Lutero, ¿cesacionista o carismático? – Por Patrick Bornhardt

lutero

*Por Patrick Bornhardt

La tradición luterana presenta generalmente a Martin Lutero como un cesacionista. Para decir esto, se basan en las condenas de Lutero y las confesiones luteranas en contra de los entusiastas (schwärmer) o iluminados, que era como solían llamar a los del ala radical de la reforma o a los anabautistas. Para nuestra mente moderna, que te digan “entusiasta” pareciera ser un cumplido, pero para los luteranos era, tal vez, el peor de los insultos. Mil veces peor a que te llamen “papista”. ¿Qué son los “entusiastas”? ¿Se aplica la condena contra los entusiastas a los pentecostales y carismáticos del último siglo? ¿Era, efectivamente, Lutero un cesacionista? ¿Acaso no creía en el milagro, en las sanidades, en el exorcismo, en el hablar en lenguas, en la profecía, sueños y visiones, ni otras experiencias extáticas?

La sana doctrina luterana va a insistir en la gracia de Dios, y que se goza de esta gracia de Dios mediante la sola fe en Cristo Jesús, que el Espíritu Santo infunde en nosotros por medio de la Palabra de Dios y los Sacramentos. El luteranismo insiste fuertemente en la acción mediada del Espíritu Santo. O sea, la función del Espíritu Santo es obrar la reconciliación de Cristo Jesús con nosotros a través de los medios de gracia: la Palabra de Dios y los Sacramentos. Ese es el corazón del luteranismo. La herejía de los entusiastas, en cambio, es la de insistir en mayor o menor grado en la acción inmediada del Espíritu Santo, sin necesidad de acudir a la Biblia, al Santo Bautismo, a la Santa Cena ni a la Absolución de pecados pronunciada por el confesor. Para Lutero y la ortodoxia luterana, sin estos medios de gracia no se contaba con la gracia y el poder de Dios, de tal forma que las supuestas profecías y convicciones que los entusiastas tenían a partir de experiencias religiosas individuales no contaban realmente con el respaldo de Dios, sino que eran mero entusiasmo humano y mera obra humana que no contaba con la bendición divina.

Las confesiones luteranas hablan de esto en la Apología de la Confesión de Augsburgo, redactada por Melanchthon; en los Artículos de Esmalcalda, redactados por Lutero; en el Catecismo Mayor de Lutero; y en la Fórmula de Concordia, redactada por el consejo de sucesores de Lutero, dirigidos principalmente por Martin Chemnitz.

Leamos lo que dicen los Artículos de Esmalcalda, en la tercera parte, “sobre la confesión”:

3) Y en estas cosas que conciernen a la Palabra oral, exterior, hay que mantenerse firmes en el sentido de que Dios no da a nadie su Gracia o su Espíritu si no es con o por la Palabra previa y exterior, de modo que estemos prevenidos frente a los entusiastas, esto es, espíritus fanáticos que se jactan de tener el espíritu sin y antes de la Palabra y después juzgan, interpretan y entienden la Escritura o la Palabra externa según su deseo, como lo hizo Müntzer y muchos más lo hacen aún hoy día, los cuales quieren ser jueces severos que distinguen entre el espíritu y la Letra y no saben lo que dicen o enseñan. 4) En efecto, el papado es también puro entusiasmo, en el cual el Papa se gloría de que “todos los derechos están en el arca de su pecho” y lo que él con su iglesia juzga y ordena, debe ser considerado como espíritu y justo, aunque esté sobre y contra la Escritura y la Palabra externa. 5) Todo esto es el diablo o la antigua serpiente que hizo a Adán y Eva entusiastas, que los llevó de la Palabra externa de Dios a una falsa espiritualidad y a opiniones propias. 6) No obstante, lo hizo, también mediante Palabras externas, pero de otra índole, de la misma forma como nuestros entusiastas condenan la Palabra externa, pero ellos mismos no callan, sino que llenan el mundo entero de sus habladurías y escriben, precisamente como si el Espíritu no pudiera venir mediante la Escritura o la Palabra externa de los apóstoles, sino que debiese venir mediante los escritos y palabras de ellos. Por este motivo, ¿por qué no se abstienen tampoco de predicar y escribir, puesto que ellos se jactan de que el Espíritu ha venido hacia ellos sin la predicación de la Escritura?

