Pastor Daniel Matus, Iglesia de Dios We Mongen (Vida Nueva), Araucanía, Chile. Foto: Elvis Castro.

Nota Introductoria

En los últimos días ha cobrado prominencia el denominado «conflicto chileno mapuche», y se asocia principalmente a las Regiones de La Araucanía y Los Ríos. Pero si ampliamos la mirada, advertimos que este es un problema que lleva siglos de latencia, y abarca más allá del territorio mencionado hasta territorio argentino.

En un momento en que nos vemos tentados a tomar una postura política frente a este conflicto, el pastor Daniel Matus nos lleva a pensar que nuestra política debe estar informada por el evangelio de Jesucristo, no a la inversa. El pastor Daniel trabaja desde hace alrededor de 20 años en el Ministerio We Mongen (vida nueva) en un sector rural donde ha habido templos evangélicos incendiados, en la comuna de Padre las Casas, La Araucanía, y en tres locales pastorea a unos 120 miembros. La siguiente entrevista se realizó el 27 de septiembre de 2017.

Elvis Castro Lagos

Entrevista

Elvis: ¿Cómo percibe un pastor el hecho de que tan cerca se esté atacando violentamente una congregación y un templo, a punto de que el suyo sea incendiado?

Daniel: No puedo negar que con bastante temor, no solo yo, sino toda la congregación. Cuando quemaron la primera iglesia, los hermanos me llamaron inmediatamente esa noche para poder ir a la iglesia a resguardarla; a ese punto. En el sector donde yo estoy se han quemado más o menos cuatro iglesias, y muy cercana a la mía, si yo vivo justo en el círculo rojo donde está la violencia. No puede decirse violencia, porque en realidad la comunidad donde yo trabajo es una comunidad muy tranquila, muy pacífica. Y de hecho la mayoría de ellos, con quienes he tenido el placer de conversar, de hecho pastorear también, ellos están muy ajenos a lo que está sucediendo, y con gran temor obviamente, de que se les pueda involucrar en todo esto, porque son personas muy pacíficas. Ellos están dedicados a su trabajo.

E: Y usted ha hablado con los pastores vecinos, ¿cómo los vio a ellos, cómo se sintieron, los que se vieron afectados directamente?

D: En general está la incertidumbre. Pero una fe increíble. Yo lo he notado, no solo en los pastores, sino en las congregaciones, los feligreses, que son los más involucrados. Porque en general los pastores que están en aquellos lugares somos pastores de Temuco que vamos a la zona del campo a trabajar en el sector. Pero la comunidad eclesiástica del mismo sector tiene mucha fe, mucha fe, es increíble. Yo creo que despertó aun más la fe en las cosas del Señor, porque algunos de ellos no demoraron nada en restablecer sus congregaciones, restablecer la estructura de la iglesia. No puedo decir lo mismo de algunas congregaciones, que les ha costado más; todavía está quemado todo, no queda nada, todo en cenizas. Sé que les ha costado más, porque la membrecía era poca donde estaban trabajando.

E: ¿Cómo fue que usted llegó a pastorear en este sector de Padre las Casas? ¿Qué significa para usted ser un pastor pentecostal en este contexto?

D: Mira, nosotros, por la familia; mi papá de pequeños nos sacaba a los campos a evangelizar. Él es un misionero innato, el pastor Rolando Matus. Salíamos en bicicleta en primera instancia; él nos sacaba a hacer evangelismo, a hacer obra misionera en bicicleta a muy temprana edad, de los 11 o 12 años que yo tengo recuerdo que salimos. Y el lugar donde yo estoy pastoreando en este instante, justamente fue uno de esos puntos de predicación, donde se hacía culto debajo de unos sauces, y la dueña del terreno era una abuelita, y lo único que ella quería cuando llegamos allí… Me acuerdo que mi papá llegó allí, no había nadie, había puras vacas no más cercanas. La poca fe de uno, dice, «qué va a nacer de todo esto», si uno predica a campo libre y las puras vacas se acercan a escuchar. Pero con el tiempo, no, al contrario, empezaron a acercarse los vecinos, hubo personas liberadas de demonios que estaban atadas, personas que eran sanadas, ocurrieron milagros. Y esos milagros después se tradujeron en fe en otros familiares. Hasta que logramos armar un pequeño local, y luego empecé como encargado de obra en el lugar. Yo tendría unos 23 o 24 años. De ahí me fui viendo en la necesidad de estudiar y dar los exámenes para poder ser pastor. Necesidad por qué: para poder llevar obviamente un mejor evangelio a la comunidad, y tener buenas herramientas. Me faltaban muchas herramientas. Y logré estudiar, y también dar el examen; ahora estoy como pastor exhortador, que es el primer rango que se tiene. Fui pastor a los 27 años; me costó un tanto. De eso hacen ya 19 años.

