Conventículo pietista noruego. Obra de Adolph Tidemand, 1852.

Roger E. Olson*

En las siguientes líneas encontrarán un ensayo al cual he llamado “Recuperar el Pietismo”. Fue escrito como una respuesta a quienes han criticado este movimiento, como Mark Talbot del Wheaton College (quien ha escrito en contra en Modern Reformation).

Al hombre o a la mujer en la calle, el término “pietismo” probablemente le evocará una sensación de desdén, si es que no un profundo sentimiento de rechazo. Nos hace pensar en personas super-espirituales, gente religiosa de una santidad inalcanzable a los cuales hay que indudablemente evitar. Para aquellos más cercanos a las bancas de la iglesia es probable que produzca sólo una respuesta ligeramente más positiva; a menudo trae a la mente el recuerdo de la solterona querida – la ampliamente conocida – “Church Lady”[1], quien desaprueba todo tipo de diversión en el nombre de Cristo. Con suerte, para las personas con mayor cercanía con los púlpitos, “pietismo” puede describir un movimiento histórico de predicadores excesivamente emocionales, que intentaban manipular a sus oyentes para llevarles a tener sentimientos espirituales que desviaran la atención del intelecto y que condujeron a muchos de sus seguidores a romper contacto con el mundo y evitar la vida de la mente.

Estas y muchas otras imágenes de los pietistas y del pietismo persisten en la cultura popular y entre los cristianos, de quienes se puede decir que han sido engañados sobre el movimiento pietista y el pietismo en general. Tuve la ventaja de crecer en una familia profundamente influenciada por el pietismo, donde la palabra en sí misma todavía significaba algo positivo. Mis abuelos maternos fueron miembros de la Evangelical Free Church of America y varios de mis tíos pertenecían a esta denominación o a una congregación muy semejante llamada Evangelical Covenant Church of America.

Otros parientes eran adherentes muy devotos y piadosos de la denominación Christian Reformed o de la Church of God (Anderson, Indiana) o del Salvation Army o bien de alguna otra rama distante del pietismo. El  Pietismo en su verdadero sentido histórico, impregnó las vidas de mi extensa familia. Mi madrastra oraba y cantaba himnos mientras limpiaba la casa, lo que me hacía un poco reacio a invitar a amigos a la casa después de la escuela. Mi abuela nos cantaba en la cena y en las reuniones familiares himnos de Charles Gabriel[2]; “All things are ready, come to the feast; come for the table now is spread….”. Cada grupo familiar tenía al menos un “pancito de vida” (promise box) en su cocina o en el comedor y cada cena se iniciaba por lo general con un devocional familiar.

Logré obtener un enfoque más amplio en un curso que tomé en la universidad de lo que fue el movimiento pietista de los siglos XVII y XVIII en el que aprendí acerca de los grandes renovadores de la iglesia alemana posterior a la Reforma protestante como Philipp Jakob Spener (1635-1705), August Hermann Francke (1663- 1727) y Nicholas Ludwig von Zinzendorf-Count más conocido como “Jesus Noble Freak” (1700-176). Nuestra pequeña denominación se consideraba a sí misma como descendiente de ellos. En especial nos encantaba la temática de la “intimidad con Jesús” de Zinzendorf. Después de la universidad asistí a un seminario de la tradición Bautista alemana, cargada de pietismo y aprendí más sobre el movimiento; en su mayor parte, todo lo que he aprendido ha sido positivo.

Así que, cada vez que me encontré con actitudes negativas hacia el pietismo durante mis estudios de doctorado, quedaba un poco perplejo. Yo sabía que la gente secular y, probablemente, los protestantes liberales (por no nombrar a los católicos) lo despreciaban, pero entonces oí mi querido mentor en mi programa de doctorado usando “pietista” como insulto. Lo usaba de forma rutinaria para etiquetar cristianos en particular y a iglesias que consideraba excesivamente emocionales y subjetivas con respecto a la fe, anti-intelectuales y alejadas de la sociedad y sus problemas. Era un metodista barthiano y uno de sus objetos favoritos de desprecio era la Primera Iglesia Metodista de Houston y su pastor Charles Allen, autor de libros devocionales influyentes como Psiquiatría de Dios. Mi mentor llamaba a Allen y su congregación “La multitud bonachona de la avenida principal”. Más tarde supe que mi maestro había crecido en una denominación de rama fundamentalista de la Iglesia de los Hermanos (Church of the Brethren), una denominación pietista y que siempre adoptaba una reacción severa, sobre todo contra ella.

Luego fui a Munich para estudiar con Wolfhart Pannenberg y también le oí hablar despectivamente del pietismo. Varias veces le oí decir: “Hay una cosa que no soy y eso es pietista.” Durante mi desempeño en la enseñanza de teología en Bethel College (ahora Universidad de Bethel), fundada por pietistas suecos, un pastor y líder en su denominación  me dijo “el pietismo es sólo una máscara de indiferencia doctrinal”. Un filósofo evangélico en el Wheaton College, escribió un artículo para la Modern Reformation Magazine titulado “¿Qué pasa con el pietismo?” y lo acusó de ser una influencia negativa sobre la vida religiosa americana en la medida que “ se desliga de una doctrina completa y una fe sólida [1]. “Te puedes dar cuenta de este tratamiento negativo hacia el pietismo simplemente googleando la palabra. Allí encontrarás artículos varios, entre ellos: “¿Cómo el pietismo engaña a los cristianos?”, que iguala el  pietismo con elitismo espiritual y llega a la conclusión de que “el pietismo no puede ayudar ya que toma las mentes de las personas y las lleva fuera del Evangelio” [2].

Todos estos tratamientos peyorativos hacia el  pietismo me produjeron un conflicto con lo que había aprendido del pietismo histórico y la mayoría de lo que he experimentado del pietismo durante mis años formativos. Por otra parte, muchas de estas críticas tocaron una fibra sensible. Había percibido ciertas tendencias en el pietismo que podrían, si no se tratan adecuadamente, conducir a estos problemas. Así que decidí asumir el estudio de pietismo por mi cuenta. Leí vorazmente todo lo que pudo llegar a mis manos sobre su historia, teología y su espiritualidad. Una persona que encontré en este proyecto fue el teólogo Donald G. Bloesch de la Iglesia Unida de Cristo (1928-2010), el que se convirtió en mi primer mentor teológico y me ayudó a recuperar un sentido muy positivo del pietismo y así también a ser cauteloso con sus peligros.

Casi todos los libros sobre el pietismo se abren con un texto de exención de responsabilidades como por ejemplo, que es uno de los movimientos más incomprendidos y vilipendiados erróneamente en la historia cristiana. Es típico observar el comentario del estudioso en pietismo F. Ernest Stoeffler al comienzo de su libro magistral El ascenso del pietismo Evangélico (The Raise of Evangelical Pietism), donde dice del Pietismo: “uno de los movimientos menos comprendidos en la historia del cristianismo” [3]. Luego continúa con la descripción de los estereotipos comunes de pietismo y razones de su rechazo por parte de muchos cristianos y más aún de aquellos no creyentes. Estoy de acuerdo con la tesis del teólogo Michelle Clifton-Soderstrom que “El pietismo ha causado problemas. Sin embargo, este problema vale la pena redimirlo” [4]. En otras palabras, si, el pietismo ha tenido algunos efectos perjudiciales en el cristianismo protestante y tal vez en la amplia sociedad estadounidense donde se ha convertido en parte de la fábrica de la religión popular. Sin embargo, para la mayor parte, los efectos nocivos se basan en distorsiones del verdadero pietismo histórico. Después de todo, al igual que con la mayoría de los movimientos, el pietismo ha perdido vida y también su atractivo. A pesar de sus distorsiones y sus consecuencias perjudiciales, especialmente en la religión popular, creo que hay muchas cosas positivas en el pietismo y su recuperación puede ser de gran ayuda, incluso a las principales iglesias en sus esfuerzos de renovación y misiones.

