Por Eric Martínez Bustos

Durante toda la historia de la iglesia, el tema de la interpretación de la biblia ha sido (y sigue siendo) un tema controversial, y de la mayor importancia. Las iglesias pentecostales son parte de la iglesia, y por ende asumen también este desafío.

Siguiendo las ideas expresadas por Luis Aranguiz (2016), pese a que la Iglesia Pentecostal es parte del cristianismo, en muchos aspectos ha sido capturada por el mero pentecostalismo, concepto acuñado por Aránguiz que pretende transmitir el rechazo a la teología con su consecuente aislacionismo de la tradición cristiana que le rodea. Partiendo de estos conceptos, una consecuencia tácita del rechazo a la teología es el marcado problema de la interpretación bíblica.

Debo dejar en claro, que el pentecostalismo, en general, adhiere a la premisa básica de que la Escrituras es nuestra única norma de fe y conducta (Hodge, 1991). Sin embargo, en la práctica esto es mucho más complejo. Como miembro de una iglesia pentecostal, he observado con claridad este problema, en el que pese a reconocer la autoridad de las Escrituras, el predicador se permite licencias de interpretación aduciendo a “la imaginación del predicador”. Bajo esta máxima es posible llegar a las más inusitadas conclusiones a la hora de predicar.

La predicación de la Escritura, es un acto de interpretación. Por más que el pentecostal promedio arguya que él no adhiere a una teología particular, y que su modo de entender la Biblia es una inspiración divina, no puede negar el hecho de que el acto mismo de leer de manera crítica un texto, es innegablemente una tarea interpretativa (Fee & Stuart, 2007). Así, el predicador pentecostal no solo recibe una “inspiración” especial, sino que adquiere (tal vez sin percibirlo), según Gordón Fee (2007), una influencia de lo que invariablemente somos “con todas nuestras experiencias, cultura y previa comprensión de las palabras e ideas”.

La interpretación de la escritura es un desafío per se, que ha visto su desarrollo a lo largo y ancho de la historia del cristianismo, a modo de ejemplo tomemos el caso de Arrio y Atanasio en el siglo IV, el primero niega la idéntica divinidad del Hijo a la del Padre, mientras que el segundo afirma que Cristo participa de la misma naturaleza del Padre. En palabras simples, Arrio niega que el Hijo sea verdadero Dios, mientras que Atanasio afirma la completa divinidad del Hijo. La idea de presentar este caso, no es discutir aquí un tema Cristológico, sino mostrar que pese a que ambas partes reconocían la autoridad suprema de las Escrituras, no concordaban en la interpretación de la misma (Gonzaga, 1965).

Este “pequeño” ejemplo, demuestra que por una parte es posible argüir que la biblia es la autoridad máxima en asuntos de fe y práctica, y por otra, errar en la interpretación de la misma, siguiendo caminos diferentes. Así que, parece no ser suficiente, para una correcta interpretación, el hecho de reconocer la supremacía de las Escrituras, las cuales por si mismas son suficientes para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia (2 Tim 3:16).

Este mismo problema que enfrentó a las comunidades cristianas desde el principio de la Iglesia Cristiana, es el problema que enfrenta el pentecostalismo, el cual, al estar en gran medida capturado por un aislacionismo tanto de la teología como de la historicidad cristiana y bajo la máxima de la imaginación del predicador, ha visto nacer diferencias dentro del mismo seno de sus propias iglesias.

En unas congregaciones es posible observar un énfasis en las manifestaciones espirituales de todo tipo, mientras que otras llegan a ser casi no pentecostales en su celo por discernir los espíritus. En la adoración, en unas denominaciones pentecostales se adopta el uso de todo tipo de instrumentos musicales, en cambio otras niegan a sus fieles el uso de estos, con contadas salvedades. En unas se restringe el uso de ciertas prendas de vestir y en otras no. Respecto de asuntos como la salvación, la venida del Señor o el acercamiento de la iglesia a la sociedad es abordado de maneras muy diferentes por unos y otros. Aunque cada grupo reconoce la autoridad de la Escrituras en cada asunto, es la interpretación de la misma lo que les hace tomar caminos tan dispares. Y aunque esta disparidad de puntos de vista no es solamente propia del pentecostalismo, sin embargo, es una de las comunidades que más experimentan estos problemas.

Establecido ya el problema, es el momento de hacer una revisión acerca de algunos métodos de interpretación bíblica.

Existen diferentes métodos de interpretación, el más usado en la antigüedad fue el método alegórico durante los años 100-500 d.C. aproximadamente. Plummer (2013) define la alegoría como “un género literario que asigna un significado simbólico a los detalles textuales”. (pág. 74). La alegoría no es un problema en sí misma, pero se transforma en uno cuando es aplicada de manera arbitraria, y sin el “permiso o consentimiento” del autor. Existen textos en los que el sentido del mismo, o la intención subyacente del autor es que sea interpretado de manera alegórica, sin embargo, no siempre se cumple esta condición. Tenemos en la Escritura un ejemplo del uso de alegorías en Gálatas 4:21-31, empero esto no quiere decir que su uso sea el correcto en cada pasaje bíblico.