Y en la Fórmula de la Concordia, II. El Libre Albedrío, Negativa, parr.6:

También rechazamos y condenamos el error de los entusiastas o iluminados, quienes enseñan que Dios, sin utilizar medios, sin que se oiga su palabra, y también sin el uso de los santos sacramentos, hace que los hombres se acerquen a él, los ilumina, justifica y salva. (Llamamos entusiastas o iluminados a los que esperan la iluminación celestial por parte del Espíritu sin la predicación de la palabra de Dios.)

Lo que está en juego aquí, es la doctrina que hoy llamamos “Sola Scriptura” y “Solo Cristo”, y se mancilla de coletazo también la “Sola Fe”, la “Sola Gracia” y la “Soli Deo Gloria”.

Los entusiastas entendían la Sola Scriptura como distinguiendo entre Palabra externa (Biblia), que era para ellos pura letra muerta, y la Palabra interna (entendido a veces como Espíritu y otras veces como la Palabra de Dios naciendo en aquella parte profunda del alma donde no se distingue entre creatura y Creador (Maestro Eckhart)), que era la que te hacía completamente libre para poder interpretar las Escrituras conforme a la inspiración divina en tu interior. Los entusiastas verán el encuentro con Cristo en la Palabra interna, en cambio los luteranos verán el encuentro con Cristo en la Palabra externa. Para el luteranismo, la persona de Cristo Jesús siempre es un otro, es un extra-nos, y no confiaban en lo que los entusiastas sentían que les decía Dios en su interior, confundiendo el libre albedrío y el libre examen individual de la Biblia con la revelación del Espíritu Santo. Al fin y al cabo, es un tema de autoridad. Para los luteranos, la Sola Scriptura significa que la Biblia es la norma normans (la norma de todas las normas) bajo la cual deben someterse todos los dones de la Iglesia y la tradición, que pueden entenderse como normas normatas (normas normadas por la Escritura). Los luteranos veían que, en última instancia, los entusiastas tenían por autoridad lo que ellos sentían, y no la Biblia misma. Se ponían por encima de la Biblia, haciéndose así pequeños Papas. Pequeños anti-cristos.

Asimismo, los luteranos veían que los entusiastas tenían una falsa seguridad de salvación, porque consideraban que con tener experiencias espirituales ya se era justificado y salvado, sea que esa experiencia te lleve a Cristo Jesús y a sus medios de gracia o no. Pero para los luteranos solo se es justificado y salvado en la persona de Cristo Jesús, no en la persona del Espíritu Santo. El rol del Espíritu Santo es conducirte a Cristo Jesús por medio de la Palabra y los Sacramentos, para que en Cristo Jesús seas salvo. Solo en Cristo. Para los luteranos, la Sola Fe de los entusiastas era sola fe en las propias experiencias espirituales, fe en uno mismo, y no fe en Jesús, su Palabra y sus Sacramentos.

Leamos ahora, lo que se dice en la Fórmula de Concordia, en los párrafos sobre la Santa Cena:

«Con la palabra podrás, asimismo, fortalecer tu conciencia y decir: Aunque cien mil demonios y todos los entusiastas exaltados del mundo vengan a poner en duda que el pan y el vino son el cuerpo de Cristo y la sangre de Cristo, yo, por mi parte, sé que todos los espíritus y todos los sabios eruditos juntos poseen menos sabiduría que la Majestad divina tiene en su dedo meñique. He aquí las palabras de Cristo: ‘Tomad, comed, esto es mi cuerpo. Bebed todos del cáliz; esto es el nuevo pacto en mi sangre…’ Y a esto nos atenemos nosotros; y ya veremos lo que hacen quienes pretenden corregir a Cristo y no obran conforme a sus palabras».