Así, por “recuperar el pietismo” me refiero a volver a descubrir su verdadera historia, a una reconstrucción en un modo positivo, centrándose en sus características distintivas, corregir sus conceptos erróneos y sugerir su inclusión para la renovación de su enfoque y misión de la iglesia en esta era postmoderna.

En esta breve charla, espero lograr cuatro cosas. En primer lugar, voy a tratar de definir el pietismo y ofrecer lo que considero una distinción útil sobre el término. En segundo lugar, voy a ir más allá de la mera definición describiendo características principales, sus cualidades distintivas y los rasgos que lo definen. Luego, en tercer lugar, voy a diseñar y corregir varios de los mitos y conceptos erróneos más comunes sobre el pietismo, admitiendo al mismo tiempo sus inherentes debilidades de las cuales los pietistas deben tener cuidado. Por último, voy a volver mi segunda conferencia donde hago alusión a algunos de los beneficios de un pietismo recuperado y restaurado para las iglesias cristianas.

Definir el pietismo es una tarea notoriamente difícil. Es un poco como la antigua parábola india de los ciegos y el elefante, que habla de las diferentes perspectivas; todo aquel que toca el pietismo tiende a salir con una definición algo diferente. Jonathan Strom, investigador del pietismo, ha explorado a fondo esta terrible confusión de enfoques para definir el concepto en su artículo en Church History del 2002 “Los problemas y las promesas de la Investigación del pietismo.” Allí se examinan varios enfoques influyentes tanto complejos como simples. Algunos estudiosos limitan “pietismo” a los ministerios de pietistas influyentes de los siglos 17 y 18, como Philipp Jakob Spener y August Hermann Francke. Para estos estudiosos, el pietismo se extinguió con ellos dejando atrás las huellas en la Cristiandad a lo largo de la Europa y América (y, por supuesto, a través de ellos, el resto del mundo). Otros, sin embargo, sostienen que el pietismo es “nada más y nada menos” que la historia del protestantismo en los últimos tres siglos” [5].

Aquí me limitaré a ofrecer una muestra de las definiciones influyentes del pietismo y luego delinear mi propia aproximación a la formidable tarea de definirlo. Según el prominente estudioso del pietismo Stoeffler, pietismo es simplemente “el protestantismo experiencial” [6] que, en su expresión temprana, constituía una “segunda fase de la Reforma” [7]. Para él, no tiene “forma socialmente perceptible” [8] y no ofrece nuevas doctrinas [9], pero es un “nuevo énfasis” entre los protestantes [10]. Stoeffler prefiere pensar en el pietismo como un ethos más que un movimiento, aunque reconoce que se trataba de una expresión especial en un movimiento muy pobremente organizado en Alemania, asociado con Spener y Francke [11]. Para él, este ethos y su énfasis giran en torno a una “piedra angular”, que es la doctrina y la experiencia de nacer de nuevo [12].

El teólogo metodista Ted Campbell mira al pietismo como una manifestación de un fenómeno más amplio que él denomina “la religión del corazón” que incluye a los puritanos y los católicos místicos. “Pietismo” puede ser utilizado como una etiqueta general para este énfasis religioso en la experiencia profunda o como una etiqueta específica para el movimiento inaugurado por Spener y llevado adelante por Francke y sus seguidores. Campbell describe el pietismo, en uno u otro sentido, de esta manera: “El pietismo hizo hincapié en la experiencia religiosa personal, especialmente el arrepentimiento (la experiencia de la propia indignidad ante Dios y de la propia necesidad de la gracia) y la santificación (la experiencia de crecimiento personal en la santidad, que implica el progreso hacia el cumplimiento completo o perfecto de la voluntad de Dios)… “[13].

El Historiador W.R. Ward, reconoce la inevitable ambigüedad del concepto “pietismo” y sostiene que se puede reducir al mínimo, ligándolo a una persona, Spener, para quien “lo esencial… era el resorte interno de la vitalidad espiritual, el nuevo nacimiento, una doctrina que se convirtió en una insignia del partido pietista no porque era propio de ellos, sino debido a la importancia que ellos le daban. La esencia de la cuestión era cómo llevar a cabo de la mejor forma el sacerdocio de todos los creyentes” [14]. Así, según Ward, el pietismo fue parte de un gran “despertar evangélico” en Europa y Gran Bretaña que se extendió a América del Norte y el término debe ser utilizado sólo para el trabajo de Spener y sus fieles seguidores.

El Teólogo Pietista Donald Durnbaugh admite ser una persona atrevida que intenta dar una definición del pietismo debido a su “carácter amplio, trans-territorial y trans-confesional.” [15]. Pero él va más allá y lo define históricamente en términos de “redes de afinidad” entre los cristianos que han experimentado una vivencia similar y a todos quienes se asemejaron a la Religión del Corazón de Francke y al líder Moravo Zinzendorf.

El Historiador alemán Hans Schneider ha hecho más que nadie en los últimos años para delinear la distinción entre dos tipos de pietistas en los siglos XVII y XVIII: “eclesiástico” y “radical”. El primero, como Spener y Francke, trató de renovar y reformar las iglesias establecidas desde dentro, mientras que el segundo, como Gottfried Arnold y los Inspiracionistas (Hoy en día Colonos Amana en Iowa) abandonaron las iglesias establecidas y frecuentemente buscaban la comunión con Dios en pequeños grupos independientes de creyentes o como individuos. Ya sea eclesiástico o radical, no obstante, Schneider dice, los pietistas evidenciaban una “identidad compartida”: “Se consideraban hijos de Dios, ‘compañeros en Cristo’, y se trataban unos a otros como hermanos y hermanas”. “Como grupo”, argumenta, “todos hablaban el mismo idioma” [16]. Ese lenguaje común consistía en ser “despertados interiormente”, espiritualmente por medio del Espíritu Santo.

El teólogo de la Universidad de Boston Carter Lindberg reconoce la existencia de una “confusa mezcla de estudios pietismo” que hace que cualquier acercamiento a la definición resulte una tarea compleja. [17] Sin embargo, se atreve a entrar donde los ángeles no osan hacerlo, para traernos una “definición en miniatura”: “Un movimiento centrado en la Biblia que se preocupa de la santidad de vida que fluye del corazón regenerado”. [18]

Esta es sólo una muestra de los intentos académicos para definir el pietismo. Sin embargo, ninguna definición me satisface totalmente; quizá pietismo es, como la mayoría de las etiquetas religiosas, otro de esos “conceptos esencialmente polémicos”. No obstante, no me gustaría dejar el asunto ahí. Yo defino el pietismo primeramente distinguiendo entre dos tipos: pietismo como un movimiento religioso histórico que surgió en Alemania y floreció más allá de las fronteras alemanas, especialmente en Escandinavia y América del Norte; y el pietismo como un carácter religioso, un tipo ideal de espiritualidad arraigado y cimentado en el cristianismo protestante y que se extiende desde el pietismo histórico, con antecedentes y sucesiones. Todo el pietismo está ligado de alguna manera a  la labor de hombres como Spener, Francke y Zinzendorf, que tuvieron precursores como el escritor místico Protestante Johann Arndt (1555-1621) y, después que ellos partieron, su ethos espiritual permanece vivo en varias expresiones.

