Por Darrin J. Rodgers

La edición del 2010 de la revista Assemblies of God Heritage incluye un artículo que llama la atención — la historia de John McConnell, Jr., el fundador pentecostal del Día de la Tierra. Los padres de McConnell fueron miembros fundadores de las Asambleas de Dios, y su abuelo se identificó con el movimiento pentecostal originado del avivamiento de la calle Azusa, en Los Ángeles de 1906.

Cuarenta años atrás, McConnell fundó el primer Día de la Tierra, gubernamentalmente reconocido, el día 21 de marzo de 1970. Las Naciones Unidas adoptaron la festividad al año siguiente y han celebrado el Día de la Tierra en el equinoccio de marzo desde 1971.

Sin embargo, el Día de la Tierra original fue rápidamente eclipsado en prominencia, por un segundo Día de la Tierra (celebrado el 22 de abril). El fundador de la celebración de abril, el Senador estadounidense Gaylord Nelson, tomó el nombre del Día de la Tierra para su meeting medioambiental, programado para celebrarse en el centésimo aniversario del nacimiento del líder comunista Vladimir Lenin.

Según McConnell, un representante de Nelson se le acercó en una conferencia de las Naciones Unidas y le pidió cambiar el Día de la Tierra original al 22 de abril. McConnell se negó, porque creía que la celebración debía ser un evento de la naturaleza. Además, McConnell pretendía que el Día de la Tierra fuera un evento no partidista que uniera a personas de diversos orígenes y fomentara la paz. Al contrario, el propósito de Nelson era una protesta política contra la contaminación; veía el Día de la Tierra como un medio para obligar a incluir el tema medioambiental en la agenda nacional mediante manifestaciones masivas.

McConnell afirma que Nelson “robó” el nombre del Día de la Tierra y lo usó para su propia agenda política personal. McConnell sostiene que la celebración del 22 de abril está demasiado politizada, lo que aliena a muchas personas, incluidos cristianos y conservadores. Entiende que el día debe celebrarse en el equinoccio de marzo. De un modo significativo, él ve el Día de la Tierra como una oportunidad para que los cristianos “demuestren el poder de la oración, la validez de su caridad, y su preocupación práctica por la vida en la Tierra y por las personas”. El llamado de McConnell, no es un llamado a la adoración de la Tierra, sino un llamado a mayordomía responsable de la tierra (que él prefiere llamar tutela).

McConnell también encabezó dos movimientos pacifistas reconocidos a nivel nacional: the Star of Hope (1957) y the Minute for Peace (1963-presente). También sirvió como líder en Meals for Millions (1961-1963), una organización que alimentaba a personas hambrientas.

McConnell atribuye a su trasfondo pentecostal su preocupación por la paz, la justicia y el cuidado de la tierra. Él escribió: “Si no hubiera habido una experiencia cristiana en mi vida, no habría el Día de la Tierra, o al menos, yo no lo habría iniciado“.

En una entrevista de 2009, McConnell declaró: “Definitivamente aún creo en lo que mi padre enseñó y predicó“. Su padre, J. S. McConnell, fue un pastor y evangelista de las Asambleas de Dios de 1914 a 1928. Según McConnell, su padre enfatizó las enseñanzas de Jesús por encima de todo.

La historia de McConnell ofrece a los pentecostales, un ejemplo fascinante de su propia historia, de cómo se puede amar a Jesús y cuidar de la creación; estas dos posturas no son mutuamente excluyentes.

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Originalmente publicado en Flower Pentecostal Heritage Center, 2010. Traducción de Daniel Diaz Romero.


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