Por Rubén Saravia Contreras

La mayoría en Latinoamérica provenimos de un trasfondo católico. Nuestros antepasados fueron católicos por generaciones y esto es algo que, a los que ya no somos católicos, se nos olvida. Pero querámoslo o no, es algo que marca lo que somos hoy, siendo de esta forma una herencia religiosa que forma parte de nuestro “ethos”, o lo que podríamos llamar como nuestra idiosincrasia, nuestra forma cultural de ser.

Evidentemente, ese ethos tiene elementos tanto positivos como negativos. El propósito en este artículo no es ser pesimistas en cuanto a la forma de cómo vemos nuestra herencia cultural, lo que sí se pretende, es hacer notar algunos elementos que persisten en distintos grados en nuestras iglesias y en nuestra mentalidad colectiva, que no son motivo de orgullo, sino que ameritan ser analizadas críticamente, para que con conciencia podamos dar los pasos necesarios para superarlos.

Es de esperar que ningún católico se sienta ofendido por lo aquí expuesto, sino que además de ser pertinente para los evangélicos, este escrito les sea de provecho y sirva para que los cristianos en general podamos superar las malas formas o creencias que hace tiempo estancan el desarrollo y la buena práctica de nuestra fe.

A continuación, veremos cinco de estos rezagos que perduran entre nosotros, los miembros de las iglesias evangélicas y que provienen del trasfondo católico común.

1. Lo que hacemos como manda.

Existe un arraigado instinto desde las expresiones religiosas más rudimentarias de la humanidad consistente en querer agradar y satisfacer las demandas de la divinidad, con nuestras limitadas, pero bien intencionadas ofrendas. Esta costumbre se arraigó en la catolicidad, y el clero ha sido fundamental en su fomento.

En nuestra cultura popular se les llama “mandas”. Y aunque los evangélicos no usamos este concepto, e incluso lo rechazamos, en muchos casos tendemos a practicarlo. ¿Cuántos hermanos dan sus ofrendas y diezmos en un sentido de que Dios les sea favorable? Hay también casos de personas que prometen brindarle un servicio específico a Dios, como edificarle un templo o donarle una propiedad a cambio de que les responda una petición determinada. Incluso se llega a casos de hermanos de nuestras iglesias, que en ocasiones desfavorables parece que quisieran castigar a Dios, no dando sus aportes, o dejando de servirle.  

Cuando algunos predicadores han presionado a los feligreses a dar dinero basándose en promesas materiales o de salud, entre otras, se ha puesto en evidencia este tergiversado sentido de dar como una manda, es decir, dar para lograr una bendición a cambio. Como aquellos predicadores que han llamado a “pactar con Dios”, diciendo “¡Pacta por tu necesidad!”.

¿Cuál es el problema con esta forma de dar o de hacer las cosas? Pues, que la motivación no es la gratitud, tampoco la fe, en el sentido de que damos confiando en Dios que lo que tiene para mí será bueno. Se le ofrece a Dios algo a cambio de una bendición que se aspira recibir. Esta actitud carece de la comprensión teológica más elemental acerca de nuestra salvación y de nuestro Dios de amor que nos hace sus hijos. No podemos olvidar que nuestros actos de desprendimiento, por generosos que parezcan, no podrán ser más grande que su amor por cada uno de nosotros. No podemos pretender ganarnos el favor de Dios, quien ama al dador alegre, no al dador suplicante ni negociante. Damos con alegría porque reconocemos que Él nos amó primero, debemos dar con confianza y gozo porque estamos conscientes de su gran amor y fidelidad para con nosotros. 

2. El pastor como patrón.

Como latinoamericanos tenemos algo muy nefasto en nuestra forma de ser, específicamente entre nuestro pueblo, y es esa inclinación sumisa frente al que tiene poder. No se trata de una actitud honesta, porque al mismo tiempo, el sumiso es disimulado para menospreciar a aquel que ostenta el poder. 

Esta conducta hunde sus raíces en nuestra historia colonial. Hay que entender el doloroso trauma de la conquista española y el sometimiento forzado de la población indígena y mestiza. La sumisión fue una estrategia de sobrevivencia. ¿Qué le ocurría al indígena si se enfrentaba de igual a igual al español? La respuesta hispana era inmisericorde y en general, los aborígenes prefirieron evitarlo, no obstante, nuestro pueblo mapuche podría darnos cátedra, los chilenos no nos olvidamos de Galvarino sin sus manos, o de Caupolicán atravesado en la pica.