Yo prefiero tratar el pietismo de ambos tipos menos por definición, lo que puede llevarnos a una idea demasiado cerrada y es siempre incompleta, y más por medio del descubrimiento de sus características comunes, sus matices y rasgos distintivos. Sobre esto hay un mayor acuerdo entre los estudiosos que en cualquier definición. Creo que dos de estas características, ambas particulares, de énfasis distintivos espirituales particulares, ata todos los demás juntos, hasta situarse en el centro de una gestalt[3] religiosa-espiritual-teológica que es el pietismo a lo largo de los siglos y en la actualidad. Recibieron expresiones clásicas de Spener, Francke y Zinzendorf, pero el espíritu y su gestalt florecen hoy donde no se escuchan sus nombres. Esos son los conceptos estrechamente relacionados con el hombre interior y la piedad conversional (producto de la conversión). Voy a volver a ellos más tarde. En primer lugar, una breve reseña de las opiniones de otros acerca de las características comunes de pietismo.

Stoeffler establece cuatro características que juntas componen el núcleo distintivo o centro del pietismo que él considera como centrado en lugar de un conjunto acotado. Los márgenes de pietismo se pueden expresar de manera idiosincrática y se le pueden asignar características anexas, pero Stoeffler argumenta, con razón, que el movimiento y sus tipos han de ser entendidos desde su centro y no desde sus márgenes [19]. La primera característica común, el núcleo del pietismo es la creencia de que “la esencia del cristianismo se encuentra en la relación significativa y personal del individuo con Dios”  [20]. Esto es, por supuesto, un resumen de las declaraciones sobre el cristianismo verdadero, esparcidas a través de los sermones y escritos de Spener, Francke, Zinzendorf y todos sus seguidores. Casi a una sola voz condenaron la mera religión formal de aprendizaje “de memoria” y sostuvieron que el propósito de toda la predicación debe ser llevar a los oyentes en “conexión íntima y personal” con Dios por medio del Salvador Jesucristo. Zinzendorf puede haber puesto más énfasis e incluso más sentimiento que otros, pero todos los pietistas estarían de acuerdo con él en que “El creyente puede conversar y caminar con el Salvador al igual que con un amigo invisible” [21].

La segunda característica es el “idealismo religioso” por el cual Stoeffler explica la anti complacencia-espiritual o la complacencia anti-espiritual [22]. El Pietismo siempre hace una distinción entre los cristianos simplemente “comunes” y los cristianos “verdaderos”  y dice que el último implica la transformación interior que efectúa un cambio real en la vida de una persona. Este énfasis pietista fue bien expresado por Francke quien declaró que “la verdadera fe es una obra divina en nosotros, que nos transforma y nos confiere el nuevo nacimiento de Dios, que mata al viejo Adán, y nos convierte en un hombre que es completamente diferente en el corazón, el alma, la mente, y en todas sus facultades” [23].

La tercera característica es la necesidad de conventículos -pequeños grupos religiosos de creyentes verdaderos y cristianos que ejercen el sacerdocio de todos los creyentes a través de estudio de la Biblia y la oración [24].

La cuarta característica del pietismo de Stoeffler es el “énfasis bíblico”, que en realidad  es un biblicismo muy común, pero que creía en una “Biblia abierta” -una Escritura que ilumina a las mentes y los corazones de los verdaderos creyentes comunes y corrientes por el Espíritu Santo que está por encima de todos los pronunciamientos de los teólogos entrenados y eclesiásticos [25]. Spener expresa este punto de vista distintivamente pietista de la Biblia en su clásico Pia Desideria: “No es suficiente oír la Palabra con nuestro oído externo, hay que dejar que penetre en nuestro corazón, para que podamos escuchar el Espíritu Santo hablar allí, es decir, con la emoción vibrante y comodidad sentir el sello del Espíritu y el poder de la Palabra” [26].

Mi propio estudio del pietismo, tanto como un movimiento histórico ahora desaparecido y como ethos aún muy vivo, me lleva a afirmar dos características comunes más importantes, las características principales que son  esenciales para su identidad. Estas vienen a ser como la piedra preciosa en el anillo, siendo el anillo el protestantismo. Al primero lo he llamado, la piedad conversional. Todos los primeros líderes pietistas, con la posible excepción de Spener, hicieron hincapié en la necesidad de una conversión definida que incluye el arrepentimiento y la fe que derivan en la regeneración del creyente. Spener enfatiza el arrepentimiento, la fe y la regeneración con énfasis menos claro en una experiencia de conversión definitiva. Francke tenía su propia dramática experiencia de conversión y llega a la conclusión que “tuve que comenzar otra vez para convertirme en un cristiano” [27]. De ahí que continuó predicando a todos “Del mismo modo, también deben ser renacidos por el estruendo de la potencia de Dios” [28]. Testimonios y exhortaciones similares se pueden encontrar en la mayoría de los pietistas, incluso cuando no estaban de acuerdo sobre cuán emocional debía ser esta experiencia, cuánto sentimiento debe acompañarla (por ejemplo, las lágrimas y suspiros) y si tenía que ser recordada con fecha o no.

Fuera de la regeneración y la conversión, surgiría inevitablemente la “modificación progresiva de la vida”, también conocida como la santificación. El pietismo se ha asociado con el legalismo y no hay duda que algo de verdad hay en eso, pero los primeros pietistas todos afirmaron que la moralidad real surge de una vida transformada, corazón convertido y no es real si se impone y es aceptada a regañadientes. Stoeffler señala con razón que Zinzendorf, como todos los pietistas, insistió en que la fuente real de la vida correcta no es “un conjunto de normas, sino una alegre y afectiva relación personal indeciblemente satisfactoria con el Salvador” [29]. Para todos los pietistas, una vida santa era extremadamente importante, pero nunca debía ser tratada como una carga o como algo impuesto; para ser “santo”, esto tuvo que fluir naturalmente de un temperamento transformado, lo que el predicador puritano escocés Thomas Chalmers (1780-1847) llamó “el poder expulsivo de un nuevo afecto” [30]. Para los pietistas, los afectos usualmente referidos hacia el “corazón”, guían y dirigen la voluntad [31]. El corazón de una persona verdaderamente convertida quiere servir a Dios con la santidad de la vida y la devoción a pesar de que la perfección es escatológica.

La segunda característica común del Pietismo, característica fundamental y esencial para su identidad es la idea del hombre interior. Esta idea un tanto extraña e ideas necesariamente asociadas a ella son algo difícil de definir, pero tal idea aparece prácticamente en todos los tomos y sermones pietistas de alguna manera. Spener destacó en Pia Desideria: “toda nuestra religión cristiana consiste en el hombre interior o el nuevo hombre, cuya alma es la fe y cuyas expresiones son los frutos de la vida, y todos los sermones deben estar dirigidos a este” [32]. Por supuesto, esta noción de “hombre interior” está inseparablemente ligada a la piedad conversional; la conversión y la regeneración cambian al hombre interior, lo que  repercute en cambios del “hombre exterior”, que es una de sus caras empíricas, visto por el mundo en general. De acuerdo con Spener y todos los pietistas, el Evangelio tiene como objetivo la transformación del hombre interior, pero que no es suficiente para que el hombre exterior confiese las doctrinas correctamente o practique la caridad o participe debidamente en los sacramentos y la liturgia. Si el hombre interior de la persona no es transformado por la Palabra y el Espíritu, todas aquellas actividades del hombre exterior, aun siendo realizadas a la perfección, son inútiles.

