¡Una iglesia muerta nunca puede, ni podrá ser representante del Dios vivo!

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Por Federico D. Javis, Director de El Heraldo Internacional.

El poder del pentecostés llenó el mundo con sus llamas. La iglesia primitiva era una iglesia llena del Espíritu, gobernada por el Espíritu y guiada por el Espíritu.

La Biblia es la historia de gente ordinaria haciendo obras extraordinarias por fe y el Espíritu Santo. Eran hombres de poder y santidad. Dios les usaba para obrar milagros, hacer proezas y mover montañas. Sin embargo, hoy, nuestras iglesias son débiles, impotentes; vestidas de infructuosidad en vez de poder.

¿Es que no hay remedio para esta enfermedad mortífera de parálisis espiritual? ¿siempre tendremos que ser cristianos débiles sin fruto y andando a tientas?

¿Es que no hay esperanza para los cristianos sin fuerza y un discipulado defectuoso? ¿es que nunca habrá un día del poder de Dios? ¿no puede el dinamismo de la iglesia primitiva ser nuestro, hoy día?

Leyendo la palabra de Dios encontramos que la vida cristiana es una vida de victoria continua, de santidad positiva, de servicio dinámico, de carácter, cristocéntrico. ¿no podremos nosotros, del siglo veinte, vivir en el mismo poder de los santos del siglo primero?

¿No es Dios poderoso para “salvar eternamente”? (Hebreos 7:25). ¿No hay “Camino de santidad” en que podemos andar? (Isaías 35:8). No el poder para ganar almas es la primogenitura de todo hijo de Dios. El Señor Jesús dijo: “Os doy potestad sobre toda fuerza del enemigo”. Lucas 10:19.

Otra vez dijo: “Si alguno tiene sed venga a mí y beba. El que cree en mi como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre”. Juan 7:37-39.

HASTA DONDE HEMOS CAIDO

Muchos ya han perdido su celo cristiano, han perdido su intrepidez santa, su pasión Evangelística, su poder de llevar fruto. El remedio para el modernismo y la anemia espiritual es AVIVAMIENTO. Tenemos que buscar a Dios, ser llenos de su Espíritu y vivir en su presencia hasta que amanezca un nuevo día de Pentecostés. No debemos parar hasta conseguir un arrepentimiento verdadero y un avivamiento real.

Por mucho tiempo hemos sido cristianos silenciosos, negligentes y estancados.

Por mucho tiempo también, hemos “juzgado a la iglesia”, hemos calentado las bancas el domingo por la mañana en nuestros clubes religiosos, en lugar de ser ganadores de almas testificando en el poder de Espíritu Santo enviado del cielo (1 de Pedro 1:12).

“por lo cual dice: despiértate tu que duermes, y levántate de los muertos y te alumbrará Cristo… y no es embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos del Espíritu” Efesios 5:14-18.

La cristiandad cultural no basta. Sinceridad no basta. Ser ortodoxo no basta, tenemos que ser más que guardianes de la tradición cristiana, un credo correcto, aferrado a las manos de una cristiandad moribunda, es nada más que una caricatura de la cristiandad real, es una maldición. Una ortodoxia muerta es mortífera. La cristiandad es vitalidad, un fuego de Dios nuevo y santo, eche afuera la apatía que amenaza la existencia de la iglesia. “que Dios llene la iglesia con un fuego divino de gloria y poder” AVIVAMIENTO – es la única solución a nuestra iglesia sin fuerza y sin poder. No debemos ignorar más el poder del Espíritu Santo, rechazar la soberanía de Jesucristo, ni permitir que las costumbres del siglo tengan mayor influencia que la autoridad de la Biblia.

La devoción común del nuevo testamento es demasiado común hoy. Debemos de convertir nuestros templos en casa poderosa de oración y avivamiento en vez de ser salones de conciertos y centros de diversiones. Dios no puede obrar a través de iglesias mundanas o vasos inmundos. Una iglesia mundana, tibia, anestesiada y paralizada está traicionando su propósito divino, Dios nos manda que evitemos a los que tienen apariencia de piedad pero niegan la eficacia de ella. 2° de Timoteo 3:5.

El discipulado, según Jesucristo, incluye rendirse, una consagración total, entera, completa y permanente (Mateo 6:24.27 – Lucas 14:33).

            EL CONFLICTO DE LOS SIGLOS ESTÁ SOBRE NOSTROS

Debemos de poner nuestras insignias en alto, debemos de usar la cabeza y doblar las rodillas. El poder que hay en la oración puede mucho más que los ejércitos mundanos. Es más poderoso que las fuerzas aéreas. Batallar en oración es la fuerza más ignorada hoy día. No podemos tocar el cielo con nuestras súplicas. Porque todavía no hemos aprendido a arrodillarnos en el polvo.

¡Los hombres no tienen defensa contra el arma de la oración! ¡La humanidad no podrá pararse derecha hasta que la iglesia doble sus rodillas! Debemos recobrar de nuevo la dedicación insistente. La iglesia primitiva se entregó a la oración (Hechos 6:4). Hemos cambiado el aposento alto en sala de holgazanear en vez de lugar de oración. Esto es la respuesta a la flaqueza humana, hoy día.

Hoy las fuerzas del infierno están haciendo lo mejor para desviar el plan de Dios. Un mundo sin evangelio nos llama, oportunidad sin límite demanda acción inmediata.

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Originalmente publicado en la revista Fuego de Pentecostés N° 518, octubre de 1972. Utilizado como Editorial de dicha edición de la revista. Transcripción para PP de Gonzalo Vega.

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