Por Equipo Pensamiento Pentecostal*

A nuestros queridos lectores,

Chile se encuentra en una coyuntura clave. Luego de diversas manifestaciones, y una escalada de violencia, el Presidente ha decretado Estado de Excepción. Las discusiones entre evangélicos han versado sobre si es legítimo o no manifestarse, sobre si son legítimas o no las razones de la manifestación, sobre si la violencia, en este contexto, se justifica o no, entre otras. 

Por lo anterior, y con profunda preocupación por todos los sucesos lamentables que estas situaciones traen, deseamos invitar a nuestros hermanos y hermanas a reflexionar sobre los acontecimientos que tienen lugar en nuestro país, a la vez que esperamos que estas notas sirvan para cuando hermanos de otros contextos se enfrenten a situaciones de agitación social en sus propios entornos. 

A. Hay algunas ideas que son poco convenientes para estos momentos de crisis:

  1. La culpa es del otro: como seres humanos, tenemos la tendencia natural a culpar al otro de nuestros problemas. Somos capaces de reconocer el daño que el otro nos provoca, pero nos resulta más difícil reconocer el daño que nosotros generamos. Por esa razón, caemos en la tentación de invisibilizar o justificar la violencia cuando viene de nuestra propia vereda, pero la condenamos con fervor cuando la ejerce quien tiene una postura distinta a la nuestra. Creemos que como cristianos debemos ser categóricos y rechazar todo tipo de violencia
  2. La gente se divide entre buenos y malos: esta idea es de las más dañinas. Sobre todo porque tenemos una tendencia a creer que estamos del lado de los buenos. En los asuntos sociopolíticos siempre hay matices, por lo que las visiones maniqueas pueden ser muy dañinas para adoptar una posición fundada sobre un análisis en que la razonabilidad prevalezca sobre el dominio de la pasión. 
  3. Limitarse a solicitar “mano dura”. Cuanto más dura es la mano, menos discrimina sobre quién cae. Y los problemas de fondo no se abordan. Existe una gran diferencia entre “ejercer fuerza” y “violencia” de Estado; debemos recordar que estos actores de gobierno y fuerzas armadas también son personas y ciudadanos, buscando restablecer el orden público. Lo que debe solicitarse, por sobre todas las cosas, es una dirección política orientada al diálogo para evitar dentro de todo lo posible los diversos actos de violencia que ocurren en estas situaciones.

B. ¿Qué nos plantea la fe cristiana?

  1. El problema está en nosotros. (Mr. 7:20; Sal 51:5, Ro. 3:23)
  2. El cambio social comienza por un cambio personal (Ez. 36:26)
  3. Jesús nos transforma para poder transformar nuestro entorno. (2 Cor. 5:17)
  4. El dar testimonio de nuestra fe, y ser conocidos por ella, tendrá que implicar referirnos a nuestros hermanos con amor  (Jn.13:35), escuchar y abordar de manera honesta e imparcial la postura del oponente, y promover la paz (Mt. 5:9; 7:12).
  5. La enseñanza de Jesús y los apóstoles es que el mal nunca se combate con mal, sino haciendo el bien y con el servicio (Mt 5:38-48; Ro 12:9-21).
  6. El verdadero bien común de una sociedad no se limita al puro bienestar material/económico, ni que los “malos” sean eliminados en beneficio del orden. El bien común incluye florecimiento integral de personas, familias, etc., y donde aún los malhechores pueden restaurarse (cf. Sermón del Monte).

C. Deberíamos evitar:

  1. Romantizar la violencia, para tratar de justificar lo injustificable y hacer apología de actos vandálicos que en nada promueven el espíritu cristiano.
  2. Llamar a politizar un problema social profundo y complejo, que ciertamente requiere solución política, pero cuyas raíces son una cultura económica y social que no está orientada por la solidaridad. Con esto, también podríamos hacer un mea culpa como iglesia, porque no supimos ser una voz profética en el momento indicado.
  3. Participar de protestas en momentos de alta violencia y efervescencia, por bienintencionadas y pacíficas que ellas puedan ser. Se pueden buscar mecanismos alternativos y momentos oportunos si lo que se desea es dar a conocer una posición.   

D. ¿Qué hacemos frente a estas instancias?

  1. Orar: por sobre toda acción que podamos realizar, la oración es el primer paso de un cristiano. Nos lleva a reconocer la absoluta soberanía de Dios en estas situaciones y a poder descansar en Él, confiando en su provisión. Orar unidos nos incentiva a la comunión y ayuda mutua.
  2. Comprender adecuadamente el problema: Analizar con detalle las razones del asunto, ponernos en el lugar del otro, saber que gran parte de lo que sucede es por un descontento general, y por la necesidad de paz en los corazones y vidas de las personas. En el caso de las comunidades pentecostales, esto incluye también analizar el motivo de nuestro desapego a este tipo de demandas. Puede que la movilidad social-económica de las últimas décadas nos haya desconectado total o parcialmente de la dura realidad que viven nuestros compatriotas y hermanos. Esto, sin duda, nos llevará a tener una actitud más humilde, y de mayor comprensión hacia la demanda de nuestro prójimo.
  3. Ser pacificadores: Ser agentes de reconciliación, evitando cualquier argumentación que polarice las conversaciones y discusiones.
  4. Ser críticos: Comprender que no toda la información compartida por redes sociales es verdad, y que los medios de comunicación no siempre son imparciales respecto a los acontecimientos. Se debe verificar lo que se comparte o publica en redes sociales.
  5. Como iglesia, podemos ser una comunidad alternativa que manifieste la vida del reino de Dios. En situaciones de violencia y convulsión social, podemos apoyarnos unos a otros para afrontar las repercusiones: protegiendo a los más débiles; auxiliando a los perjudicados o damnificados; compartiendo aquellos artículos de primera necesidad que escasean, evitando el acaparamiento y la especulación. En suma, practicar solidaridad y hospitalidad.

1 COMENTARIO

  1. Una reflexión sensata e inteligente de cómo debemos reaccionar los evangélicos ante una situación que está viviendo nuestro país. La solución espiritual es lo más acertado desde nuestra vereda, buscando la unidad de pensamiento y acción de nuestros líderes para que los creyentes imiten y no sean confundidos por la turbulencia política de este tiempo. Con mayor razón tenemos que usar la oración para interceder ante nuestro Dios por todos nuestros compatriotas y ayudar a pacificar los espíritus de aquellos que por muchos años han sido abusados no solo por el actual gobierno sino también por aquellos que gobernaron antes y no se preocuparon de los problemas de la gente sino que usaron el poder para beneficio de su clientela y no del pueblo que esperaba su apoyo en la solución de problemas de salud, previsión, educación, vivienda y aplicar la ley a los delincuentes que asaltan, roban y matan a ciudadanos que con esfuerzo y trabajo han adquirido pequeños bienes y después ven a estos libres por las calles. Nuestro Dios nos ayude en estos días tan oscuros que estamos viviendo.

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