De hecho, los pietistas van más allá y afirman que la propia muerte de Cristo en la cruz es de ninguna utilidad para el hombre exterior hasta que el hombre interior es tocado por él. El pietista Philip William Otterbein (1726-1813) pronunció la célebre frase “Cristo y su muerte no nos hacen ningún bien a menos que Cristo entre en nosotros, destruyendo el reino de Satanás dentro nuestro, penetrando y renovando nuestro espíritu, alma y cuerpo con su luz y su vida” [33]. Una expresión que solo puede ser propia de Otterbein, pero todos los pietistas afirman que Spener estaría de acuerdo con ella. Gary Sattler, investigador de Francke sostiene que para Francke y todos los pietistas “el punto de partida y principal preocupación es la persona interior” [34]. De acuerdo con él, el “hombre interior” representa el corazón, el alma, la conciencia y la mente. [35] He de añadir que “corazón” significa aquí “afectos” -lo que es amado y deseado. El “hombre interior”, entonces, es la inclinación virtuosa del individuo, lo que él o ella de forma natural y sin coacción externa o interna “se siente inclinado a hacer”. Es esta dimensión de la persona a la que apuntan las predicaciones, la Palabra y el toque del Espíritu, responde con cooperación en arrepentimiento y fe (todos los pietistas fueron sinérgicos), es transformado por Dios en la conversión y regeneración, y desea como también disfruta de la comunión con Dios, vive con devoción y piadosamente, y se inclina progresivamente el hombre exterior hacia la santidad. Francke compara esto con la vida de un árbol: “el seguimiento de Cristo comienza en una forma interior y se mueve hacia el exterior y esto puede ser entendido en la semejanza de un árbol” [36]. En otras palabras, las raíces deben estar sanas para que las ramas y las hojas florezcan.

Otros matices, rasgos y características claves, preocupaciones y compromisos, pueden ser identificados como esenciales para el pietismo histórico o el ethos pietista. Stoeffler mencionó conventículos, grupos pequeños, collegia pietatis como un sello distintivo. Eso sería cierto en especial en el movimiento histórico; si esto necesario para un ethos pietista es discutible. Ciertamente ha habido pietistas a lo largo del último tiempo, durante tres siglos que no han hecho hincapié en esto. Considero eso más como una contribución del movimiento pietista a la iglesia en general, que como una característica necesaria del ethos pietista. También se podría debatir la escatología y su relación con el pietismo. La mayoría de los estudiosos señalan que Spener y Francke y muchos de sus seguidores eran Quiliastas milenialistas o de una idea similar. Strom considera que ésta es una de las características esenciales del pietismo histórico [37]. Sin duda Spener era una especie de postmilenialista; creía en una próxima nueva era de “tiempos mejores” para la iglesia y la sociedad que será inaugurada por el mismo Dios, con la participación humana. Su programa para la reforma de la iglesia y la sociedad estaba destinado a acelerar las cosas hacia lo que sería el reino de Dios en la tierra. Francke no era tan abiertamente postmilenial, pero criticó abiertamente a aquello que Richard Gawthrop tildó como “espiritualidad prometeica”, destinada a transformar toda la sociedad cambiando la vida de las personas [38]. Sin duda, muchos pietistas radicales cayeron en especulaciones apocalípticas y algunos incluso intentaron establecer la fecha del regreso de Cristo [39]. Sin embargo, no considero el milenarismo o apocalipticismo o cualquier foco en la escatología como parte esencial del espíritu pietista.

Empecé mencionando que el pietismo tiene una mala reputación. ¿Por qué es así? ¿Creerán la mayoría de los cristianos estadounidenses muchas de estas mismas cosas? Bueno, al menos muchos lo hacen, sobre todo aquellos que se llamaban a sí mismos “evangélicos”, antes de que la derecha religiosa se apropiara del término. Mi argumento es que el verdadero, pietismo histórico y el ethos pietista, han jugado y siguen jugando un papel importante en la fe evangélica contemporánea. Sin embargo, no todo el mundo tiene una impresión positiva del pietismo y eso incluye muchos de los que se llevan con orgullo la etiqueta de “evangélico”. Ciertamente, muchos de los llamados críticos “principales” tienen impresiones negativas de este y no todos ellos son meros estereotipos derivados de la ignorancia. El pietismo fue controversial durante su apogeo como movimiento y ha seguido siendo un tema controvertido. Lo que quiero hacer aquí es aclarar algunos de los mitos más comunes y conceptos erróneos sobre el pietismo que hacen que sea controvertido, si bien admito que tiene algunas debilidades inherentes que incluso los pietistas deben considerar.

Gran controversia y debate acompañaron al  pietismo en sus primeras etapas. Spener era un promotor muy cauteloso del pietismo, que citó a Lutero a menudo y afirmó estar de acuerdo con todo lo que Lutero enseñó, pero aún así era acusado por sus oponentes, en su mayoría predicadores del llamado “partido ortodoxo” dentro de las iglesias luteranas , de enseñanzas heréticas [40]. Sobrevivió a los cargos y acusaciones debido a que en repetidas ocasiones las investigaciones del gobierno absolvían a Spener, Francke y otros líderes pietistas dentro de las iglesias del estado, de los cargos de herejía y  corrupción. Sin embargo, Spener tuvo que salir de Frankfurt, donde sirvió como un tipo de superintendente del distrito sobre muchas parroquias luteranas y luego también en Dresden, donde fue capellán de la corte. Terminó en Berlín, protegido por el príncipe elector Federico Guillermo de Prusia quien finalmente abrazó el pietismo. Sus críticos hicieron de su vida un infierno de todos modos. Lo mismo puede decirse de Francke, que constantemente debía refutar acusaciones falsas y ataques. Al igual que Spener, que estaba protegido por el rey. Zinzendorf no tuvo la misma suerte; sus palabras y formas controvertidas le llevaron a ser expulsado de su tierra natal, Sajonia, en más de una ocasión.

¿Cuáles han sido y son las principales acusaciones formuladas contra el pietismo por los críticos religiosos? (Voy a dejar a un lado los críticos seculares aquí, la mayoría de los cuales consideran pietismo simplemente fanatismo religioso). Entre los más prominentes y en parte son verdaderos están, el subjetivismo y el individualismo religioso, anti-intelectualismo, el quietismo extramundano (otherwordly), el rechazo de la doctrina protestante clave de la justificación por la fe, es decir, semi-pelagianismo, y el legalismo severo. Todos estos se pueden encontrar esparcidos en los libros escritos contra el pietismo, como los famosos tres volúmenes de historia del pietismo, donde el influyente teólogo alemán del siglo XIX, Albrecht Ritschl, concluyó que el pietismo era más afín a lo medieval, católico, monástico, místico y ascético que al protestantismo [41]. Karl Barth tenía una batalla declarada contra el pietismo a pesar de que admitió su influencia en su propia teología a través de Franz Overbeck (1837-1905) y los Blumhardts, Johann (1805-1880) y Christoph (1842-1919) [42]. Según Barth, el pietismo equivale a “individualismo religioso” y “quietismo”, una huida del mundo. También lo acusó de semi-pelagianismo, es decir, que hizo hincapié en exceso a la contribución humana en la salvación, en desmedro de la soberanía de Dios en la salvación [43].

Aquí sólo será posible responder a algunos de los principales cargos y acusaciones contra el pietismo. Me centraré en las demandas de que este es subjetivo y anti-intelectual, quietista y extramundano, semi-pelagiano o insuficientemente protestante.

¿Qué pasa con la afirmación de que el pietismo es endémicamente subjetivo y anti-intelectual con respecto a la doctrina y la teología? Los defensores de Spener y Francke han demostrado de manera concluyente que no rechazan la vida de la mente; simplemente se considera a la mucha teología como especulativa y una distracción del punto central del cristianismo. Stoeffler señala con razón que “pietistas como Spener [es decir, pietistas eclesiásticos] constantemente advirtieron a sus seguidores contra los peligros del subjetivismo” [44]. Spener y Francke también insistieron en la catequesis exhaustiva a niños y  conversos [45]. Sin embargo, el principal foco de atención negativo ha sido en Zinzendorf a causa de su profundo rechazo de la teología sistemática. A menudo él decía que cuando se encasilla al cristianismo en un sistema, lo has matado. Se mantuvo en contra de todos los enfoques racionalistas al cristianismo porque creía que la trascendencia de Dios incluye inevitablemente misterio y termina en la paradoja. Pero lo más importante, consideraba la teología sistemática y la apologética racional como ajenas a la naturaleza personal de la fe: “forzar a la religión en un tejido fino de armonía racional [para él], no puede sustituir a la fe, de hecho, simula fortalecer la fe, creando la impresión de que la creencia es un problema matemático” [46]. En una típica forma Zinzendorfiana, el conde hizo un llamamiento a los teólogos para evitar convertir la fe en una experiencia de estímulo mental.

