Fotografía por cortesía de Historia y Contingencia IEP

Por Esteban Guerrero Cid*

Pastor Presbítero T.,

A razón de mi último email, en el que le he presentado al Hno. J. algunas de mis preocupaciones respecto a la predicación del Evangelio en la Iglesia Evangélica Pentecostal, y dado lo resumido del referido correo, comento a Ud. un par de líneas en donde me explayo un poco más acerca de mis preocupaciones, algunas coincidencias y también algunas diferencias con el discurso acostumbrado dentro de la Iglesia Evangélica Pentecostal:

1.- Pienso que las señales de vidas santificadas y el ejemplo de muchos hermanos, hermanas y pastores dan cuenta de la obra poderosa de Dios y las manifestaciones de su Gracia en la Iglesia Evangélica Pentecostal. Me considero un profundo admirador de los hombres y mujeres que levantaron la obra del Señor como pueblo pentecostal a inicios del siglo XX en Chile. Pienso fueron ejemplo de vanguardia, consagración y pragmatismo en la predicación de las buenas nuevas, acreditados por el testimonio poderoso que Dios selló en ellos mediante el Espíritu Santo.

2.- He comprendido que la Iglesia Evangélica Pentecostal tiene una rica herencia metodista que toma de la tradición pietista no radical del pensamiento cristiano, aspecto poco explorado y explotado en la práctica y que daría mayor identidad a la iglesia y su membresía, un sentido de pertenencia y dialogo con la historia cristiana.

3.- Creo que las manifestaciones carismáticas y el ambiente relacionado que con cierta frecuencia aún vivimos, dan testimonio de una presencia bíblica y vigente de los dones espirituales, aún cuando el ejercicio de los mismos no siempre va acompañado de la corrección, contexto y fundamentación bíblica para su uso, regulación y discernimiento. Pienso también que la membresía aún confunde fácil y frecuentemente el entendimiento de la obra constante y santificadora del Espíritu Santo con las manifestaciones y vigencia de los dones. (1 Corintios 14:20)

4.- He concluido que la situación actual en cuanto a la predicación y los predicadores del evangelio dan cuenta de una lógica de suplir la demanda por predicadores que no es la mejor. Pienso que un niño de 16 o 17 años no cuenta con las herramientas suficientes para cumplir con el encargo de predicar el Evangelio si antes no ha recibido preparación, instrucción y guía adecuada. Pienso que un taller para ocupar una Biblia de estudio como la Thompson constituyen tremendas iniciativas, pero se equivoca profundamente quién piense que eso es suficiente. No debieran mirarse más que como un puntapié inicial. Situación similar observo en la imposición de manos a enfermos, la cual entiendo debería estar reservada a quienes ministren la figura de anciano u oficial de la iglesia. (2 Timoteo 2:2, 2 Timoteo 2:24, Santiago 5:14)

5.- Pienso que, por lo mismo, la predicación de púlpito debiera limitarse a quienes tengan el oficio y llamado de predicador, maestro o anciano de la iglesia junto con algún grado de instrucción formal. De lo contrario se puede constatar con poca dificultad y triste frecuencia una predicación superficial, rudimentaria y legalista, en la cual se repite un discurso poco profundo del “no toques y no hagas”, muy básico, menos que leche, donde la Gracia sencillamente brilla por su ausencia. Creo haber perdido la cuenta las veces que quise participar durante la semana en una reunión de local para recibir y escuchar la exposición de la Palabra de Dios, y encontrarme con mezquindades de ese tipo. (1 Corintios 3:2, Hebreos 5:12, Tito 1:9, Tito 1:15, Romanos 14:22,23)

5.- Observo que la institución Iglesia Evangélica Pentecostal está conduciendo la instrucción de la juventud de una forma poco generosa, que se resiste a establecer un diálogo entre la fe y la razón, entre el llamado cristiano y las diversas vocaciones y oficios presentes en la iglesia y en el mundo mal llamado secular, entre el día a día y la historia del pensamiento cristiano. Me parece grave que estos asuntos en la práctica se pretendan polarizar, sesgar o minimizar, como se hace evidente en las convenciones y estatutos del Grupo de Estudiantes Los del Camino. Pienso se está formando a una juventud acrítica, carente de criterios  bíblicos  para enfrentar el mundo universitario y laboral, y despreocupada del bien de la ciudad, misma juventud que va formando familia a lo largo de los años, familias en las que se replican dichos patrones, haciendo evidentes carencias de criterio bíblico. Presumo, con no poca dificultad, que estos asuntos se ignoran y por lo mismo no se abordan sistémicamente a nivel de institución. (Deuteronomio 32:6-7, Jeremías 6:16, Jeremías 29:7, Jonás 4:11, Proverbios 26:12)

