pabellón cristiano

Son aproximadamente 500 los hombres y mujeres evangélicos que llegan diariamente a los centros penitenciarios distribuidos en todo Chile. La mayoría de ellos no va a ver a seres queridos, pues la motivación de estas visitas es otra: la de ayudar a que los reos puedan tener un cambio integral en sus vidas gracias a una ayuda, que ellos denominan, espiritual. 

Por Bárbara Matus Calabrano

La lucha para lograr la reinserción social ha sido una tarea del Estado chileno desde hace más de 35 años, pues fue en diciembre de 1981 cuando se comenzaron a crear estrategias para lograr que los reos que salieran de las unidades penitenciarias del país, lograran encajar de la mejor forma posible en la sociedad. Es así como llegaron los Centros de Educación y Trabajo (CET), establecimientos cuyo objetivo principal es contribuir a la reinserción social de los internos penales con el propósito de crear hábitos sociales y laborales, y entregar aprendizaje de habilidades que entreguen una capacitación técnica, un trabajo regular remunerado, educación, formación e intervención psicosocial.

Este tipo de trabajo ha ido evolucionando a lo largo de los años, llegando a lo que existe en la actualidad. Según datos entregados por Patricio Ruiz, jefe del Departamento de reinserción social en el Sistema Cerrado de Gendarmería, son 17 mil aproximadamente, los internos que, al año, reciben educación, donde

“el porcentaje mayor es de enseñanza media y de ese número, también hay gente que recibe oferta de Educación técnica, la cual se entrega de la misma forma que el medio libre”. 

Patricio Ruiz, jefe del Departamento de reinserción social

Pero existe paralelamente otro trabajo en las cárceles chilenas, un trabajo desconocido que lucha también por lograr la mayor cantidad de reinserción social posible, un trabajo que, de acuerdo a sus protagonistas, es voluntario, sin fines de lucro y guiado solamente por el amor, un motivo además implantado en el nombre de la agrupación que lo guía: “Amando al preso, amarás a Cristo (Apac)”.

Amando al preso, amarás a Cristo

Originalmente creada en Brasil en el año 1974, nace APAC, sigla que jurídicamente significa “Asociación para la Protección y Asistencia a los Condenados” y “Amando al preso, amarás a Cristo”, en su significado cristiano. La organización nace con el objetivo de mantener una metodología de valorización humana, “que se sustenta en el paradigma: Rehabilitación por medio de la fe”, como lo afirma un informe de la misma capellanía nacional evangélica. 

De esta forma, llega en 1999 APAC a Chile, al Centro de Detención preventiva de Puente Alto. Aunque Luis Mussiett, capellán nacional de la pastoral evangélica, afirma que el trabajo de las iglesias, en las cárceles está presente desde mucho antes:

“En el sistema carcelario, desde que existe una cárcel en Chile, es que la pastoral está entrando. Gendarmería de Chile lleva 96 años de vida (…) desde ese tiempo existían iglesias evangélicas, así que siempre hemos estado presente en todas las cárceles de Chile”. 

Luis Mussiett, capellán nacional de pastoral evangélica

Actualmente el trabajo de la pastoral cuenta con 17 mil internos participantes en sus proyectos, de los cuales “15 mil tienen una visión más o menos buena para hacer una intervención en ellos, y un pueblo a nivel nacional de 12 mil internos que realmente están bajo el sello de la protección evangélica”, explica el pastor Mussiett. 

La capellanía está presente en todas las cárceles de Chile, desde Arica a Punta Arenas, con una administración que recae en las manos de un capellán nacional y quince capellanes regionales, 90 capellanes voluntarios, 300 agentes pastorales y 2500 asistentes religiosos. De manera que en todos estos lugares existen pabellones APAC. Pero ¿Cuál es la diferencia entre estos y el trabajo que hacen los gobiernos para lograr la reinserción social?

En primer lugar, el trabajo evangélico en la cárcel es financiado por 400 denominaciones evangélicas que existen en el país, más el aporte de empresarios cristianos. El Estado chileno, sólo en situaciones puntuales contribuye en menor medida, por ejemplo cuando el capellán nacional, como funcionario público, presenta un proyecto, en estos casos, el Estado ayuda con la compra de biblias o herramientas de trabajo para los reos. 

En segundo lugar, dentro de estos pabellones evangélicos, existe una labor durante las 24 horas del día, pues todos los días, son 500 los hombres y mujeres evangélicos que visitan las cárceles en todo Chile. El capellán nacional, explica el motivo: “Decidimos que la pastoral evangélica tiene que tener un trabajo integral, es decir, un apoyo completo al ser humano, llámese educación, salud, deporte, instancias de cuidado psicosocial. Todas estas cosas, bajo el paraguas de la espiritualidad”. Es así como, por ejemplo, en el 2016 se realizaron algunos talleres, denominados “Cómo comunicarnos mejor” y “Explorando nuevas formas de ser”, con el objetivo de, por una parte, “conocer y practicar el lenguaje para la mantención de relaciones saludables en un entorno de encierro”, y ayudar a los internos a “manejar mejor sus relaciones de vida intra y extra muro”.

Es así como, desde que comienzan sus actividades diarias a las siete de la mañana, se realiza un trabajo con los internos: “A las siete se bañan y afeitan, desde las 7:30 horas hasta las 8:30 horas hay oración, después, gendarmería pasa la cuenta y revisa que no se haya fugado ningún interno, luego tienen horario libre y toman desayuno hasta las diez de la mañana, cuando se abren las puertas y ellos pueden salir al patio. Desde las diez, salen los evangélicos que son mozos a trabajar, los que van a los cursos, los que van a la escuela y los que quedan ahí se van a la iglesia y se les hace un culto hasta las 12:00 horas, horario donde los internos se encierran nuevamente. De doce a una se hacen estudios bíblicos, hasta que llega el almuerzo de los internos. De 13:00 a 14:00 horas, ellos almuerzan y a las dos de la tarde, nuevamente salen los internos que van a la escuela, los que son mozos de la cárcel y quienes van a los talleres del área técnica, mientras que los que quedan van nuevamente a la iglesia”. Así lo relata Jonatan Parra, fiel hermano evangélico que visita las cárceles hace once años.

“A las cuatro o cuatro y media, vuelven los internos y llegan los gendarmes a pasar la cuenta nuevamente, desde esa hora ellos quedan encerrados hasta el otro día. Entonces de cinco a siete duermen una siesta, luego cenan, ven las noticias de nueve a diez, y se ve alguna película o sino, se hacen actividades de lectura o estudios bíblicos. Luego a las 00:00 o 00:30 horas se apagan las luces y duermen hasta el otro día. Durante la semana tienen dos días libres, donde lavan su ropa o quehaceres personales”, continúa Jonatan.

Pero toda la labor que nace en la cárcel continúa en el exterior, pues la capellanía tiene lazos con redes de apoyo sociales. Existen casas de acogida administradas por las iglesias, lugares de trabajo para recibir a los ex reos y “hermanos”, como Jonatan Parra, que mantienen el contacto con ellos, prestan su hogar para acogerlos y cada cierto tiempo crean instancias de reunión como partidos de fútbol y asados.

“Durante seis años tuve casa de acogida, normalmente también se les ayuda en la búsqueda de trabajo, cuando no tienen donde vivir se les busca un hogar y ahí se les da, como se dice, el primer empujoncito”. 

Jonatan Parra, hermano evangélico que visita las cárceles

Además, existen otros espacios en Santiago y en algunas regiones del país, como Valparaíso, Bío Bío y la Araucanía, donde se reciben y ayudan a los ex internos con un techo, alimentación y con la búsqueda de un trabajo. En el caso de la capital, hay un galpón en Estación Central donde se está haciendo una pequeña capilla. “Se está haciendo una sala de educación, se están haciendo los talleres, piezas y un comedor, con un casino para que ellos puedan comer. Es un círculo completo”, cuenta el capellán Mussiett. Luego de egresar de la cárcel, los ex internos pasan aquí 9 meses, aludiendo al tiempo de gestación en un embarazo. El pastor explica que “esto es un nuevo nacimiento” y que a este lugar se le denomina Lodebar, haciendo una analogía con la ciudad bíblica del antiguo testamento. 

Pero ¿por qué hacen todas estas actividades? Después de todo, cada actividad es autofinanciada, es un trabajo arduo 24 horas al día, los siete días de la semana y no reciben ningún reconocimiento por esta labor. Ante esta interrogante Luis Mussiett explica: “Si usted quiere hacerse rico en gendarmería se equivocó de lugar, si usted vino a hacer famoso a gendarmería, se equivocó de lugar porque el sistema carcelario no da para noticias por cosas buenas (…) Aun así, nuestra motivación de trabajo es trabajar para los ojos de Dios. No es nuestra lucha crecer para honrarnos (…) Simplemente nos motiva el amor, no hay ninguna otra expresión (…)

Así que nosotros trabajamos número uno, para los ojos de Dios; número dos, motivados por el servicio al prójimo; y número tres, para rescatar almas de esta visión delincuencial y reintegrar personas a la sociedad”. 

Pero no todo es color de rosas. Los pabellones evangélicos en la cárcel no quedan ajenos a la realidad carcelaria, pues en muchas ocasiones ocurre que entran a los sectores cristianos, personas que no tienen ninguna intención de cambiar y que sólo entran por la protección que brinda APAC y en general, para tener una estadía fácil y protegida en prisión. 

Existe una parte de la población carcelaria que ve como un castigo el estar en un sector evangélico, por la cantidad de reglas y horarios que se mantienen, pero, por otro lado, hay quienes codician un lugar allí, ya que existen mejores comodidades. Mientras que en toda la prisión hay condiciones deplorables de higiene, en APAC, los reos mantienen y cuidan cada uno de sus muebles y objetos, pues como explica Mussiett: “Los evangélicos no regalan las cosas, nosotros donamos con amor para la autogestión de los internos, es decir, los mismos internos tienen que arreglar el lugar, nosotros le proveemos los medios. Entonces esto sirve porque cuando los internos se autorregulan para trabajar, cuidan eso hasta el final porque a ellos le costó”.

De manera que siempre existe un porcentaje de prisioneros denominados por la pastoral, como “cocodrilos con biblia”. Estos, son personas escondidas, ya sea por sus delitos sexuales, que corren el peligro de ser abusados estando con el resto de la población penitenciaria, o que entraron a APAC sólo por beneficio propio, muchas veces gracias a gendarmes: “Aquí corre dinero, entonces el guardia a veces vende el cupo en un APAC a un interno, les ofrecen tranquilidad y comer bien y por ejemplo les piden cien luquitas (…)y esa gente que entra así, puesta por otra persona, daña terriblemente el programa, porque empiezan a entrar drogas y otras cosas”, señala el capellán.

Por esta y otras razones, hay muchos quienes no creen en el cambio “espiritual” que pueda existir en los reos. Una de estas personas es Marcelo Poblete, quien es gendarme hace cuatro años en el CDP Santiago Sur, ex Penitenciaria y afirma: “Ellos para mí se comportan como hermanos, son distintos a todos los demás, pero no les creo. Para mí son personas falsas que lo único que hacen es actuar como cristianos para evitar que les peguen (…) Al estar en un sector evangélico están más tranquilos, es más limpio, la cana es más relajada, por eso se van ahí (…) Por lo menos a mí me cuesta creer, porque he visto evangélicos salir en libertad y no pasan ni dos días antes de que vuelvan a caer presos. Entonces ¿de qué cambios hablamos?”

La pastoral no desconoce el problema y asume que del porcentaje total de personas con las que se trabaja, por lo menos un 25 o 30 por ciento, se encuentra allí de forma escondida.

En consecuencia, ¿qué es lo que realmente ocurre en estos pabellones?, ¿es sólo beneficio propio o existen cambios verdaderos? 

Al menos, las estadísticas entregadas por el capellán regional de Bío Bío, Josué Tardón, indican que la reincidencia penal de internos APAC, en los centros penitenciarios de la octava región entre los años 2013 y 2015, se encontraba en porcentajes mínimos que alcanzaban tan solo un 18 por ciento en el caso de internos egresados con libertad condicional y un 11 por ciento en internos egresados luego de cumplir “la condena de forma íntegra”. De manera que, en general, la reincidencia delictual de los internos que egresaron del programa APAC, fue tan sólo de un 10 por ciento. 

Sumado a estas cifras, el ex director nacional de Gendarmería, Tulio Arce afirma: “En mi carrera he encontrado a muchos internos en libertad que han profesado el cristianismo y la mayoría ha cambiado su estilo de vida (…) El trabajo de la capellanía es efectivo, porque además de profesar la fe, también educa y prepara a la persona para re insertarse a la sociedad. Creo que el aporte de la iglesia evangélica en el sistema penitenciario, ha sido un verdadero aporte a la reinserción social y también a la socialización cristiana de las personas privadas de libertad, [además] creo que el trabajo pastoral en el sistema penitenciario, ha sido esencial para la rehabilitación. Durante mi mandato promoví el crecimiento de los APAC en las cárceles, porque sabía de su efectividad”.

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