Para la mayoría de nativos y de mestizos, no quedó alternativa que disimular el rechazo e incluso exagerar la sumisión. Por eso, en nuestro continente sometido se creó la expresión Usted que es la contracción de “Vuestra Merced” ya que el español no permitió ser tratado de tu. Se acostumbró a que el patrón fuera tratado como “mi patrón” o mejor: “mande mi patrón”. Esta mentalidad perdura en nuestro tiempo, y a menos que nos hagamos conscientes de esto, no la superaremos como sociedad.

En algunas iglesias ha habido un grado de aprovechamiento de esta verticalidad de tal modo que ha amparado abusos de poder. Hay pastores que además de agradarse en ser tratados como “mi pastor”, han fomentado que los vean como Padres espirituales, olvidándose de lo que Jesús enseñó “no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra: porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos” (Mt.23:9).

Es innecesario que el pastor sea visto como un padre, es una persona llamada al servicio a Dios y al prójimo, el énfasis en el mando y en la sujeción, es propio de los que quieren enseñorearse de las personas, mas entre nosotros no será así… (ver Mt.20:25-26)  

3. Negación del llamado ministerial de la mujer.

Este es otro aspecto que está muy fuerte en el catolicismo y ha permeado a muchas de nuestras iglesias evangélicas. Se restringe a la mujer a campos limitados de servicio y se asume que no puede ejercer el ministerio espiritual con la misma dignidad o reconocimiento que el hombre. 

La tendencia de poner al hombre por sobre la mujer es fuerte en ciertas iglesias e ignoran u olvidan, la revelación de lo que es la autoridad a la luz del Evangelio. Autoridad que se ejerce desde el servicio, no desde una imposición de privilegios de unos en desventaja de otros. 

En las iglesias a la mujer se las tiende a limitar a funciones de servicio manual, lo que funciona a la par con el sitial de honor y privilegio que se le brinda a los que ostentan el poder. En contraposición a esto, el mensaje de Jesús sigue resonando: “si yo, el Señor y Maestro he lavado vuestros pies, ustedes también deben hacerlo. Ejemplo les he dado…” (Jn. 13:14-15).

Además de la tradición cultural que nos lleva al machismo, hay una hermenéutica débil que toma ciertas citas textuales del apóstol Pablo y las asume como mandamientos divinos. Acá no pretendo presentar una interpretación frente a cada una de las citas de Pablo acerca del tema, pero si incentivar la reflexión sobre estos asuntos. 

Pablo dice: “vuestras mujeres callen en las congregaciones…” (1 Cor.14:34), esto parece un absoluto como cualquier sentencia cuando se descontextualiza. Pero el mismo Pablo enseña que cuando una mujer profetice en la congregación, lo haga con el velo puesto ¿Cómo explicarían los hermanos literalistas esta aparente contradicción? Es de justicia una mejor hermenéutica frente al tema de las mujeres en las iglesias.

También Pablo recomienda que la iglesia romana reciba a la diaconisa Febe quien va desde uno de los puertos de Corinto a Roma. La palabra griega que se traduce por primera vez como diaconisa, es la misma que en otras citas se traduce como ministro. Por ejemplo: En Colosenses 1:23, para referirse a sí mismo, en Efesios 6:21 para hablar de Tíquico. En Gálatas 2:17 para referirse a Cristo. En 2ª Corintios 3:6 para decir que somos ministros competentes de un nuevo pacto. Y así hay muchas citas donde la misma palabra usada para presentar a Febe, es traducida como ministro. ¿Cómo nos influiría si la alusión a Febe dijera en español: Les recomiendo a nuestra hermana Febe, ministro de la iglesia en Cencrea?

4. La idea de cruzada o imposición de la fe.

Nuestra Latinoamérica fue conquistada por la espada y la cruz, en un período en que tanto invasores como invadidos, confundían ambos elementos que durante toda la Edad Media estuvieron fusionándose. Cuando llegaron a conquistar América, la iglesia católica contaba con el poder político de los reyes de España como su brazo armado, tal como cuando el Papa Urbano II se propuso recuperar Jerusalén de manos musulmanas, echando a andar las Cruzadas, en ese tiempo, fueron los reyes de las naciones cristianas los que mandaron a sus ejércitos para ir a luchar a Medio Oriente. Las nueve cruzadas, no fueron nada piadosas ya que el Papa les brindó a las tropas indulgencia plenaria, es decir, un perdón por anticipado de todos los abusos que pudieran cometer.

Los tiempos han cambiado, pero lo que se mantiene es una forma de entender la religión como algo que se impone pasando por sobre las convicciones personales del otro. Se busca vencer en vez de convencer, bajo una lógica de que el fin justifica los medios, mas, debemos saber que el Reino de Cristo no funciona con esa lógica, aun cuando lo que hoy se busque sea promover nuestros valores y principios, no lo podemos hacer imponiéndolos por decreto, aunque fuéramos mayoría, no nos corresponde avasallar a los demás, más bien debemos procurar enseñar y buscar convencer, pero no imponer. Los que imponen son los regímenes totalitarios que no respetan la libertad de los que piensan diferente, porque en realidad no creen en la libertad.