Para los luteranos, en la Santa Cena recibimos en, con y bajo el medio externo del pan la verdadera carne de Jesús; y en, con y bajo el medio externo del vino la verdadera sangre de Jesús. Jesús lo dice en la Biblia y hay que leerlo literalmente. Pero para los entusiastas el pan solo era pan y el vino solo era vino, así como el Bautismo solo era agua y la Biblia solo era letra. Para los entusiastas no eran medios de gracia. No creían en el Sacramento, sino que los veía como ordenanzas: como expresiones externas que mostraban nuestra obediencia al mandato de Jesús, y que solo simbolizan algo que realmente es interno. O sea, los luteranos veían que para los entusiastas todos los dones de la Iglesia por medio de los cuales Jesús nos promete salvación eran más bien obras humanas, y no gracia divina. Los entusiastas creerían, en este sentido, que la Absolución pronunciada por un confesor sería mera palabra humana, y lo importante era sentir el perdón en mi interior. Sería del interior del individuo que viene la salvación, y las voluntades de individuos las que crean la Iglesia como una sociedad humana. Para los luteranos esto implica creer en la justificación por las propias obras, y no por la gracia de Dios.

¿Los luteranos, al cuestionar la autoridad de las experiencias místicas que los entusiastas atribuían a su interior, estaban acaso cuestionando el milagro? ¡Todo lo contrario! Lo que hacen los luteranos es defender el milagro. Defender que la Biblia no es solo letra, sino que es verdaderamente Palabra de Dios. Defender que por la Palabra, realmente el agua llega a ser aguas de vida eterna. Defender que por la Palabra, realmente el pan es carne y el vino es sangre. Defender que la fe realmente es un milagro, y no producto de una “luz interior” que toda criatura tenía naturalmente. Defender que Jesús dijo: “El que a vosotros escucha, a mí me escucha, y el que a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y el que a mí me rechaza, rechaza al que me envió.” De tal forma que la Absolución del confesor es la Palabra de Jesús mismo perdonando tus pecados. Si dependiera de lo que siento, sería una forma de “ver para creer”. En cambio, la fe verdadera es por el oír, viendo a Jesús en el hermano como un medio de gracia. Esto es defender que la Iglesia es creatura de la Palabra, formada por la voluntad divina; y no solo una sociedad creada por las voluntades de individuos. Para la ortodoxia luterana, la Iglesia es nuestra madre. En cambio, pareciera que para los entusiastas, la Iglesia era más bien su hija. O incluso peor: una mera organización humana.

El entusiasta, a los ojos de la ortodoxia luterana, se ponía a sí mismo por encima de todo lo instituido por Dios, de forma que se da gloria a sí mismo, y no a Dios.

¿Se aplica esta caricatura luterana sobre los entusiastas a todos los que caminan por el ala radical de la reforma? Claramente no. Pero la ortodoxia luterana verá que el ala radical de la reforma siempre tiende a caer en menor o mayor medida en aquellas herejías. El luterano no ve luz en su interior, sino que ve luz únicamente en el Cristo Jesús humillado y oculto en la Biblia, en la Santa Cena y en el hermano. El llamado es a no mirarse a uno, sino a mirar al otro. ¿Se aplica esta caricatura luterana sobre los entusiastas a los pentecostales y carismáticos de hoy? Depende de qué tan influida esté la Iglesia o movimiento en cuestión por la teología del ala radical de la reforma. Diría que el pentecostalismo clásico de EE.UU. está más influenciado por el ala radical de la reforma, pero que el pentecostalismo clásico chileno y los movimientos carismáticos dentro de Iglesias tradicionales no.

¿Niega Lutero la experiencia espiritual? Por supuesto que no. ¿No le encantaba a Lutero contar su experiencia de la torre, donde leyendo Romanos 1:17 le fueron abiertos los cielos? ¿No es este su testimonio, su experiencia de conversión, en el mejor estilo de los pietistas, pentecostales y carismáticos? Lutero explica en su comentario a los romanos cómo es que la única fe verdadera es la fe viva que te hace nacer de nuevo. Un texto esencial para el pietismo y el metodismo.

Lutero hablaba abiertamente de experiencias sobrenaturales. En la biografía de Lyndal Roper “Martin Lutero: renegado y profeta”, se da cuenta de cómo Lutero daba testimonio de haber sido sanado milagrosamente en su juventud. Dice que estaba en la cama herido de gravedad, pensando que se iba a morir, y que rezando a la virgen María fue sanado milagrosamente. Después va a decir que el verdadero milagro fue que Dios escuchó mal su oración, que cuando decía “María”, Dios escuchó “Jesús”. Pero no por eso deja de ser un testimonio de Lutero a favor de la sanidad milagrosa.