Plumer (2013) sugiere que las raíces de este método se encuentran en el platonismo, el cual generalmente exalta la realidad invisible por sobre la visible. Como sea, el método fue utilizado no solo por cristianos, sino también por reconocidos judíos, como Filón.

El método consiste básicamente en hallar, según la habilidad del interprete, un significado “oculto” o secreto detrás de las simples palabras del texto, o bien como dicen algunos predicadores pentecostales: “la imaginación del predicador”. Orígenes, un importante padre de la iglesia, resumió el método en tres niveles: Significado Literal, Moral y Espiritual (Plummer, 2013).

Ya se ha dicho que el problema de la interpretación es un desafío que la Iglesia ha enfrentado desde la antigüedad, en ese sentido el sistema de interpretación alegórico, fue reconocido casi como el único método aceptado durante el medioevo. Es en esta época que se añade un nuevo nivel a los propuestos por Orígenes: el significado celestial. Sumado a esto, la iglesia romana se apegó más a la interpretación o tradición de sus antiguos teólogos, los cuales en su mayoría usaron el método ya expuesto.

Este método, lleva a errores doctrinales, como los que se pueden observar con claridad en la iglesia que lo ha adoptado como norma general, Catolicismo Romano. Deja en manos del interprete el significado oculto del texto. De aquí el peligro de esta forma de interpretación. El Romanismo, para evitar este problema, adhiere a la “voz autorizada” de la tradición y de sus teólogos actuales.

Es sumamente interesante notar, como los errores del pasado retornan al presente, pues no solo el catolicismo romano vio este método de interpretación como válido, sino que el pentecostalismo (en términos generales) ha adoptado este método como propio. Este “significado oculto” permite al predicador abordar temas tan variados, y sin ningún reproche, en muchos casos abusar de su autoridad en el púlpito. No solo encontramos el elemento de la continua alegoría, sino que además encontramos un énfasis en la tradición pentecostal, trazada por renombrados maestros (pastores y hermanos). En este sentido, el pentecostalismo ha avanzado hacia una especie de romanismo que alegoriza sus textos, y encuentra en la tradición pastoral las bases para dicha alegorización.

La Reforma protestante, comenzó de a poco a despegarse de este método interpretativo, y finalmente obtiene como lema que: La Escritura se interpreta a sí misma. Martín Lutero expresa que lo que en un pasaje parece oscuro y difícil de entender, en otro se manifiesta con claridad abrumadora (Lutero, 1525). Es decir, el principio que plantea la reforma, es que un texto en primer lugar debe ser interpretado a la luz del resto de la Escrituras. De igual forma, no se debe olvidar que el texto fue escrito para una audiencia específica, lo cual no quita que tenga aplicaciones para nosotros en el presente.

¿Quién determina el significado del texto? Hoy, en nuestro mundo de medias verdades, donde la posverdad se ha permitido definir los significados al antojo de cada cual, es de vital importancia definir quien determina el significado de nuestro texto bíblico. Si decimos que el significado lo determina cada interprete, entonces caemos en la trampa de nuestra época, donde no existen verdades absolutas, sino relativas. Por otro lado, si aceptamos el hecho de que el significado lo determina el autor del texto, nos vemos enfrentados a la necesidad de profundizar en el pensamiento del autor, el cual necesariamente estará influido, para bien o para mal, por la cultura y el momento histórico que le tocó vivir. Esto no resta autoridad al texto bíblico, por el contrario, enriquece el entendimiento del mismo. El cristianismo no tranza la verdad, el cristianismo no pretende lograr un punto de encuentro donde distintas verdades concuerden, por el contrario, el cristianismo afirma una sola verdad. Esto lo hace totalmente contrario a la corriente de pensamiento actual que ya se ha mencionado. El pentecostalismo es, en cierto sentido, una reacción a la falta de santidad de la iglesia, y en esa misma línea, sabe mucho acerca de como diferenciarse del mundo inconverso. Aquí el pentecostalismo puede encontrar la fuerza para reformar su método de interpretación bíblica.

¿Cómo determinar el significado del texto? Claramente, dependemos del Espíritu Santo para obtener el significado de un texto, y esto obviamente mediante la oración. Se debe destacar que el significado del texto, determinado por el autor, es único pero con múltiples aplicaciones. Sumado a la identificación del autor y su contexto histórico el intérprete debe indagar para definir quién es la audiencia original. De igual forma determinar el género literario, tales como: narrativa histórica, profecía, literatura apocalíptica, lenguaje hiperbólico, lenguaje figurativo (Plummer, 2013) permitirá aplicar unas reglas bien definidas de interpretación que nos guiarán hacia una mejor comprensión del texto en cuestión. Como principio básico, si creemos en la inspiración plenaria de las Escrituras, debemos aceptar que ésta no se contradice. La comprensión de este contexto nos ayudará a evitar interpretaciones aisladas del pensamiento bíblico. La revelación bíblica es progresiva, y como tal, lo que en un pasaje parece ser poco comprensible, en otro, se nos revela con mayor claridad. Es decir, la Biblia se interpreta con la misma Biblia. Por ello, no debe ser de menor importancia observar cómo encajan, en el contexto general de la Escritura, las conclusiones preliminares que se obtengan del texto.