Es de cuestionarse, a qué aspiran algunos con el lema: Chile para Cristo, porque si lo quieren usar como una bandera de lucha por la hegemonía política estaríamos errando nuestro llamado, ya que nuestro inspirador, nuestro Maestro dice “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas… Mas entre vosotros no será así, sino el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor”. No estamos para ejercer dominio, estamos para servir y eso significa estar dispuesto a ser despreciado.

5. La falta de cuestionamiento.

Hay quienes aún consideran que a la autoridad no se le cuestiona (cuestionamiento entendido como preguntar, no como llevar la contra). Es cierto que una pregunta puede resultar algo muy amenazante para la autoridad cuando esta se está ejerciendo mal, a diferencia de aquel que es sincero en el ejercicio de su autoridad procurando el bien común y que se mantiene consciente de que está bajo la autoridad de Dios, esa persona no tendrá miedo de que las preguntas de sus subalternos amenacen su investidura. Así como un centurión romano le dijo a Jesus, “yo también soy hombre bajo autoridad…” Cuando aquel que ostenta poder no está sujeto a otro mayor, es cuando ejerce mal su autoridad y puede temer a que una pregunta ponga en evidencia su envanecimiento. Por eso, el cuestionamiento lo interpretan como falta de respeto, y lo prohíben, solo exigen obediencia.

Las preguntas, el cuestionamiento, son parte del pensamiento crítico que nos permite desarrollarnos en todo el potencial que Dios nos dio como seres humanos, ¡qué contradicción que las iglesias sean las que aborten esta posibilidad de desarrollo!, pero para ser justos, no son las iglesias, sino que los malos liderazgos los que los hacen.

Agreguemos un concepto que a veces en los medios cristianos se sataniza, este es el humanismo. Muchas veces se refiere a él como una expresión de la más horrenda rebelión contra Dios, cuando en la historia consistió en un cierto grado de rebelión contra el totalitarismo de la iglesia católica, es decir, de la imposición que el clero ejercía sobre las conciencias de los europeos hasta el siglo XV, pero el movimiento humanista, lejos de ser ateo, o anticatólico, buscaba independizar la razón del intento monopólico de la iglesia. El humanismo de aquella época abrió las puertas a un mayor grado de desarrollo, intelectual, científico, artístico, para nuestro mundo. Además favoreció a la Reforma, que también vino a contribuir al desarrollo social, especialmente respecto a la educación, la democracia, y la independencia de los Estados frente al dominio del Imperialismo católico. 

Pensamiento racional, razonamiento crítico, libertad de conciencia, criterio, capacidad de análisis, cuestionamiento, etc., son facultades que Dios puso en el hombre para que las desarrollemos. Aquellos que prefieren quedarse como niños bajo la tutela de otros que piensen por ellos, no están honrando a Dios, sino que se conforman con solo honrar a su autoridad humana.

Probablemente hay más puntos que podríamos agregar, pero aquí nos hemos querido centrar en los más necesarios de ser superados. Que esta sea una contribución a una sana autocrítica, y conciencia de nuestra forma de llevar el cristianismo, si este artículo aporta a la reflexión, ya se ha logrado un importante objetivo.

Los puntos expuestos tienen bastante relación entre sí, podríamos señalar que tienen una misma causa, como es el abuso de las conciencias. La mala costumbre de hacer que los fieles dependan en sus pensamientos de la autoridad religiosa en vez de Dios, en otros términos, hacer que sean mas fieles a los hombres que a Dios mismo. Es por ello, que este breve escrito promueve que cada creyente sea responsable ante su Creador en el ejercicio de su libertad y de las capacidades que de Él ha recibido, tal como el apóstol Pablo cuestiona ¿Por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro?  

En la libertad de conciencia se encuentra además la razón y justificación de la Reforma, la necesidad de tomar decisiones, independiente de lo que dijera la autoridad eclesiástica y responder por esas decisiones frente a Dios, de este modo, Europa y Norteamérica alcanzaron su adultez que le reportó un notable desarrollo científico y cultural, pero otras latitudes del mundo fueron mantenidas en un estancamiento por la opresión de su libertad de pensamiento. Nunca es tarde para que rescatemos el sincero legado de la Reforma de la que los evangélicos somos herederos.

Licenciado en Historia Universidad de Chile. Ministro Ordenado de Las Asambleas de Dios.

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