¿Niega Lutero la posibilidad de que Dios o algún ángel te hable directamente? Claro que no. Cuando los entusiastas querían ponerse sobre la autoridad de la Biblia y de los pastores argumentando que “Dios me dijo”, Lutero no les decía que aquello era imposible. Les respondía más o menos así: “¿Ustedes se creen mejores porque hablan con Dios? Bueno, pues, yo soy mucho mejor que ustedes, porque yo hablo con el diablo.” Lutero, en sus catecismos, charlas, panfletos y otros escritos, no para de hablar de ángeles, de demonios y del diablo. Lutero da cuenta constantemente de sus encuentros y discusiones con el diablo, y da muchos consejos de como salir victorioso de aquellas discusiones (lectura bíblica, oración, música, humor, palabrotas, comida), y otras locuras que hoy nadie entiende, propias de un psicótico o de un místico. Todos conocen el testimonio que da Lutero, de como peleaba con el diablo mientras traducía la Biblia, y cómo el diablo le daba consejos al momento de decidir qué palabras del alemán escoger para el texto sagrado (yo creo que le hizo caso en varias palabras obscenas, para sacar de quicio a los santurrones de los papistas). Las paredes de la habitación donde traducía, en el castillo de Wartburg, dan testimonio de cómo Lutero le arrojó el vaso de tinta al diablo, porque ya no sabía cómo expulsarlo.

Quiero mostrarles una de las citas que generalmente se usan para señalar a Lutero como un cesacionista:

Hice una alianza con Dios: que Él no me mande visiones, ni sueños, ni siquiera ángeles. Estoy satisfecho con el don de las Escrituras Sagradas, que me dan instrucción abundante y todo lo que preciso conocer tanto para esta vida cuanto para lo que ha de venir.

¿Son estas las palabras de un cesacionista? Tal vez, podríamos considerar este cesacionismo no como negar que exista lo sobrenatural, sino a relacionar el ansia por lo sobrenatural con la teología de la gloria: querer ver a Jesús en aquello que es bello a los ojos de los hombres. Su actitud negativa hacia lo sobrenatural era más bien un llamado a no ver a Dios en lo extraordinario, sino en el escándalo del Dios humillado en la cruz, en la Biblia, en el pan y en el vino. Aquello es lo verdaderamente espiritual y milagroso. Pese a la negativa que tenía Lutero hacía los sobrenatural, ¿no es esa “alianza con Dios” más bien la de alguien que está cansado de tener tantas experiencias sobrenaturales a cada paso?

El testimonio de Lutero que les voy a dar ahora, de las charlas de sobremesa, trae un giro inesperado:

Es muy difícil conocer a Satanás en las luchas de conciencia, porque se transmuta en ángel de luz y en la persona de Dios; pero, después que se le reconoce, puedo decir con la mayor facilidad: «chúpame el culo, etc.» [A veces empleaba lenguaje soez]

[…]

Y precisamente porque el doctor Martín Lutero se había mantenido en la pura palabra de Dios, porque había permanecido asido a ella y no había querido dar fe a visión alguna, nos contó el suceso siguiente. En una ocasión se encontraba en su habitación orando intensamente y meditando cómo Cristo había sido crucificado, había padecido y muerto por nuestros pecados, cuando advirtió en la pared un claro resplandor, y en él a Cristo, aparecido en majestuosa figura, con las cinco llagas. Al verlo, creyó el doctor que se trataba del mismo Cristo señor en forma corporal, y por eso, su primer pensamiento fue que se trataba de algo bueno. Pero enseguida recapacitó, y se dio cuenta de que tenía que ser el espectro del demonio, ya que Cristo se nos revela en su palabra y en forma humilde, abatida, tal como estuvo colgado y humillado en la cruz. Por eso, el doctor increpó a la figura: «Vete de ahí, oprobio del diablo. Yo sólo conozco al Cristo que fue crucificado y que se manifiesta en su palabra». Y al momento desapareció la figura, que no era otra que la del demonio encarnado.