E: ¿Cómo son las relaciones entre pentecostales y mapuches en la zona de conflicto, más allá de las apariencias y las quemas de templos evangélicos, como se ve en los medios de comunicación?

D: Podríamos considerar que existen dos sentires en la comunidad mapuche, donde la gran mayoría no tienen ningún inconveniente con la iglesia evangélica. Al contrario muchos de ellos son partícipes muchas veces de los cultos de la iglesia cristiana evangélica. Muchos de ellos nos dan la oportunidad de trabajar con sus niños. Abren sus puertas cuando tienen alguna necesidad de oración, nosotros vamos, compartimos con ellos la Palabra, tomamos algunos mates con ellos incluso, son gente muy cariñosa y muy cercana. Yo no puedo negar que existe un grupo de personas, pero muy reducido, en la misma comunidad, que son un poco más radicales. Tan radicales que obviamente por sus tradiciones no quieren transar sus tradiciones, y ahí está el dilema. Porque se le ha dado tanto énfasis este último tiempo, a través del gobierno, de volver más a los orígenes, a la cultura, a la tradición mapuche. Hasta se ha estado financiando todo esto a través de construcción, de implementación, les compran carne para hacer sus rituales, sus nguillatunes. Hay un buen financiamiento de parte del gobierno; y eso implica también un crecimiento en el corazón del las personas, nuevamente van involucrándose en sus tradiciones, y cuando ocurre eso, no quieren saber nada del evangelio, también del catolicismo, o de cualquier otra religión, cualquier otra influencia ajena que les quite un poco sus costumbres. Y ahí se ponen un poco… no violentos ni agresivos, pero sí reticentes, son más reacios a acercarse a las cosas del Señor, al evangelio. Pero hemos tenido una buena aceptación. Yo no puedo hablar por los otros pastores, porque cada cual hace un trabajo diferente, pero nosotros hemos tenido muy buena aceptación en la comunidad. Y yo conozco personas a las que en cierto modo no les agradamos, pero a fin de cuentas igual son partícipes de lo que nosotros hacemos a través de sus hijos y tantos otros medios.

E: Usted cree que una persona que se identifica como mapuche puede ser evangélica y no necesariamente deja de ser mapuche, puede seguir identificándose como miembro de un pueblo distinto. El evangelio no cambia ese hecho.

D: Creo que sí [lo cambia]. De hecho la iglesia donde yo estoy trabajando son todos mapuche. Todos. Todos hablan mapudungun, claramente, los jóvenes, los niños, la gente adulta. Creo que yo soy el único que no habla mapudungun en mi iglesia. Ellos se sienten orgullosos de ser mapuche, tienen una sensación arraigada en cuanto a sus orígenes, les encanta ser mapuche; si pueden cantar en mapudungun en los cultos, cantan, cuando se puede orar en mapudungun, oran también. No hay ninguna limitación en ese aspecto. Pero no hay que olvidar que sí hay una barrera en cuanto a las tradiciones, y en cuanto a la Palabra, a la Escritura. Y eso creo que es la barrera que impide un poco… esa es la diferencia entre el mapuche cristiano evangélico, y el mapuche que sigue sus tradiciones[1]. Porque el mapuche cristiano evangélico no acude a una machi para buscar mejoría de su enfermedad, sino que el cristiano evangélico acude a Dios, y Dios le responde. Y esa es la ventaja, la increíble ventaja, y muchos de la comunidad se dan cuenta de que ese cristiano evangélico va a la oración, y Dios responde su oración. Y el otro tiene que ir a la machi, hacer gastos; cuando uno va a la machi, se tiene que vender un animal, vender lo que tiene para poder costear los remedios, costear el tiempo que es tratado por la machi. Porque es súper caro, la machi no da las cosas gratis. Ella hace un trabajo determinado, invita a familiares, tiene que darle alimento a la gente que llega al lugar para poder hacer el trabajo determinado de sanidad, o echar fuera algún «maleficio» —explicándolo un poco más entendible. Pero el pueblo mapuche cristiano evangélico no gasta ni un peso. Solamente dobla sus rodillas, su fe es puesta en confianza en el Señor, y son sanados, son libres de ataduras. Y por ende, esa diferencia ellos la notan. Es marcada entre el mapuche cristiano evangélico y el pueblo mapuche no evangélico. Entre lo que enseña la Biblia y lo que hace la tradición mapuche hay una gran diferencia. Y creo que por ahí un tanto molesta, incomoda al pueblo mapuche que desea todavía guardar sus tradiciones, sus costumbres.

