones individuales está el ahorro de agua y energía como, por ejemplo, desenchufar electrodomésticos que no están en uso. También podemos reducir la cantidad de basura que generamos, reutilizando y extendiendo la vida útil a los productos que consumismos. Colectivamente, se puede compartir ropa entre los hermanos de la congregación, dejar de comprar utensilios de plástico, facilitar las instalaciones de la iglesia como puntos limpios para la comunidad e incluso reunirse un día a limpiar una plaza o calle pública, lo que mostrará la preocupación que se tiene por el entorno, además de ser una instancia para acercarse a los vecinos y compartir la fe.

Al concluir, se puso el acento a dialogar sobre las problemáticas medioambientales en las iglesias locales, enseñar sobre estos temas tanto a niños como adultos, profundizar en las Escrituras para reexaminar nuestra responsabilidad en la administración de la creación y generar acciones que apunten directamente al cuidado del mundo diseñado por Dios.

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