Este es el punto donde a uno le gustaría por el amor de Dios para pedirles a todos los teólogos, si tan sólo pudieran oír, que no se tomen este tipo de molestias constantemente para representar a nuestra religión como de acuerdo con la razón y con el sentido común. Si a los escritos de este tipo les asignan el valor  de un panfleto, con los cuales una persona se gana la vida, entonces puede pasar. Pero tan pronto como se toma en serio, tan pronto como quieren demostrar a los ateos y deístas comunes y a personas como estas, de que nuestra religión es una sabiduría enraizada en sus cabezas, un discernimiento que pueden tomar a su manera, entonces ellos están obviamente trillando paja vacía, conforme a todas las instrucciones de la Escritura [47].

Por otro lado, a pesar de esta aversión a la teología muy racional y sistematizada, Zinzendorf mismo era un estudiante de teología y muy instruido en la filosofía. Spener y Francke y pietistas posteriores, como el gran biblista Johann Albrecht Bengel (1687-1752) eran estudiantes ávidos de la Escritura, incluyendo las lenguas y los comentarios originales, y enseñaron a sus feligreses y estudiantes a leer y a estudiar. Es cierto que, en su mayor parte, tuvieron poca utilidad para la Ilustración filosófica que estaba en pleno apogeo durante su época. Con Blaise Pascal responderían a Descartes con la pregunta “¿usted ama con la razón?” Sin embargo, hay muy poca evidencia de que los pietistas originales fuesen “necios por amor de Cristo” o que  promoviesen la ignorancia. De hecho, la evidencia apunta en la dirección opuesta. James Tanis, estudioso del Pietismo dice acerca de los primeros pietistas “celosos por la alta educación” [48].

¿Hay, sin embargo, una inclinación inherente a la anti-intelectualidad en el espíritu pietista? Creo que es muy posible; muchos pietistas han abandonado las búsquedas académicas refiriéndose al seminario como “cementerio” y advirtiendo a estudiantes de teología como yo “recuerda, ¡no hay nada peor que un idiota con educación!” (¡Que es lo que un tío pietista me dijo el día antes de que yo dejara de estudiar con Pannenberg en Munich!). Pero el anti-intelectualismo y el subjetivismo no están necesariamente ligados solamente al pietismo; ellos son parte de la estructura misma de la sociedad americana. Yo diría que el subjetivismo y el anti-intelectualismo no son propios del pietismo per se, sino que son evidencias de su caída desde la visión de sus fundadores y primeros líderes. El Teólogo Donald Bloesch, como lo mencioné anteriormente, mi mentor en muchos sentidos, era todo menos subjetivista o anti-intelectual, incluso quería conservar la prioridad de la fe sobre la razón en cuestiones de la verdad cristiana [49]. Fue ampliamente instruido en  filosofía, teología y estudios bíblicos, un estudiante de la cultura y un escritor prolífico de tratados académicos en teología, ética y espiritualidad. Si él fue subjetivista o anti-intelectual, se debe solamente a que elevó la revelación y la fe por sobre un enfoque fundacionalista de la teología.

El pietismo a menudo ha sido acusado de ser quietista y extramundano. ¿Qué tan cierta es la acusación? Una vez más, voy a argumentar que no es cierto en lo que respecta al movimiento pietista, si bien puede tener alguna validez en relación con el ethos pietista como llegó a expresar después Spener, Francke, Zinzendorf y sus seguidores. Sin embargo, muchos líderes pietistas después de ellos han evidenciado fuertes compromisos éticos e incluso han estado activos en algo muy similar al evangelio social.

El erudito Pietista Luterano Paul R. Kuenning muestra en El Ascenso y Caída del Pietismo Luterano Americano que el verdadero pietismo nunca ha sido, ni extramundano ni quietista. Con respecto a la acusación de quietismo.

El Pietismo luterano alemán a menudo se ha caracterizado como quietista o extramundano, como impulsor de una espiritualidad subjetiva que se retiró a su propio mundo de la ascesis mística o piedad privada. La inexactitud de estas descripciones cuando se aplica al luteranismo pietista clásico de la escuela Spener-Francke se hace evidente a través de un examen incluso superficial de su exuberante activismo ético [50].

Al igual que muchos otros estudiosos del pietismo, Kuenning corre a través de una larga lista de pietistas que han demostrado su preocupación social, incluyendo especialmente Francke, que plantea a través de sus Instituciones en Halle (Alemania), la transformación de la sociedad de Prusia y el mundo. Especialmente, el pietismo de Württemberg fue adoptado por prominentes personajes tales como Bengel, Oettinger y los Blumhardts, quienes estuvieron social y políticamente comprometidos de formas muy  progresistas. Esto ha sido demostrado por el investigador del pietismo Frank D. Macchia en Espiritualidad y Liberación Social (Metuchen, Nueva Jersey: The Scarecrow Press, 1993). Kuenning concluye que, en resumen, el pietismo luterano alemán exhibía en todos sus niveles, una preocupación por los pobres y oprimidos, bastante progresista para su época y un activismo ético sin precedentes en la historia del luteranismo. Desde una perspectiva del siglo XX, bien puede ser acusado de defender un enfoque parche a los problemas sociales, pero no cabe duda que hizo una sólida contribución a la expansión de un concepto de la justicia social. Este contenía el ímpetu y la teología bíblica racional para las cruzadas morales, abolicionistas, y evangelistas sociales del siglo XIX [51].

Kuenning no deja el asunto con afirmaciones como esas; todo su libro es un examen minucioso de dos estudios de casos particulares de pietismo y avivamiento luterano en los Estados Unidos previo a la guerra. El pastor luterano y líder pietista J. G. Schmucker (1771-1854) fue un poderoso predicador, evangelista, fundador de seminario (Seminario de Gettysburg), reformador moral y luterano confesional que tuvo un papel destacado en el abolicionismo, algo por lo que pagó un alto precio personal. Durante el mismo período antes de la guerra hubo un fuerte sínodo luterano alemán antiesclavista llamado el Sínodo Franckeano después de August Hermann Francken. El epicentro fue ubicado en el estado de Nueva York y tomó una postura firme contra la esclavitud. Este también fue completamente revivalista. El sínodo ordenó al primer afroamericano en el ministerio luterano [52]. El tiempo y el espacio no permiten una larga descripción acerca del sínodo de Schmucker o Francken; solo baste decir que aquí se refuta cualquier afirmación de que el pietismo es inherentemente quietista o extramundano.

¿Es posible, sin embargo, que una tendencia quietista y extramundana se escondan dentro del espíritu pietista? Considero que es una posibilidad muy real. Al igual que todos los valores religiosos, el pietismo alberga ciertas tendencias que, si se toman demasiado en serio, tienen efectos nocivos. Ciertamente, los pietistas entre los cuales me crié, eran quietistas y extramundanos. Una posible explicación es la inclinación de la cristiandad evangélica hacia premilenarismo e incluso al apocalipticismo dispensacional, en la era posterior a la Guerra Civil bajo la influencia de D. L. Moody y el fundamentalismo. Puede ser que muchos pietistas quedaran atrapados en ellas, exacerbando una tendencia natural de cualquier movimiento espiritual fuertemente introspectivo dejando de lado el propósito real de entregar esperanza al mundo.