¿Quién habrá sido realmente ese Jesús que se le apareció sobrenaturalmente y encarnado a Lutero? ¿Jesús mismo o el diablo transmutado en la imagen de Jesús? Lutero siempre decía que hablaba con el diablo… ¿pero que tal si él hablaba con Jesús y veía a Jesús mismo cara a cara, pero después decía que era el diablo para no ser sentenciado de la misma herejía entusiasta que él condenaba? ¿Quién le ayudó, al lado de él, tocando su hombro, hablando a su oreja, esquivando sus proyectiles, a traducir las Sagradas Escrituras? ¿Satanás o Jesús? A veces he llegado a pensar que Lutero, al igual que nuestro patriarca Jacob Israel, peleaba día y noche con el Señor cara a cara. Solo que tal vez prefería decir que era Satanás, para no arriesgarse a usar el Nombre del Señor en vano, y solo estar seguro de que era revelación divina si después lo podía ver confirmado en las Escrituras mismas.

¿Era Jesús o era Satanás? Ante estas experiencias espirituales, Lutero fue desarrollando el don del discernimiento de espíritus. Por eso podía dar cuentas de que aquellos que estaban en la dieta de Worms eran demonios que querían devorarle. Por eso es que pudo ver que el Papa en Roma era el Anti-cristo. Tenía cierta videncia propia de un profeta. Veía alrededor suyo, en la creación, para ver qué le revelaba Dios en ella: “Dios escribe el evangelio no solo en la Biblia, sino en árboles, flores, nubes y estrellas.” ¿No insistía Lutero en la Sola Scriptura? Sí. Porque si bien veía y escuchaba a Dios en todas partes, solo debía tener la revelación de la Escritura como autoridad. En el árbol podía estar Jesús, pero no significaba que Jesús estaba en el árbol “para ti” (pro me). Jesús solo está para ti en la cruz, en la Biblia, en las aguas del Bautismo, en el pan, en el vino, en el confesor. Pero eso no quita que también esté en todas partes y hable como loco por todas partes.

Pero lo más importante para Lutero, era discernir los espíritus de la Biblia. Justamente, la lógica que atraviesa toda su teología es la distinción entre Ley y Evangelio. El espíritu de la Ley es distinto al espíritu del Evangelio, pese a que ambos son inspirados por el Espíritu Santo. Porque el espíritu de Moisés no es el mismo espíritu de Jesús. He ahí que rastreaba por toda la Biblia quiénes tenían el espíritu de Jesús, quiénes eran un tipo de Cristo, pudiendo discernir qué partes de la Biblia eran más evangélicas que otras. Lutero tenía conciencia de su don profético. Se sabía el cumplimiento de la profecía de Jan Huss, que murió en la hoguera como hereje cien años antes de Lutero, profetizando que vendría uno al cual no lo podrían quemar. Lutero tuvo un gran manejo escatológico, discernimiento de las señales de los tiempos, mostrando coloridamente y con abundancia de imágenes quienes en su tiempo eran cuáles personajes del Apocalipsis, e identificando a la Iglesia de Roma con la Gran Ramera.

Lutero también dijo:

Les ruego que dejen mi nombre en paz. No se llamen así mismos ‘luteranos’, sino Cristianos. ¿Quién es Lutero?; mi doctrina no es mía. Yo no he sido crucificado por nadie… ¿Cómo, pues, me beneficia a mí, una bolsa miserable de polvo y cenizas, dar mi nombre a los hijos de Cristo?. Cesen, mis queridos amigos, de aferrarse a estos nombres de partidos y distinciones; fuera todos ellos, y dejen que nos llamemos a nosotros mismos solamente cristianos, según aquel de quien nuestra doctrina viene.

Muchos hoy entienden que Lutero tiene aquí una apertura hacia otras confesiones o partidos, pero es todo lo contrario. Él está diciendo que no consideren la doctrina luterana como doctrina de Lutero, sino como la doctrina de Cristo Jesús, porque fue Cristo Jesús el que habló por medio de Lutero. Llama a no considerar la confesión luterana como un partido más dentro de otros. Las demás confesiones son un partido más, pero la confesión luterana es la de Cristo, la confesión de la única Iglesia verdadera.

A mi me parece que Lutero es, lejos, uno de los personajes más carismáticos de la historia de la Iglesia.

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