Interior Abadía de Westminster. Fotografía tomada de http://www.viajejet.com/la-abadia-de-westminster/interior-abadia/

Dale M. Coulter*

En diciembre (2013), Peter Berger escribió una corta reflexión sobre la invitación del Arzobispo Justin Welby a 4 miembros de la comunidad Católica Carismática Chemin Neuf a vivir y orar en el Palacio Lambeth. Su reflexión estuvo basada en una historia en The Tablet. Para Berger, este desenvolvimiento fue una sorpresa agradable y representó un tipo de invasión del pentecostalismo global al corazón del anglicanismo. Tengo una fuerte apreciación por el interés de Berger en las dinámicas y extensión del “pentecostalismo”, que él utiliza como una abreviatura para todo el movimiento pentecostal y carismático. Como he dicho antes, los pentecostales necesitan amigos como Berger que combinen sensibilidad con diálogo constructivo.

Habiendo dicho eso, desde mi punto de vista, el evento en Lambeth no fue una invasión ni fue sorprendente. Fue, más bien, una extensión natural del creciente movimiento carismático dentro de la Iglesia de Inglaterra. De cierta forma, se podría ver como la realización de una relación entre pentecostales y anglicanos forjada en 1907 cuando el vicario anglicano Alexander Boddy invitó a Thomas B. Barratt a hablar en su parroquia All Saints’ Chuch en Sunderland, justo fuera de Newcastle sobre Tyne en el norte de Inglaterra. Boddy ya había sido impactado por el Avivamiento de Gales (1904-1905) y las convenciones precedentes en Keswick. Barrat, por otro lado, era un metodista que había experimentado un bautismo espiritual de tipo pentecostal en el Avivamiento de la Calle Azusa (1906-1909). Desde el ministerio de Barratt, Boddy tuvo su propia experiencia pentecostal. Comenzando en 1908, él auspició conferencias anuales Whitsundtide en All Saints’  que se convirtió en epicentro para el pentecostalismo temprano en Inglaterra. También comenzó a publicar Confidence, un periódico que servía como voz del pentecostalismo británico.

Siempre he considerado significativo que, en las primeras ediciones, Boddy y otros estaban inspirándose en anglicanos como J.S. Howson, Decano de la Catedral de Chester hasta su muerte en 1885, para conectar las lenguas como un sello y signo con éxtasis. Howson también era un defensor de las mujeres, argumentando para la restauración del diaconato femenino en su The Diaconate of Women in the Anglican Church. Desde el principio, el pentecostalismo británico tuvo un tipo de sabor evangélico anglicano condimentado con un toque de corrientes místicas que también alimentaron al anglo-catolicismo. Uno se pregunta qué sería diferente si escritores como Jessie Penn-Lewis y G. Campbell Morgan no hubiesen atacado al pentecostalismo como falso misticismo, que Penn-Lewis procedió a comparar con el sufismo, una rama mística del islam, porque vio movimientos corporales similares entre los adherentes de ambos grupos.

En mi perspectiva, el pentecostalismo es nada menos que una versión moderna del misticismo cristiano. Por su énfasis gemelo en la santificación y el espejo carismático del movimiento monástico desde la penitencia a la unión extática. Es en parte por esto que es tanto malentendido por los evangélicos, recibiendo mucha tracción en el catolicismo y anglicanismo, como que ha sido una puerta de entrada para muchos creyentes de la iglesia baja (low church) para convertirse en anglicanos, ortodoxos o católicos. Es también por esto que el pentecostalismo como movimiento está constantemente experimentando la tensión entre su ADN místico y evangélico. Si los avivamientos evangélicos son su padre, el misticismo cristiano es su madre.

Estas conexiones se hacen evidentes en la historia de Michael Harper, quien introdujo el movimiento carismático al anglicanismo en 1962, después de que experimentara el bautismo espiritual mientras era cura en All Souls, Langham Place, cuyo rector, John Stott, muchos conocerán. Esto fue dos cortos años después de que el sacerdote episcopal Dennis Bennet declarara a su congregación, Iglesia Episcopal San Marcos, que había hablado en lenguas. Harper se convirtió en el director de Fountain Trust en 1964, que fue importante en facilitar la emergencia del movimiento carismático en las Iglesias de Inglaterra. Eventualmente Harper se convirtió en sacerdote ortodoxo de Antioquía y permaneció así hasta su muerte. Thomas Smail, un ministro de la Iglesia de Escocia que se convirtió en anglicano, tomó el cargo de director de Fountain Trust después de que Harper renunciara. Smail era un teólogo carismático clave que estudió bajo Karl Barth y cuyo Giving Gift es una importante contribución en la doctrina del Espíritu. Fountain Trust cerró oficialmente en 1980, pero había dejado una marca en el paisaje anglicano. En cierto sentido, el ministerio de The Fountain Trust continúa a través de organizaciones como ReSource, que es anglicano, pero intenta fomentar la renovación en las tradiciones cristianas en Inglaterra.