E: ¿Cuáles cree usted que son las razones de fondo del repudio a los templos cristianos entre ciertos mapuche, y qué les respondería usted como pastor a estos grupos?

D: Yo considero que el pueblo mapuche en este instante, además de querer volver a establecer sus tierras… Porque ellos quieren volver a las tierras que fueron tomadas a la fuerza, violentamente, incluso con engaño; eso está claro, yo no lo niego. Que lamentablemente el winka, como ellos nos llaman, o el español, usaron la violencia, usurparon sus tierras, con engaño, con un litro de vino les compraban no sé cuántas hectáreas a un mapuche que no sabía leer ni escribir. Yo entiendo eso, y duele también, porque si fuera mi familia… De hecho yo también estoy casado con una mujer mapuche, mis suegros son mapuche, y para mí son mi familia, yo soy parte de este pueblo mapuche, aunque no corra sangre mapuche por mis venas. Aunque, para qué estamos con cosas, los chilenos estamos todos mezclados, no existe una persona que diga «yo soy cien por ciento español», es difícil encontrarlo. Yo creo que por mis venas corre sangre mapuche también.

Esa es la razón que ellos utilizan. Ellos ven la iglesia evangélica o católica como un ente español, extraño, ajeno, externo a sus tradiciones. Ellos desean armar una nación mapuche como tal con sus propias leyes, reglamentos, y bueno, eso son tradiciones que traen desde sus raíces, sus abuelos. Pero lamentablemente, lo que están tratando de hacer ahora, en esta fecha, es ilógico, es imposible de hacer. Por una razón muy simple: por la mezcla de raza que existe entre nosotros. Incluso ellos mismos saben que la sangre cien por ciento mapuche no existe. O sea, si ellos pretenden volver al pasado y a sus raíces, es casi ilógico, porque la mezcla está hecha.

E: Pero yendo al trasfondo religioso o espiritual de todo esto, usted como pastor, ¿qué les diría a ellos?

D: A ver. La Palabra nos habla de un libre albedrío, de saber escoger. Yo creo que los derechos fundamentales de toda persona es saber escoger; que no se nos obligue a tomar decisiones, sino que por sí solos nosotros tomemos nuestras propias decisiones. Y ese es un derecho fundamental aquí en Chile y en todos los países. Bueno: ellos deberían permitir —y no a la fuerza como lo están haciendo— que el pueblo mapuche decida, por sí solo, qué camino seguir. Si siguen en el evangelio, que para muchos de ellos ha sido una bendición, en el entorno familiar. Familias destrozadas por el alcohol, familias empobrecidas por estar pagando remedios que son carísimos. Y lo que Dios ha hecho en esas familias ha permitido que en sus hogares haya paz, incluso prosperidad. En muchos de esos hogares la violencia ya no existe; está la palabra, la conversación entre la familia. Y eso lo hace el Señor. Estos grupos medio radicales también deberían darse cuenta de que entre ellos mismos, dentro de su comunidad mapuche existe otro tipo de mapuches que desean seguir al Señor, que no se avergüenzan tampoco del Señor. Al contrario, se sienten orgullosos de ser hijos también pertenecientes al reino de Dios. Ellos deberían también escuchar esto y decir, bueno, si ellos tomaron esta decisión, dejémoslos. Que sigan con esa decisión de buscar al Señor.

E: Es decir, usted diría que el evangelio no es el enemigo. Al contrario, está sirviendo al pueblo mapuche de alguna manera.

 22197668_10214166792464434_737088084_oD: Sí, esa es la verdad. La iglesia cristiana evangélica ha sido un puente de bendición para la comunidad mapuche. Ellos se han podido desatar, han sido liberados de muchas cosas que tenían en sus vidas, y hay muchos testimonios de familias mapuche que cuando el Señor ha entrado, ha habido un cambio radical; de niños sin zapatos ahora con zapatos. Y no digo que el evangelio les esté dando la plata para que compren zapatos, sino que las mismas personas, cuando el Señor ha hecho un cambio en sus corazones, ahora saben invertir. Lo poco que ganan a veces, lo invierten bien. Y en eso el Señor los va bendiciendo cada día.

E: ¿Cómo ha hecho hasta aquí para construir relaciones positivas/estrechas con la comunidad?

D: Dios ha sido bueno. Para empezar, me ha dado la oportunidad de poder casarme con una niña de la comunidad; tengo una familia, que es uno de los regalos más preciosos que me ha dado Dios. Mi familia también, por parte de mi papá, que por muchos años ha estado trabajando (porque él sigue trabajando en esta área de evangelismo, de misiones dentro del pueblo mapuche), nos enseñó a amar, nos enseñó a respetar a las personas tal como son, incluso respetar sus tradiciones, sus costumbres. Si uno no les va a quitar; al contrario, uno trata de darles una alternativa que es una bendición para ellos. Y la relación que en lo personal he tenido con cada uno de ellos ha sido una excelente relación de cariño, de amor, de comunión. Cuando ellos necesitan yo trato de poder aportarles, y cuando yo necesito, ellos también están cercanos a mis necesidades. Entonces ya es un vínculo… en este instante, si me preguntaran cuáles son los pros y los contras, yo creo que tengo más a favor que en contra. E incluso con todo este asunto de quema de iglesias, yo insisto, sé que son grupos muy reducidos, muy pequeños que meten mucho boche, y obviamente hay temor en el corazón. Pero la mayoría del pueblo, de la comunidad mapuche son personas muy respetuosas de cualquier pensamiento externo que venga, y ellos no pasan a llevar, ni tampoco son personas violentas con cualquier otro pensamiento externo que no sea el de ellos. Y el pueblo mapuche, además es un pueblo aguerrido, que cuando se propone algo lo hace; y lo digo en las cosas del Señor. Porque cuando muchos de ellos se han comprometido con el Señor, lo han hecho a cabalidad. Ellos hasta podrían dar la vida por la causa de Cristo.

E: Y la propia congregación, ¿de qué forma ha establecido lazos con la comunidad del lugar?

D: Bien; hay que notar que la congregación está en la misma comunidad; por ende las mismas familias ya son parte de la congregación. Por lo menos la congregación donde pastoreo en este instante, yo podría decir que tengo un representante de cada familia. ¿Por qué hablo de familia? Porque hay que notar que para el pueblo mapuche su núcleo familiar es muy importante. Por ejemplo, en la familia Sandoval puede haber unas veinte casas alrededor o más, o sea, siempre van a ser una sola familia. Ellos no se distancian, el pueblo mapuche tiene esa cualidad maravillosa de mantener los lazos de familia muy unidos. No hay quién los separe realmente. Pueden tener sus peleas de repente entre ellos, pero al rato nuevamente están juntos en su necesidad, si hay un velorio, si hay un enfermo, si hay un casamiento, siempre están juntos, mantienen esa unidad. Y eso también se ve resaltado en la congregación. La iglesia en cierto modo está siendo una influencia en todos ellos porque en cada familia hay un miembro de la iglesia, hay un creyente que está inserto en esos hogares.

E: Junto con esta labor espiritual, ¿ha tenido también que hacer una ayuda social, ayuda material a las personas de la comunidad?

D: Sí, es que no solo en el pueblo mapuche, en todos lados hay necesidad. Y a nosotros nos toca trabajar en ese sector. Hay familias con pocos recursos. Hemos llevado ropa, también hemos llevado médicos, dentistas, hemos podido presentar estos operativos, y la comunidad ha podido acercarse. Hemos estado cercanos incluso también de las personas que están padeciendo antes de llegar a la muerte; como pastor y como iglesia hemos estado cercanos dando consuelo, una palabra de aliento para que la familia pueda pasar ese proceso a través del Señor, porque él trae consuelo a sus vidas.

Incluso también en momentos de «violencia espiritual», cuando muchos de ellos son poseídos por demonios. Ellos lo llaman «mal», o espíritus que han entrado a sus vidas por efecto de algún maleficio, por medio de algún «trato»; no quiero usar palabras grotescas para que no se malinterprete. Pero nosotros hemos estado insertos en esos momentos de liberación, sanando a esas personas, quitando las maldiciones que se les han lanzado, se podría decir, y proveyendo paz nuevamente al hogar. Y eso lo ha hecho el Señor, no nosotros; Dios lo ha hecho en sus vidas.

E: ¿Cómo cree usted que la iglesia evangélica podría aportar en el futuro en el trabajo de diálogo del conflicto chileno-mapuche?

D: Hay una palabra que quisiera resaltar que es el perdón. Creo que el Señor nos enseñó a perdonarnos, y es una de las prioridades dentro de la iglesia, cuando uno se acerca al Señor; uno sabe que para encontrar redención para nuestra alma necesitamos el perdón de parte de nuestro Dios. Y a través de ese perdón encontramos salvación para nuestras vidas y hay paz en nuestro interior. En cuanto a lo que está aconteciendo a nuestro alrededor, creo que el pueblo mapuche, y también el que no es mapuche, debe haber un diálogo abierto, sincero; pero también a través de ese diálogo, reconciliación. Que exista el perdón. Y cuando uno habla de perdón, es olvidar lo pasado, y seguir adelante con un corazón sano, sin volver a recordar lo que se hizo. Porque ahora se está cometiendo el grave error de escarbar el pasado, sacar todo lo grotesco, lo malo, y reflotarlo; y eso provoca odio en los jóvenes, en los niños, que no tienen idea de lo que está sucediendo. Y la iglesia lo que aporta en todo esto es que nosotros hemos aprendido que el perdón, la reconciliación que viene de parte de Dios puede ser transmitida a aquellos corazones. Dios puede obrar en esas vidas trayendo consuelo, trayendo perdón a sus corazones, para que toda esta lucha que exista no sea una lucha armada ni violenta, sino una lucha de conversación, de sentarse y tener un diálogo cercano. Donde las partes puedan entenderse y considerar que no es solo un grupo pequeño, sino una gran comunidad que está siendo influenciada por esto que está aconteciendo hoy.

E: Por estos días, las personas acusadas de los incendios a las iglesias llevan mucho tiempo en una huelga de hambre. ¿Cree usted que la iglesia evangélica, siendo víctima de estos ataques, podría acercarse a estas personas, tratar de ser mediadora?