Concluyendo, es posible observar que, aunque el pentecostalismo adhiere a la premisa fundamental de la autoridad e inspiración plenaria de las Escrituras, es necesario añadir a esto una forma más elaborada de entendimiento de la misma. Para ello, en primer lugar, puede valerse de las herramientas del lenguaje, que proveen medios certeros que esclarecerán en primera instancia el significado del texto. En segundo lugar, comprender que el pentecostalismo no está aislado ni de la historia ni del resto de las iglesias cristianas permitirá reconocer la validez de las invaluables obras teológicas que el mundo cristiano ha generado, y que apuntan justamente a comprender de mejor forma el texto bíblico, ya sea aportando datos históricos, sistematizando doctrinas o mostrando panoramas bíblicos generales que permitan al lector entender como encaja cada libro dentro de la revelación de Dios. En tercer lugar, el pentecostalismo es parte de una tradición o historia que le pertenecen y lo han definido a lo largo del tiempo, así que su misma trayectoria influye en el pensamiento de sus miembros innegablemente, pero esta influencia no debe ser determinante a la hora de interpretar. Por otro lado, el predicador debe abandonar la presunción de que su imaginación le permitirá interpretar el texto de mejor forma, es el texto mismo que busca su interpretación dentro de la Escritura misma.

¿Es posible ver un pentecostalismo con una sana interpretación de las Escrituras, que se apegue al texto mismo, y no a las presuposiciones del interprete? Pienso que en la medida que sus miembros se ocupen de la lectura, de entender su lugar dentro de la historia, de prestar atención a los grandes maestros de la Iglesia Cristiana, y por otro lado sacudir las presuposiciones impuestas por la tradición misma del pentecostalismo, llevaran a los interpretes y predicadores a traer una palabra más bíblica a los pulpitos y a enriquecer sus propias congregaciones. En breves y finales palabras, es necesario que el mundo pentecostal, en general, deje que sea el texto el que hable y no la autoridad de la tradición.

Referencias

Aranguiz, L. (04 de Marzo de 2016). Estudios Evangélicos. Recuperado el 24 de Junio de 2020, de http://estudiosevangelicos.org/la-cautividad-pentecostal-del-cristianismo-pentecostal/

Fee, G., & Stuart, D. (2007). La lectura eficaz de la Biblia. Miami, Florida: Editorial Vida.

Gonzaga, J. (1965). Concilios (Vol. I). Grand Rapids, Michigan: International Publications.

González, J. L. (2003). Historia del cristianismo (Vol. I). Miami, Fl: Editorial Unilit.

Hodge, C. (1991). Teologia sistemática (Vol. I). Barcelona: Editorial Clie.

Lutero, M. (1525). De servo arbitrio.

Plummer, R. L. (2013). Preguntas y respuestas sobre cómo interpretar la Biblia. (B. L. Markle, Ed.) Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz.

Eric Martínez Bustos, miembro de la Iglesia Evangélica Pentecostal.

1 COMENTARIO

  1. Hola Eric
    Gracias por tu artículo, creo que abordas un problema fundamental dentro de ciertos sectores del pentecostalismo, como lo es la Hermenéutica bíblica. Sólo quiero considerar algunas cosas que, espero, puedan enriquecer tu investigación acerca del tema.
    Primero, el método alegórico está orientado a buscar significados en el texto revelado asociados a los problemas metafísicos heredados de la filosofía griega. Como verás esto dista mucho de lo que llamas la “imaginación del predicador”, por lo que la comparación puede ser un tanto inapropiada. En el mismo sentido, no comparto que tal método haya sido el fundamento de la Iglesia Romana, aunque sí fue muy usado. Y si lo fuera, desde hace tiempo que este sector del cristianismo emplea el método histórico crítico y la exégesis teológica para la interpretación de la Biblia, por lo que no creo que sus supuestas desviaciones se deban principalmente al uso de un método u otro. Además, recuerda que las principales doctrinas cristianas fueron formuladas en ese período en el que dices se usaba este método.
    Finalmente, lo del principio de “la Escritura se interpreta con la Escritura (o a sí misma)” no es un método inventado o descubierto por los reformadores (posiblemente lo hayan redescubierto), sino que ya se usaba dentro de la hermenéutica judía antigua.

    Espero que la buena formación bíblica y teológica llegue pronto al sector que representas.
    Saludos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí