Protesta comunidad El Garzal. Imagen tomada de: https://www.colectivodeabogados.org/Comunidad-de-El-Garzal-denuncia

Por Miguel González Hernández*

[Se recomienda el siguiente registro audiovisual, El Garzal: Una comunidad que resiste desde la fe]

El pentecostalismo, generalmente es considerado como un movimiento con una actitud política pasiva o Huelga Social, como lo denominó Christian Lalive, esto es, la incapacidad de involucrarse en acciones que permitan transformar su realidad social. Esta clasificación se da a la luz de diversos estudios que lo consideran como un todo. Sin embargo, los estudios de caso nos permiten ver que en sus particularidades el pentecostalismo es muy variado y que dado un contexto histórico puede ser políticamente activo. Este es el caso de una comunidad pentecostal en Colombia que desiste de la Huelga Social para hacerle frente a los violentos a través de la resistencia pacífica desde la fe.

A diferencia del pentecostalismo chileno, que nace allí mismo[1], el colombiano no es autóctono sino que es traído por misiones de fe provenientes de Estados Unidos y Canadá durante el periodo conocido como la República Liberal[2]. Esta época es conocida porque el partido Liberal retornó al gobierno de Colombia (1930-1946) y permitió la entrada de misiones evangélicas y pentecostales para hacerle frente a la hegemonía católica que en materia religiosa mantuvo y restarle influencia en lo político.

De entre las muchas misiones que llegaron al país, la Iglesia Cristiana Carismática Cuadrangular (o conocida simplemente como Iglesia Cuadrangular) fue una de ellas. Su principal foco misionero estuvo concentrado en el nororiente colombiano, en el departamento de Santander. Las principales ciudades fueron Bucaramanga (1943) y Barrancabermeja (1950). De allí se expandió a otras poblaciones como San Pablo, Puerto Wilches y Rinconada. En la actualidad, esta denominación cristiana catalogada como parte de la  corriente  clásica  del  pentecostalismo hace presencia en todo el país[3].

Colombia, como nación independiente ha vivido múltiples conflictos. El actual, que tiene como punto de origen el año de 1958, es dividido en 4 periodos según el Centro Nacional de Memoria Histórica y definido así: “marca la transición de la violencia bipartidista a la subversiva, caracterizada por la proliferación de las guerrillas que contrasta con el auge de la movilización social y la marginalidad del conflicto armado(…) se distingue por la proyección política, expansión territorial y crecimiento militar de las guerrillas, el surgimiento de los grupos paramilitares, la crisis y el colapso parcial del Estado, la irrupción y propagación del narcotráfico”[4]. Es precisamente con estos actores, en el marco de este conflicto y el desarrollo de esta violencia, donde se ve involucrada esta comunidad pentecostal.

Entonces ¿puede el pentecostalismo desistir de la Huelga Social para transformar su realidad aquí y ahora? La respuesta es sí y se halla en una comunidad en Colombia. La comunidad a la que se hace referencia es a la de la Iglesia Cuadrangular ubicada en el corregimiento del Garzal, en el municipio de Simití, Bolívar. La historia de esta comunidad es la historia de la resistencia desde la fe. Y la de su pastor, la de cómo un guía espiritual puede romper estereotipos y propiciar transformaciones socioeconómicas para el beneficio de su comunidad.

Esta historia inicia cuando la comunidad del Garzal se ve afectada en octubre de 2003 por paramilitares del Bloque Central Bolívar al mando de Manuel Enrique Barreto. Éstos deciden que entrarán[5] y tomarán posesión de las tierras del corregimiento. Dado que éstas significan un corredor estratégico para el conflicto armado colombiano. Dispuesto a no perder sus tierras, Salvador Alcántara, pastor de esta iglesia en ese corregimiento, decide hablar con Barreto y persuadirlo de su plan.  Por su parte la respuesta del paramilitar es la misma, entrarán en Enero de 2004 y lo mejor es que se vayan. Sin embargo, Alcántara también sigue firme en su decisión y decide no irse.

Resultado de imagen para iglesia el garzalMotivado por un mensaje que Dios le da mediante su esposa a través  del espíritu santo y de su suegra mediante una revelación, el pastor Alcántara decide reunir a los habitantes de su comunidad y exponerle los acontecimientos sucedidos. Esta manifestación donde está venciendo a un gigante, lo toma como la prueba de que Dios lo ha elegido para liderar el proceso de resistencia pacífica y que estará con ellos para enfrentar a Manuel Enrique Barreto.