A penas un año después del cierre de The Fountain Trust, David Pytches invitó a John Wimber a venir a su iglesia, San Andrés, Chorleywood. Pytches había sido testigo de la renovación cuando fue obispo de Chile, Bolivia y Perú y quería traerlo a su iglesia de Inglaterra. Wimber introdujo un fuerte énfasis en la sanación, el poder del Espíritu y una teología del reino de Dios muy característica de La Viña temprana. Como resultado de este encuentro, Pytches empezó New Wine, que es una organización que promueve la renovación espiritual en varias iglesias. New Wine se ha convertido en una red de iglesias, incluyendo anglicanas, bautistas y otras denominaciones.

Desde este tipo de evento, el movimiento carismático en el anglicanismo continuó creciendo en los 80’s y 90´s. Personalmente experimenté su vibración cuando estaba en Oxford en los 90’s. Una persona que escuché hablar fue Graham Cray, un anglicano carismático que en ese tiempo era rector de Ridley Hall, una escuela teológica de la Universidad de Cambridge. Desde entonces ha sido obispo de Maidstone y actualmente dirige el equipo Fresh Expressions, designado por los Arzobispos de Canterbury y York.

El movimiento carismático dentro de la Iglesia de Inglaterra es una estructura firmemente establecida. Varias de las iglesias más grandes de esta agrupación son carismáticas. La más conocida es la Santa Trinidad Brompton, de la cual el curso Alpha salió y actualmente está bajo el liderazgo de Nicky Gumbel. Una de las escuelas teológicas más nuevas en Londres es San Mellitus, que fue formada por el obispo de Londres, Richard Chartes, pero también alberga el Centro Teológico San Pablo de Santa Trinidad Brompton. Lo que es emocionante de San Mellitus es su combinación de alabanza carismática y anglo-católica en una escuela teológica no residencial. En San Mellitus uno encontrará servicios altamente litúrgicos con incienso y servicios evangélico-carismáticos en que estudiantes alzan sus manos y cantan alabanzas en coro. San Mellitus intenta combinar todos los varios énfasis dentro del anglicanismo en vez de enfatizar una tradición sobre otra. En un artículo reciente para el Daily Telegraph, Charles Moore sugirió que San Mellitus podría ser la forma de avance para la Iglesia de Inglaterra, un elogio no menor.

A la luz de esta reciente historia, la invitación del arzobispo Justin Welby a Chemin Neuf a ser parte del Palacio Lambeth se siente como un desarrollo natural, no una erupción. Este movimiento une el trasfondo carismático de Welby, su interés en la espiritualidad y oración monástica y su deseo de fomentar relaciones ecuménicas. Chemin Neuf no sólo es una comunidad católica carismática, tiene una vocación ecuménica y, por tanto, tiene muchos miembros protestantes, algunos de los cuales son parte del equipo en Lambeth. Por lo tanto, es un puente natural entre los impulsos carismáticos, anglo-católicos y ecuménicos dentro de las Iglesias de Inglaterra. De hecho, como Graham Tomlin, decano de San Mellitus, recientemente me contó, uno de los miembros de Chemin Neuf viviendo en Lambeth también es estudiante en San Mellitus.

Si el pentecostalismo es una forma de misticismo cristiano, entonces hay una afinidad natural entre este y el anglo-catolicismo. Esto no significa que no hay diferencias en alabanza y expresiones externas, pero sí sugiere una visión teológica y espiritual compartida en que el creyente, alcanzado en un abrazo divino, se mueve hacia la perfección a través de encuentros espirituales que sirven para profundizar la unión con Dios. La pregunta teológica real es si lo sacramental y lo carismático se podrán unir. Yo creo que sí porque se necesitan el uno al otro, y, por lo tanto, tengo esperanza para el futuro del cristianismo global.

*Dr. en Teología, profesor de Historia de la Teología en la Regent University. Miembro de la Society for Pentecostal Studies. Co-editor de Pneuma: The Journal of the Society for Pentecostal Studies, 2010-2015.

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Originalmente Publicado en Firstthings, 2014. Traducido con autorización. Traducción de Daniela Berdía Pfeifer.

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