6.- Creo que estos últimos 3 puntos obedecen, en parte, a la escatología dispensacionalista que la Iglesia Evangélica Pentecostal ha privilegiado por años, tal vez desconociendo los alcances del dispensacionalismo como sistema teológico. Aun cuando siento que mis diferencias respecto a esta materia son de carácter secundario, no está de más transparentar que pienso que este marco de interpretación bíblica excede a una mera interpretación del futuro, siendo un sistema que sacrifica la unidad del mensaje bíblico, haciendo distinciones que no comparto: entre la iglesia y el pueblo judío, entre los raptos separados, etc. etc. Siendo además el dispensacionalismo algo históricamente novedoso, constituye una cuestión que de por sí correspondería examinar con prudencia. De cualquier manera, y entendiendo lo complejo del tema, lamento que la mayoría de la iglesia crea que este es el único sistema de interpretación del futuro, desestimando sistemas alternativos, también cristianos y que enfatizan la unidad e integridad del mensaje bíblico evangélico. Pienso que esto se ha traducido en una cultura del escapismo y del desdén por las instituciones de la sociedad civil que nos prestan apoyo, las cuales también han sido puestas por Dios para el bienestar de justos y pecadores. (Romanos 14:5, Romanos 13:1-4)

7.- Me he convencido de que la institución Iglesia Evangélica Pentecostal, tiene una gran deuda en su tratamiento financiero de cara a la comunidad creyente y no creyente. No logro entender cómo los grandes conglomerados corporativos privados y estatales tienen, tienden y obedecen a pautas de transparencia internacional y al mismo tiempo la iglesia parece restarse de ello. ¿Debe ser el mundo quien dicte cátedra a la Iglesia en estos asuntos? Creo que las luces amarillas ya se han encendido con situaciones poco amables que se mal gestionaron hace unos años. En general, creo que la administración de donativos y todo elemento de esta índole exigen un cuidado especial, que yo no he visto con claridad en mis 20 años en la IEP. (2 Corintios 8:20-21, 1 Timoteo 6:10)

8.-Y entiendo, por último, que la precariedad en la formación bíblica, en la predicación del Evangelio, y en la administración financiera, se ha visto potenciada con el deterioro de nuestra propia institucionalidad, tan centralizada, que parece no tener en mente desarrollar un proceso de toma de decisiones más conciliar y plural, que rescate la sabiduría de Dios presente en el obrero que comienza a pastorear como en el que lleva años de ministerio. Pienso estos elementos han restado riqueza a nuestra institución. Se habla que Dios nos ha dado una forma particular, pero parece no haber conciencia de que esa forma también se materializa en estatutos y reglamentos que objetivamente han sufrido variación a lo largo del tiempo, cambios cuya tendencia son la centralización de las decisiones. Acá no se trata de pensar en una democracia de iglesia -en la Iglesia triunfante quién gobierna es Cristo Jesús-, ni en aumentar la representatividad de los diversos agentes que la componen, sino simplemente llamar la atención a que la diversidad en la repartición de dones, ministerios y perspectivas por parte del Espíritu Santo, presentes en el  pueblo de Dios, hoy parecen no administrarse. (Proverbios 11:14, Hechos 14:23, 1 Corintios 12:5)

9.- Cada punto antes mencionado, para mi toca importantes aspectos de lo que he entendido por Evangelio y por una iglesia sana. Todas estas cosas, pienso, son escenas que contristan y dificultan bastante el caminar, y por qué no decirlo: también contristan al Espíritu Santo. Pienso que en una cultura de redes sociales, de información y comunicación inmediata urge pensar en el  prójimo ya  no solo como aquel que está geográficamente cerca de mí, sino también como aquel  quién sufre,  en la práctica, parte de los efectos de las situaciones que aquí he expresado: La familia que desconoce la riqueza del estudio constante de la Palabra y de la historia y que prolonga en sus hijos la mirada superficial y poco reflexiva respecto del acontecer de la Iglesia, la hermana dorca sometida al marido machista que usa su Biblia para justificar maltratos, el joven y señorita que entra a la educación superior en dónde se enfrenta, tal vez por primera vez, a mil preguntas que cuestionan  su fe y que recibe vago entrenamiento para hacer frente a ellas, el hermano de humilde condición quién no logra ver el alcance de su aporte para la obra, quién pierde la trazabilidad de ello, etc. etc. (Efesios 5:25, 28, 1 Pedro 3:15)

Siempre resultará más fácil decir: “mire a Dios nada más”, echándose al bolsillo la decepción y el sufrimiento de cuantos hermanos y hermanas que se ven afectados por estas situaciones. Urge, de esta manera, tomarse un tiempo para pensar la alianza y comunión que uno toma como miembro militante de una institución particular.

Cuando he dicho que pretendo pensar mi permanencia en la Iglesia Evangélica Pentecostal, no se trata de un capricho intelectual, ni de la ansiedad por los aspectos novedosos o llamativos que uno podría encontrar en otra iglesia, ni del cansancio de la rutina. Es, simplemente, un hambre de la Palabra, del Evangelio, del vivir la comunión del Espíritu bajo un paraguas no solo privado e individual, sino también comunitario, en una comunidad que comparta también estas inquietudes. Comunidad que me parece no cohabita dentro de la IEP. Es también tomar conciencia de que uno solo no puede cambiar una cultura que ha ido echando raíces por largos años. No tengo nada decidido ni pienso hacerlo precipitadamente, pero me parece sensato transparentar parte de mi falible, pero convencido criterio. Criterio formado, por lo demás, durante más de 20 años de permanencia en la Iglesia Evangélica Pentecostal.

Fraternalmente, Esteban Guerrero Cid

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