De esta manera, el pastor y su comunidad deciden hacerle frente a la violencia y a los violentos que los quieren desplazar de su territorio. Pero también entienden que la sola voluntad divina no es suficiente y que deben buscar ayuda por otros medios. Para ello, recurren a organizaciones sociales y activistas que les brinden asesorías en el tema tales como el Programa Suizo para la Promoción de la Paz en Colombia (Suippcol), Peace Watch Switzerland (PWS), Pensamiento y Acción Social (PAS), Equipos Cristianos de Acción por la Paz (ECAP), la Asociación Cristiana Menonita para Justicia, Paz y Acción No Violenta (Justapaz) y la Fundación Menonita Colombiana para el Desarrollo Social (Mencoldes), entre otros.

Actualmente, gracias a este proceso, los habitantes del Garzal tienen los títulos de propiedad de sus tierras, han generado un proyecto de emprendimiento económico  llamado Asociación de Productores Alternativos de Simití (Asproas) y han alejado a los violentos.

Como objeto de estudio, esta comunidad ha sido abordada desde la Historia y la Sociología para dar explicaciones a este fenómeno poco frecuente en el pentecostalismo. Así, William Elvis Plata, en su libro Resistir a la violencia y construir desde la fe. El caso de El Garzal lo expone desde la memoria histórica, dando un contexto histórico sobre la violencia en Colombia y el rol de las iglesias en la participación política pero siempre dándoles voz a los personajes participes de este proceso y permitirles conocer qué piensan ellos[6].

Por otra parte, William Beltrán, aborda sociológicamente a esta comunidad. Al respecto considera cuatro aspectos que hacen posible este tipo de situaciones en el pentecostalismo: “1) la capacidad del pentecostalismo para ofrecer sentido en situaciones de anomia e incertidumbre; 2) la afinidad del pentecostalismo con la resistencia pacífica y la legalidad; 3) el potencial de las comunidades pentecostales para la organización social desde la base; y 4) las ventajas que ofrece el pentecostalismo para la asociación productiva, el emprendimiento y la construcción de capital social.”[7]

Este caso supone una excepción en el mundo pentecostal dado que sobre estos grupos religiosos reposa la condición de huelguistas sociales como los señalaba Lalive en su estudio sociológico. Su condición de milenaristas genera no verle sentido a intervenir en aspectos del mundo terrenal pues éste es un lugar de paso. Pero lo que se ve en la comunidad del Garzal es lo contrario. Es como una comunidad amparada en elementos religiosos decide afrontar su problema y generarle una solución en el aquí y ahora, es decir, se asesora para generar una mejoría de su condición en el mundo terrenal.  De esta manera es posible comprobar que el pentecostalismo, si se lo propone, puede ser agente transformador de la realidad y no solamente un movimiento religioso donde sus miembros son considerados sujetos pasivos esperando a que su situación cambie por voluntad divina, como se ha pretendido mostrar. El pentecostalismo entonces, si puede desistir de la Huelga Social y generar cambios sociales.

*Estudiante de Historia y Archivística en la Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Colombia. Miembro del grupo de investigación Sagrado & Profano, de la misma casa de estudios.

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Notas

[1] Allan Anderson, El pentecostalismo. El cristianismo carismático mundial (Madrid: Ediciones Akal, 2007) 84.

[2] Jeiman López, “Misiones protestantes en Colombia 1930-1946. Geografía y política de la expansión evangélico-pentecostal”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, Vol. 41, N° 2 (2014): 73.

[3] William Beltrán, “Pentecostalismo en contextos rurales de violencia. El caso de El Garzal, sur de Bolívar, Colombia”, Revista colombiana de antropología, Vol. 52, N° 1 (2016): 141.

[4] Para conocer más sobre la Violencia en Colombia véase en GMH. ¡BASTAYA! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional, 2013.

[5] Para el contexto mencionado, esto significa hacer uso de la violencia para conseguir un objetivo, es decir, masacrar o desplazar forzosamente a la población para quedarse con las tierras.

[6] Para saber más sobre esta comunidad la perspectiva de la memoria histórica Resistir a la violencia y construir desde la fe. El caso de El Garzal, en el Magdalena Medio, Colombia. William Elvis Plata Quezada. Bucaramanga: UIS, 2018.

[7] William Beltrán, “Pentecostalismo en contextos rurales de violencia. El caso de El Garzal, sur de Bolívar, Colombia”, Revista colombiana de antropología, Vol. 52, N° 1 (2016): 157.

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