Por último, ¿qué hay acerca de la acusación de que el pietismo es inherentemente semi-pelagiano y no protestante debido a su enfoque en las buenas obras y la contribución humana a la salvación? Una vez más, creo que puede haber algo de verdad en esto en relación con el ethos pietista, especialmente en lo que se ha desviado de las intenciones de los líderes del movimiento pietista. El pietismo siempre ha hecho hincapié en la participación de la persona humana en su salvación, pero los pietistas originales fueron cuidadosos en conservar la iniciativa divina y hacer hincapié en que la salvación es sólo por gracia de Dios y recibida a través de la fe sola.

Ciertamente Spener, Francke y Zinzendorf, así como sus seguidores, colocan el énfasis de la soteriología en la conversión y la regeneración, pero nunca negaron la justificación objetiva. Según Brown, “Spener sintió que la metáfora de Juan y Paulina acerca de la regeneración representó una conclusión y una mejora más que un sustituto de la metáfora igualmente bíblica de la justificación” [53]. Sattler observa con razón que Francke estaba totalmente de acuerdo con Lutero acerca de la salvación siendo todo la obra de Dios: “visto teocéntricamente, todo lo que sucede [en la salvación] es de Dios. Experimentado antropocéntricamente, hay un esfuerzo humano requerido y que se utilizará en la purificación del corazón de uno” [54]. Otterbein rechazó totalmente cualquier sistema medieval basado en méritos y penitencia y predicó que “es seguro que no podemos merecer la bienaventuranza eterna ni completamente ni en parte. Es cierto que todo es por gracia libre y que somos bendecidos por la gracia” [55]. Sin embargo, como la mayoría de los pietistas, Otterbein también predicó que “es igualmente cierto que, a pesar de todo esto, la diligencia en las buenas obras, o una vida santa y piadosa, es absolutamente necesaria” [56]. Pero, como todos los primeros pietistas, dejó en claro que las buenas obras son realizadas por los regenerados por agradecimiento y para honrar y alabar a Dios y no porque la justificación dependa de ello [57].

Tal vez ninguna cantidad de citas referentes a los primeros pietistas satisfaga a quienes sospechan que el pietismo alberga un cierto énfasis oculto en el mérito humano en la salvación; los calvinistas siempre piensan esto acerca de los  arminianos y que incluso como arminianos niegan esto vehementemente y afirman que la salvación es iniciada por Dios y que Dios hace todo el “trabajo” de ahorro. Sin embargo, la mayoría de los teólogos pietistas pioneros como más actuales, han afirmado fuertemente la justificación, incluso han intentado recuperar un énfasis protestante sobre la vida devota y santa. Una vez más señalaré a Bloesch como mi ejemplo. Él afirma categóricamente que la salvación es sólo por gracia de Dios y que la justificación y la santificación son momentos distintos en el drama de la salvación. Sin embargo, él está del lado de los pietistas y dice que esto es algo que podemos aprender de ellos: “Si bien reconocen la prioridad lógica de la justificación, nos recuerdan su inseparable conexión con la santificación. Están de acuerdo con el juicio de los reformadores que Dios nos ama tal como somos; pero van siempre a afirmar que Dios quiere que seamos como él” [58].

Mi sospecha es que el énfasis en la decisión molesta a muchos críticos protestantes del pietismo; a algunas personas muy alérgicas a cualquier participación humana en el acto de la salvación esto suena inevitablemente a justificación por obras y tal vez esto no es más que una de esas líneas divisorias en teología que no se pueden nivelar. Bloesch bien expresa el compromiso clásico pietista así: “el hombre aún no ha sido salvo hasta que se apodera de esta justificación en la decisión de fe. Dios ha actuado con decisión para nuestra salvación, pero debemos responder a su oferta de salvación, a pesar de que podemos hacerlo sólo a través de su Espíritu” [59].

¿Caen muchos pietistas en una especie de obras de justificación implícitas por enfatizar la decisión humana en desmedro de la iniciativa y la autonomía divina? No hay duda. Puede que esta sea una debilidad inherente en el pietismo de la que hay que protegerse. Sin embargo, mi propio estudio de los primeros pietistas y más tarde lumbreras del pietismo me ha llevado a concluir que estaban completamente de acuerdo con Lutero y los otros reformadores en que la salvación es sólo por gracia de Dios y que incluso nuestros primeros pasos hacia Dios son posibles gracias a la gracia.

Lo que he tratado de hacer aquí es recuperar el pietismo y reparar su reputación tanto como sea posible en una breve presentación. También he tratado de ser lo más objetivo posible y admitir que el pietismo tiene sus debilidades. Esta es mi estudiada opinión: que, a pesar de sus inherentes tendencias negativas, el pietismo, correctamente entendido en términos de sus fundamentos históricos y su ethos teológico-espiritual básico, tiene mucho que aportar al cristianismo en esta era postmoderna. Voy a desempaquetar la tesis con más detalle en mi segunda presentación. Aquí me limitaré a comentar algunos dichos posibles y contribuciones positivas.

En primer lugar, un pietismo recuperado, restaurado, purificado de los extremos a los que ha sido llevado a veces, puede ayudar a infundir vida a congregaciones secas y muertas. Este fue, por supuesto, el principal objetivo de los pietistas originales, especialmente aquellos en que me he centrado, en cómo los pietistas “eclesiásticos” no sacuden el polvo de sus zapatos y abandonan las iglesias establecidas por la espiritualidad individualista.

Estoy de acuerdo con Stoeffler que corrige las ideas falsas sobre el movimiento pietista como los entusiastas sentimentales que disfrutan de la emoción por su propio bien. Más bien, él afirma, Los pietistas principales fueron hombres sobrios que estaban considerablemente más preocupados por llevar la cruz y la reforma moral de la persona que a estados emocionales placenteros, aunque es altamente cuestionable sí o no este último puede o debe ser eliminado completamente de una fe religiosa significativa en cada individuo. Lo que se esforzaron por hacer era subsanar en ese entonces lo innecesario de la ortodoxia en favor de la cristiandad de los reformadores, la que era vivida, vital y por ello una fe afectivamente satisfactoria [60].

Cada estudioso del pietismo temprano que he leído, ha dicho lo mismo acerca de los hombres como Spener, Francke, Zinzendorf, Arnold, Tersteegan, Oetinger, Bengel, etc. Su atención se centró en la renovación de la iglesia y la vitalidad, no en sentimientos positivos para su propio beneficio.

Bloesch, el teólogo evangélico a finales del siglo 20, que también era de vanguardia y pietista, hizo hincapié en la experiencia del Dios vivo que es la vida y el mundo a través de una transformación de la teología de la gloria que a menudo es el signo de un pietismo extinguido. Luchó tanto contra el misticismo quietista como contra el entusiasmo religioso radical al tiempo que afirma “la fe como una experiencia de vida, así como la decisión y la confianza” [61]. Bloesch habló a menudo de la vida cristiana como un drama y una batalla que trasciende el mero ritual o dogma. “Afirmamos”, escribió, “que la vida de devoción es el campo de batalla en el que se lucha por nuestra salvación para recuperarla continuamente” [62].

Entonces, ¿Qué relación tiene todo esto con la renovación de la iglesia y la vitalidad? Lo que falta en muchas congregaciones es el sentido de lucha, a excepción de luchar para mantener la institución. El Pietismo inyecta una sensación de tensión dinámica y  de victoria en la vida cristiana; insiste en que el objetivo principal del cristianismo es la transformación, no la mera información u organización. Con demasiada frecuencia, los pastores de vanguardia y sus congregaciones, piensan que cualquier énfasis en la espiritualidad transformadora está ligado a fenómenos carismáticos,y de esa forma se alejan de la experiencia espiritual que toca los afectos por completo. Pero ¿está bien llorar en una película, y no en la iglesia? ¿Por qué está bien emocionarse en un evento deportivo, pero no durante el culto o en la oración? ¿Y por qué estas evidencias de vida tienen que ser fanáticas o extrañas y aterradoras? El Pietismo es una vasta región inexplorada de la espiritualidad cristiana entre la ortodoxia muerta y el ritualismo, por un lado, y carismático-pentecostal en el otro.

