John Knox, reformador protestante en Escocia

Por Benjamín Almendras*

Con respecto a los recientes dichos del nuevo superintendente IEP donde sostuvo que un cristiano que usa barba no es salvo ni ha sido lleno del Espíritu Santo, me parece que es grave porque transgrede seriamente principios bíblicos fundamentales:

1. Se le da a la tradición el mismo (o más) valor que la Escritura, “enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Marcos 7:6-7). Este se supone que es uno de los principales puntos que nos diferencian de la iglesia Católica Romana. Ellos consideran a la tradición en el mismo lugar que la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, y fue por eso que Martín Lutero clavó sus 95 tesis y dio origen a la Reforma Protestante. Ahora resulta que 500 años después los evangélicos volvemos a dar a la tradición el mismo (o mayor) valor que a la Escritura.

2. Se está imponiendo un requisito para la salvación que la Biblia no contempla, con lo cual se está diciendo implícitamente que LA ESCRITURA NO ES SUFICIENTE.

3. Se está diciendo implícitamente que LA MUERTE DE CRISTO EN LA CRUZ NO ES SUFICIENTE para salvar al pecador, porque hay que cumplir requisitos adicionales.

4. Consecuencia de lo anterior, al agregar un requisito más a la salvación que la Biblia no impone, se está predicando OTRO EVANGELIO. (Gálatas 1:6-9).

5. Al afirmar que no se puede contradecir lo dicho por el superintendente porque es un “ungido de Dios”, se le está dando una autoridad que no posee, ya que la autoridad pastoral debe enmarcarse de acuerdo a lo que la Biblia enseña. (1 Pedro 5:2-3).

No se trata de simplemente estar de acuerdo o no con el uso de la barba o de querer defender a los hermanos que la usan. Si solamente se “aconsejara” cortarse la barba porque al superintendente “le parece mal” o simplemente porque los hermanos más antiguos no están acostumbrados a ese uso y se pueden escandalizar, podríamos manifestar nuestro acuerdo o desacuerdo de manera serena y cordial. Tampoco se trata de oponernos a las tradiciones, porque todas las denominaciones las tienen; por ejemplo, en algunas iglesias los ministros usan cuello clerical, toga, estola y otros atuendos en sus liturgias. Ellos lo hacen porque respetan las tradiciones de sus respectivas iglesias y se sienten identificados con ellas, pero no dicen que quien no use dichos atuendos no es santo, no tiene el Espíritu o no es ministro del Evangelio, porque saben dar a la tradición el lugar que le corresponde. En todos esos casos, podríamos de acuerdo o en desacuerdo con las tradiciones de cada iglesia, decir que después de examinarlo todo, retenemos lo bueno, y seguimos cada uno por su camino. Pero NO, esto es diferente. Aquí se está poniendo la Biblia como excusa para sustentar un pensamiento humano, a fin de enseñar un mero uso cultural como PALABRA DE DIOS, a costa de distorsionar el Evangelio. Eso es lo grave. Si lo que se enseñara fuera al revés, o sea, que es imprescindible dejarse crecer la barba para ser salvo, la gravedad sería la misma: se está agregando un requisito adicional a la salvación que la Biblia no contempla y, por lo tanto, se está predicando otro evangelio.

Aquí se está poniendo la Biblia como excusa para sustentar un pensamiento humano, a fin de enseñar un mero uso cultural como PALABRA DE DIOS, a costa de distorsionar el Evangelio. Eso es lo grave.

También se ha argumentado que sería bueno hacer caso a lo que dice el superintendente por amor a los más “débiles en la fe”, pero creo que aquí se está confundiendo a los débiles en la fe con los “legalistas”, puesto que quienes se escandalizan por el uso de la barba no son los recién llegados a la Iglesia sino ancianos con mucha experiencia y conocimiento que simplemente quieren imponer a los más jóvenes el modelo cultural en que ellos aprendieron el Evangelio, como si fuera el Evangelio mismo, usando la Biblia como excusa, “enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Marcos 7:7).

Por tal motivo, estimo que es perfectamente válido que un hermano que ha nacido y ha estado toda su vida en dicha denominación o que conoció a Cristo ahí, que ame a su iglesia y a sus hermanos, tenga todo el derecho (y el deber) de oponerse a una enseñanza que distorsiona el Evangelio en su esencia.

Siendo la IEP una de las iglesias más numerosas del país, pionera junto a la IMP del movimiento pentecostal en Chile, me parece que esta polémica trasciende de ser un mero asunto interno de una denominación particular. Así como el escándalo del ex obispo Durán trascendió a Jotabeche, me parece que aquí lo que está en juego es desterrar el autoritarismo pastoral y que se haga una buena exégesis de la Biblia, cuestión que atañe a todo el movimiento pentecostal. Ambos casos tienen en común que parten por una sobrevaloración de la autoridad pastoral, en el primer caso, financiera, y en este otro, doctrinal. La era de los “patrones de fundo” en las iglesias pentecostales debe llegar a su fin.

La era de los “patrones de fundo” en las iglesias pentecostales debe llegar a su fin.

Que el líder de una Iglesia con más de 500 mil hermanos en la fe distorsione de manera tan grosera el Evangelio, hace que esto trascienda de ser un mero problema interno de su denominación. Está en juego el testimonio del Evangelio y la posibilidad de corregir los mismos vicios autoritarios que se dan en otras denominaciones pentecostales; porque, se quiera admitir o no, esta iglesia es un referente. Es la oportunidad de lograr un pentecostalismo maduro, que sepa enfrentar bíblicamente las dificultades que impone la época que estamos viviendo, y dejar atrás los moldes culturales del pasado.

Lo peor que podría pasar es que el próximo domingo el superintendente “aclarara” que en realidad quiso decir algo diferente a lo que sus oyentes entendieron, o que renunciara, y luego la IEP diera vuelta la página y siguiera con lo mismo, porque perderían una oportunidad de oro para corregir el problema de fondo.

Es una cuestión que va mucho más allá de si a alguien le parece bien o mal usar barba.

*Miembro de la Iglesia Presbiteriana de Chile (IPCH), Hijo del fallecido pastor Benjamín Almendras de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile en Angol.

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