22171641_10214166813024948_864571139_oD: Mira, desde el primer día, nosotros como comunidad eclesiástica en el campo, y con los hermanos de otras congregaciones cercanas, cuando se supo quién era… Además hay que entender que los hermanos estaban en pleno culto cuando esto aconteció. Entraron estas personas incendiando el lugar e hicieron disparos al aire. Había niños dentro de la iglesia. Una iglesia que está muy cercana a la nuestra, si somos casi vecinos se podría decir, está de camino… Sabe que la primera actitud que hubo en los miembros de la iglesia evangélica mapuche, y los no mapuche, fue y es en primera instancia tratar de perdonar a estas personas, tratar de dialogar con ellos, y hacerles ver que hay un Dios que los ama tal cual son, ama sus vidas. Siempre ha estado el deseo de dialogar con ellos. Yo considero que sería muy prudente que los pastores afectados y la membrecía afectada debería ir y dar una muestra de perdón, demostrar que no tienen ningún rencor hacia ellos. Por lo menos lo que yo siento en mi corazón, me gustaría que los dejaran libres, sinceramente. Yo sé que fueron violentos, sé que fue demasiado malo lo que hicieron; pero si estuviera en mi poder, yo los dejaría libres, y buscaría la oportunidad para que ellos continuaran buscando del Señor. Hablándoles del Señor, demostrándoles que Dios los ama, que desea estar con ellos en estos tiempos difíciles que están pasando. No sé qué se les habrá pasado por la cabeza que hicieron todo eso. Sería muy hermoso que el pueblo evangélico en cierto modo se acercara, y demostrarles que los ama. Así como Dios los ama, nosotros como pueblo evangélico también los amamos, y no desearíamos que estuvieran detrás de esas rejas y siendo juzgados. Hay familias donde lo han pasado muy mal; creo que en mucho tiempo perdieron familiares, no pudieron ir a los funerales, creo que fue su papá. Fue muy violento; la mayoría de los hermanos con los que yo logré conversar, hubieran preferido que ellos [los detenidos] hubieran estado en los funerales. No hay rencor. En la totalidad del pueblo cristiano evangélico[2], en sus corazones no existe el rencor hacia estas personas. Lo único que existe es compasión, amor hacia ellos, y con una mirada de misericordia para que ellos también puedan conocer al Señor. Lamentablemente, no sé, no he estado muy informado, pero creo que nos hemos callado en ese aspecto. Deberíamos tal vez influenciar un poco más en esto, y dar la cara y decir, mira, no sé, nosotros como iglesia queremos esto con ellos. Pero como hay leyes, y uno no puede pasar por las leyes, eso uno lo entiende también. Pero por último, como una muestra, una representación y decir «esto es lo que deseamos». «Nosotros como pueblo cristiano no nos querellamos», podríamos decir. Al contrario, lo único que queremos es que ustedes conozcan al Señor que hemos conocido. Sería una preciosa muestra de amor, más que tratar de seguirlos viendo encarcelados, en huelga de hambre, todo lo que están haciendo en este instante, sea justo o injusto lo que estén haciendo. Pero que por lo menos el pueblo cristiano dé una muestra de amor hacia ellos diferente. Una muestra de misericordia, una muestra de perdón diferente. Si dice la Palabra: «Si alguien te pega en tu mejilla, tú ve y ofrécele la otra», dijo el Señor Jesucristo. Ese fue el menaje más práctico. Y creo que la violencia no llega a ninguna parte. Y muchas veces nuestro silencio es como una violencia hacia ellos. Guardar silencio es una violencia hacia ellos. ¿Y por qué no hablar y testificar y decirles: «Chiquillos, como iglesia los perdonamos». Y si está en nosotros quitar estas querellas, nosotros las quitamos. Bueno, en este caso, yo no me estoy querellando, pero si hubieran quemado mi iglesia, yo habría quitado mi querella hacia ellos. Porque una iglesia es una iglesia, es una casa, un templo, es una construcción más. Quien constituye la iglesia es el cuerpo de Cristo, cada uno de los miembros, cada uno de los hermanos, ellos son la iglesia. Y me pueden quemar la estructura, pero la iglesia no me la van a quemar nunca.

E: Nosotros somos el templo.

D: Nosotros somos el templo, justamente; y eso deberíamos demostrarles a ellos; que están quemando solo una estructura, pero no están quemando nuestra fe. La fe sigue intacta. Y aún más, debiéramos demostrarles que nuestra fe también va con hechos hacia ellos. Que los amamos, y los perdonamos. Ahí está. Perdonamos lo que hicieron, y deseamos que sean libres, que vuelvan a rehacer sus vidas.

E: Pastor, gracias por su tiempo y por expresar su vivencia en este lugar y situación bastante delicada y extrema

D: Gracias a ti por esta oportunidad de conversar un poco lo que hay en mi corazón; la inquietud no solo en mí sino en la congregación donde estoy en este momento pastoreando. El pueblo mapuche es un excelente pueblo, muy lindo, son excelentes personas. Yo he vivido casi la mitad de mi vida entre ellos y ya soy parte de ellos. Yo creo que si el Señor volviera a darme la oportunidad de hacer lo mismo, hago lo mismo. Porque es y ha sido una bendición grande para mí.

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Notas

[1] Al parecer el pastor, con la palabra «tradición», a menudo se refiere particularmente a los rituales propios del pueblo mapuche.

[2] Sin duda se refiere a “todos” en ese sector.

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