La segunda propuesta de contribución del Pietismo está estrechamente ligada a la primera. Un pietismo recuperado y restaurado, despojado de extremismos y lleno de riqueza en su contenido tal como sus fundadores lo concibieron, puede apelar al deseo de una experiencia espiritual de las personas. Con demasiada frecuencia, los pastores y líderes de la congregación, por temor al fanatismo y las rarezas religiosas, hacen retroceder por completo toda idea de experimentar a Dios a través de Jesucristo en el poder del Espíritu Santo. Pero esto es ignorar el deseo natural de sentir algo y ser cambiado que se encuentra tan profundamente dentro de nosotros. No estamos hechos para vivir doctrinas y ceremonias por sí solas; mientras que empujamos por la puerta a las experiencias religiosas (excepto, quizás, una tranquila clase de meditación yoga en el sótano), la gente está buscando la experiencia espiritual donde puedan encontrarla. El pietismo insiste en que el cristianismo auténtico siempre incluirá una apelación a los afectos y no sólo el intelecto o la voluntad. La descripción del erudito pietista Gerhard Tersteegen (1697-1769) acerca del pietista Hansgünter Ludewig expresa también el deseo de la mayoría, si no, de todo corazón humano: “su búsqueda fue menos por un Dios de gracia pero más por la presencia de Dios. Él deseaba saber por la experiencia personal de que Dios está con él” [63]. Muchos, si no la mayoría de la gente hoy en día, al igual que Tersteegen, está menos preocupada por los problemas de la culpa y la justificación que sobre los temas de la presencia personal de Dios con y en ellos. El pietismo marca un camino hacia un Cristianismo experiencial no fanático, que trae transformación y seguridad a través de una relación personal con Dios que no solo queda en la promesa sino que avanza a una vivencia real.

La tercera propuesta de contribución positiva del pietismo para un cristianismo renovado es una expresión práctica de la fe que brota del deseo interno y no del miedo o la manipulación. Todo el énfasis de los pietistas y del espíritu pietista, en su mejor momento, está en una vida santa y no pretende ser mero legalismo. Bloesch afirma audazmente que la santificación, un énfasis importante del pietismo, no es el apego a un código de conducta externo,  sino que se “preocupa por el desarrollo de una personalidad santa” [64]. ¿Cómo se ve esto en el pietismo renovado y restaurado? Bloesch deja claro que no se trata de justicia propia puritana. Se trata más bien de alcanzar “una madurez espiritual que refleja y proclama la santidad perfecta de Jesucristo” [65]. Al igual que muchos otros que recientemente han vuelto a descubrir el verdadero pietismo, Bloesch sostiene que esta personalidad transformada y santa no se volverá hacia el interior sobre sí mismo en mirarse el ombligo místicamente. Más bien, “el pecador convertido estará principalmente preocupado por la perdición espiritual del hombre, pero también agoniza por las injusticias que la condición perdida del hombre engendra” [66].

La teóloga pietista Clifton-Soderstrom hace hincapié en esta dimensión práctica hacia el exterior del pietismo, que lucha por la transformación de la sociedad y no sólo el individuo. De acuerdo con ella, pero no sólo ella, “en el corazón de la ética pietista está  la ética centrada en la práctica que encuentra su origen en la formación del carácter cristiano”. “En cierto sentido,” continúa, “la vida externa se trataba sobre dar todo de nuevo a Dios. La belleza de su ética cristiana fue que promulgaron la justicia, la compasión, la misericordia y la evangelización a lo largo del camino” [67]. Ella aboga por un sentido del pietismo como ética de la virtud; el nivel de entrega busca formar el carácter compasivo. Ella apunta a Spener, Francke, Zinzendorf y otros pietistas, incluso radicales, como Johanna Eleonora Peterson (1644-1724) como ejemplos de activistas pietistas que buscaban la transformación eclesiástica y social a través del activismo en representación de los pobres y oprimidos.

El pietismo tiene como objetivo la transformación de las afecciones que conducen a cambios de la voluntad que resulta en actos de compasión. Con demasiada frecuencia, nuestras iglesias tratan de manipular a la congregación en cuanto a la caridad y el trabajo ya que allí no existe iniciativa propia de gratitud y voluntad a estas prácticas. Una dosis de experiencia espiritual provocada por el arrepentimiento y la fe en respuesta a la poderosa palabra de la cruz podría dar lugar a un avance en la construcción del reino más que todas las apelaciones que hacemos en nuestros boletines y desde nuestros púlpitos. No me atrevo a apelar a mi propia experiencia en lo que se supone que es una presentación de expertos, pero alguna vez formé parte de una iglesia que se rehusaba a pedir dinero o a pedir voluntarios y aun así sobraba gente dispuesta todo el tiempo. ¿Por qué? Debido a que la congregación vio con sus propios ojos, sus vidas siendo transformadas por el poder de Dios y oyó poderosos testimonios de transformación de personas inútiles a la sociedad. Esa iglesia hoy en día, aunque relativamente pequeña, es un canal de bendición tangible a miles de personas que pasan hambre en su comunidad cada año.

Por último, sugiero que un pietismo recuperado y restaurado puede ayudar a hacer teología relevante para los jóvenes posmodernos que buscan algo distinto de los sistemas escolásticos, racionalistas secos, dogmáticos o teologías naturalistas acomodadas a la ahora moribunda cultura ilustrada del antropocentrismo. Me acuerdo perfectamente de las paradojas de la vida de estudiante en la Universidad Rice cuando estaba estudiando para mi Ph.D. en estudios religiosos. La Universidad Rice es un bastión del naturalismo y la ciencia, por lo cual es extraño que tenga un Departamento de Estudios Religiosos. La mayoría de los estudiantes en Rice pertenecen a las carreras de las llamadas ciencias duras y es conocida por esto. Sin embargo, mientras impartía cursos tales como “deidad, misticismo y ocultismo” descubrí un oculto y animado interés en la religión esotérica entre los estudiantes. Recuerdo un caso en especial. Hospedamos a un grupo de místicos sufíes literalmente derviches que llegaron en un autobús vestidos con sus insignias y ropajes. Ellos entraron en el gran salón de banquetes y conferencias y formaban un círculo alrededor de su “Pir” o líder que luego los dirigió en sus elaboradas danzas de éxtasis místico hasta que se derrumbaron de agotamiento.

Lo que me fascinó fue la cantidad de estudiantes que asistieron a este espectáculo lleno de energía de la mística en meditativa solidaridad con los sufíes. Muchos estudiantes que yo sabía que eran estudiantes de ingeniería, ciencia molecular y física nuclear estaban sentados en posiciones de loto, con los ojos casi cerrados, cantando en voz baja mientras los sufíes bailaban. También me di cuenta de grupos de estudiantes que estudian y practican Wicca y Eckankar y Cienciología y muchas otras religiones esotéricas. En su mayor parte, atrajo a la apologética cristiana racionalista organizada por fundamentalistas que se rieron fuera del patio de estos científicos de día y ocultistas vespertinos.

Durante esos días, Martin Marty visitó el campus y habló de sectas y nuevas religiones en América. Era la época de Jim Jones y el Templo del Pueblo, la conciencia de Krishna y hasta el satanismo. Alguien le preguntó a Marty cómo estos cultos podrían prosperar en la era moderna de la razón y la ciencia natural. Nunca olvidaré las palabras de Marty. Dijo: “cuando los policías naturalistas de la ciencia moderna golpean a las personas sobre las cabezas con sus porras seculares, la gente comienza el contrabando de dioses en bolsas de papel”.

Creo en un pietismo recuperado y restaurado, que se purifica y puede ayudar a las principales iglesias cristianas a entregar la tan anhelada dimensión experimental que muchas personas buscan en la religión sin pedir nada prestado de las religiones orientales o esoterismo y sin llegar a ser carismático (y no es que haya nada malo en ello).

*Connotado teólogo pietista estadounidense. Doctor y profesor de teología, ordenado pastor bautista.

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Publicado originalmente en Patheos, 2011. Traducción de Daniel Antilef Valdebenito.

Notas del traductor:

[1] Personaje recurrente en una serie de comedias en el programa de televisión estadounidense sábado por la noche en vivo desde 1986 a 1990. Parodia de la superioridad moral de algunos “Fieles Cristianos.”

[2] Charles H. Gabriel : Escritor y compositor de himnos Evangélicos, entre ellos ; Calling the Prodigal, Oh That will be Glory, His eye  is on the Sparrow, entre otros.

[3] Término que proviene del Alemán, no tiene traducción única pero puede entenderse como ; forma, figura o estructura.

Notas del texto:

[1] Mark R. Talbot, “What’s wrong with Pietism?,” Modern Reformation (March, 2002).

[2] Bob DeWay, “How Pietism Deceives Christians: The Errors of Elitist Teachings in the Church” at “Critical Issues Commentary” blog:http://cicministry.org/commentary/issue101.htm.

[3] F. Ernest Stoeffler, The Rise of Evangelical Pietism (Leiden: E. J. Brill, 1971), 1.

[4] Michelle A. Clifton-Soderstrom, Angels, Worms, and Bogeys: The Christian Ethic of Pietism (Eugene, OR: Cascade Books, 2010), 10.

[5] Jonathan Strom, “Problems and Promises of Pietism Research,” Church History71:3 (September, 2002), 549.

[6] Stoeffler, Rise, 8.

[7] Ibid., 23.

[8] Ibid., 12-13.

[9] Ibid., 15.

[10] Ibid.

[11] Ibid., 9.

[12] Ibid., 72.

[13] Ted Campbell, The Religion of the Heart: A Study of European Religious Life in the Seventheenth and Eighteenth Centuries (Columbia, S.C.: University of South Carolina Press, 1991), 71.

[14] W. R. Ward, The Protestant Evangelical Awakening (Cambridge, UK: Cambridge University Press, 1992), 57.

[15] D. F. Durnbaugh, “Communication Networks as One Aspect of Pietist Definition,”Pietism in Germany and North America 1680-1820, eds., Jonathan Strom, Hartmut Lehmann, James Van Horn Melton (Burlington, VT: Ashgate, 2009), 33, 49.

[16] Hans Schneider, German Radical Pietism, trans., Gerald T. MacDonald (Lanham, MD: The Scarecrow Press, 2007), 185.

[17] Carter Lindberg, “Introduction” in The Pietist Theologians (Blackwell, 2005), 2.

[18] Ibid., 4.

[19] Stoeffler, Rise, 12.

[20] Ibid., 13.

[21] Peter Vogt, “Nicholas Ludwig von Zinzendorf (1700-1760)” in Lindberg, The Pietist Theologians, 213.

[22] Stoeffler, Rise, 16.

[23] Quoted in F. Ernest Stoeffler, German Pietism During the Eighteenth Century(Leiden: E. J. Brill, 1973), 8.

[24] Stoeffler, Rise, 19.  No quote is provided here simply because most of the early Pietists did not comment on this essential idea, but all practiced it.  Spener instituted conventicles during his pastorate in Frankfurt and described their importance in Pia Desideria, 87-90.

[25] Ibid., 20-22.

[26] Philip Jakob Spener, Pia Desideria, trans., Theodore G. Tappert (Philadelphia, PA: Fortress Press, 1964), 117.

[27] Emilie Griffin and Peter C. Erb, eds., The Pietists: Selected Writings (San Francisco, CA: HarperSanFrancisco, 2006), 44.

[28] Ibid., 59.

[29] Stoeffler, German Pietism, 153.

[30]See http://network.org/christian-beliefs/the-holy-spirit-and-christian-living/getting-stuck-in/the-expulsive-power-of-a-new-affection.htm.

[31] Gary R. Sattler, Nobler than the Angels, Lower than a Worm: The Pietist View of the Individual in the Writings of Heinrich Müller and August Hermann Francke(Lanham, MD: University of America Press, 1989), 73.

[32] Spener, Pia Desideria, 116.

[33] Quoted in J. Steven O’Malley, Early German-American Evangelicalism(Lanham, MD: The Scarecrow Press, 1995), 29.

[34] Sattler, Nobler than the Angels, 41.

[35] Ibid., 43.

[36] August Hermann Francke, “On Christian Perfection” in Pietists: Selected Writings, ed., Peter C. Erb (New York, Ramsey, Toronto: Paulist Press, 1983), 138.

[37] Jonathan Strom, “Introduction,” Pietism in Germany and North America 1680-1820, 2.

[38] Richard L. Gawthrop, Pietism and the Making of Eighteenth Century Prussia(Cambridge, UK: Cambridge University Press, 1993), 149.

[39] For example, Pietist leader Johann Albrecht Bengel (1687-1752), a widely acclaimed biblical scholar and member of parliament, set the date of Christ’s return as June 18, 1836!  See Lindberg, The Pietist Theologians, 231.

[40] Justo Gonzalez, A History of Christian Thought, Volume III, rev. ed. (Nashville, TN: Abingdon Press, 1987), 302.

[41] See for example, Hartmut Lehman, “Pietism in the World of Transatlantic Religious Revivals,” in Pietism in Germany and North America, 14.

[42] See Eberhard Busch, Karl Barth and the Pietists, trans., Daniel Bloesch and Donald Dayton (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2004).

[43] These accusations are scattered throughout Busch’s volume but especially pages 29-113.

[44] Stoeffler, Rise, 10.

[45] See Clifton-Soderstrom, Angels, Worms, and Bogeys, 35-36.

[46] Ward, The Protestant Evangelical Awakening, 123.

[47] Nicholas Ludwig Count von Zinzendorf, Nine Public Lectures on Important Subjects, translated and edited by George W. Forell (Iowa City, IA: University of Iowa Press, 1973), 78.

[48] James Tanis, “Reformed Pietism in Colonial America” in Continental Pietism and Early American Christianity (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1976), 57, 67.

[49] No doubt some would consider Bloesch’s approach to theology anti-intellectual because of his “fideistic revelationism” as expressed in The Ground of Certainty(Eugene, OR: Wipf & Stock, 2002).  However, he was not anti-intellectual in the sense of eschewing higher education or ignoring the findings of science or encouraging blind faith or ignorance.

[50] Paul P. Kuenning, The Rise and Fall of American Lutheran Pietism (Macon, GA: Mercer University Press, 1988), 13.

[51] Ibid., 16-17.

[52] Ibid, 139.

[53] Brown, Understanding Pietism, 37.

[54] Sattler, Nobler than the Angels, 49.

[55] O’Malley, Early German-American Evangelicalism, 75.

[56] Ibid.

[57] Ibid., 77.

[58] Bloesch, The Crisis of Piety, 43.

[59] Ibid., 29.

[60] Stoeffler, Rise, 10-11.

[61] Bloesch, Crisis, 158.

[62] Ibid., 16.

[63] Hansgünter Ludewig, “Gerhard Tersteegen (1697-1769)” in The Pietist Theologians, 193.

[64] Bloesch, Crisis, 85-86.

[65] Ibid., 89.

[66] Ibid., 93.

[67] Clifton-Soderstrom, Angels, Worms, and Bogeys, 16-17.

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